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“La mayoría de la gente que habla en Jerez de flamenco no tiene ni la más remota idea”

Paco Cepero cumple 60 años de carrera profesional. Después de haber acompañado a los más grandes, como Caracol, Mairena, Terremoto, La Paquera o Camarón, sigue al pie del cañón y ya prepara su nuevo disco, 'Sueño Latino'.

Paco Cepero cumple 60 años de carrera profesional. Después de haber acompañado a los más grandes, como Caracol, Terremoto, La Paquera o Camarón, sigue al pie del cañón y ya prepara su nuevo disco, ‘Sueño Latino’.

Sesenta años de carrera no se cumplen todos los días. Más difícil es hacerlo como uno de los mejores en su profesión. Francisco López-Cepero García, Paco Cepero (Jerez, 1942), afirma que desde que tiene uso de razón ya tenía una guitarra en sus manos, hasta el punto de no saber qué habría sido de él sin ella. Aun así, casi se sacó la carrera de perito mercantil y trabajó en la bodega de Palomino Vergara. Un problema en el trabajo le hizo decantarse definitivamente por el instrumento de las seis cuerdas, ese que tanto venera y con el que ha tocado junto a los mejores cantaores del último medio siglo: Tía Anica La Piriñaca, Tío Borrico, Caracol, Terremoto, Mairena, La Paquera, Camarón… Quién se lo diría, cuando en sus comienzos afirma que los flamencos se reían de él porque no tenía compás. Pero aprendió a base de constancia y de escuchar y amar el flamenco.

El artista, que acumula numerosos galardones, los más destacados, la Medalla de Oro de las Bellas Artes y la medalla de Oro de Andalucía, que recibió el pasado 28 de febrero, nos espera en el número 3 de la calle Encaramada, donde tiene fijada su residencia. Apenas unos metros arriba, en el 16, nacería hace 75 años. Tras 36 años en Madrid, Cepero volvió a su tierra, donde afirma sentirse querido por su pueblo, aunque también reconoce tener alguna espina clavada. Tras componer más de 800 canciones y diez marchas procesionales, sigue trabajando y ahora está a la espera de publicar su último trabajo discográfico, Sueño Latino. Dice que no se jubilará, debido a su carácter “inquieto e hiperactivo”. Eso sí, mientras siga teniendo fuerzas para tocar la guitarra.

¿Recuerda la primera vez que cogió una?

La primera guitarra me llega a través de una rondalla que forma don Francisco Galán en La Salle Mundo Nuevo. Ahí tendría unos 8 o 9 añitos. Pidió guitarristas para la rondalla y el primero que levantó la mano fui yo. Recibí clases de Javier Molina y después ya me llevó a Rafael del Águila. Al año y pico ya estaba yo buscando fiestas con Terremoto, Tío Borrico, el Batato, el Troncho…

“En cualquier país del mundo, al artista que ha tenido una trayectoria lo cuidan y lo miman. Aquí me enteré el otro día que Fosforito, llave de oro del cante, tiene que ir por las peñas para ver qué le pueden dar”

¿A quién tenía de referencia?

Yo me fui muy pronto a Madrid y tuve la gran suerte de tener a mi vera a Melchor de Marchena y Diego del Gastor, y eran los espejos en los que me he mirado. Luego he tratado de imponer mi propia personalidad, que lo he conseguido gracias a Dios, que me costó mucho trabajo, porque esto es una lucha constante de no quererte parecer a nadie e intentar crear un sonido, un grajeo propio. Tú escuchas mi guitarra a 20 kilómetros y sabes que es Cepero, y eso es muy importante para un artista, tener personalidad.

¿Qué diferencias ve entre aquella época en la que marcha a Madrid a buscarse la vida y la actual?

Ahora los jóvenes lo tienen muchísimo más fácil. Nosotros hemos allanado mucho el camino a esta generación. Nosotros sufrimos mucho y no había el respeto que hay hoy. Ahora tocan en los teatros, y cualquier chaval toca en los mejores del mundo porque al flamenco se le da una gran importancia, y con equipos de sonido buenos, y mejor preparados en solfeo, en armonía… Aunque lo difícil es crear, eso lo tienes que llevar dentro, porque no se aprende.

¿Con quién se queda de los nuevos?

Aquí en Jerez con Diego del Morao, el Bolita, Alfredo Lagos, Miguel Salado, José Ignacio Franco, Juan Diego, Manolo Valencia… Se me olvidará alguno, pero aquí tenemos un abanico de guitarristas buenísimos.

Manuel Morao, en una entrevista para lavozdelsur.es, dijo que hoy lo que vende es lo mediocre. ¿Piensa igual?

Yo discrepo. La mediocridad no le gusta a nadie, lo que pasa es que hay cosas comerciales y otras que tienen pureza, y hay gente que está cantando muy bien y otra que está tocando muy bien, mejor que nunca. Lo que pasa es que Manuel se ha quedado en una etapa de su vida, pero siempre han existido vanguardias en el flamenco. La niña de los peines era de las que más cantaba con una pureza increíble y Antonio Mairena se hartaba de cantar cuplés, y eso por entonces era mediocre. Y mil coplas que cantaban ellos. Si nos ponemos así, en todas las épocas ha habido mediocridad, no se ha basado todo en pureza, porque es para minorías. Y a mí me han guardado más silencio cuando he estado tocando una seguiriya en Alemania que en Jerez.

¿Ha servido para algo la distinción del flamenco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad?

Yo creo que para que presuman mucho los políticos, pero luego ayudan poco.

¿Lo nota?

Una barbaridad. Sobre todo con las personas que ya somos mayores y vamos cumpliendo años y que tenemos un currículum amplísimo de reconocimientos. Tiene uno que esforzarse para que te hagan algo. En cualquier país del mundo, al artista que ha tenido una trayectoria lo cuidan y lo miman. Aquí me enteré el otro día que Fosforito, llave de oro del cante, tiene que ir por las peñas para ver qué le pueden dar. Eso no hay derecho. Eso tendría que ayudar tanto la Junta como el Gobierno nacional, de cualquier color político, eso tendría que ser una doctrina de cualquier partido político, ayudar al necesitado.

“A Paco de Lucía le dije que era el culpable de estar desvirtuando a todos los guitarristas de España, porque todo el mundo quería ser como él. Pero yo tuve la suerte de quedarme en Paco Cepero”

Cumple en este 2017, 60 años de carrera. ¿Le ha quedado algo en el tintero o siente que ya ha cumplido?

En su día hice una reflexión que me salió bordada, y siempre la digo: “Bendita lección del tiempo que cuanto más años cumplo, voy a morirme aprendiendo”. ¿Sabes cuándo más presumía? Al principio cuando era joven y creía que iba a ser alguien. Pero cuando recorres y has hecho muchas cosas te das cuenta que eres ínfimo, que hay mucho camino por recorrer. Yo he perdido mucho tiempo, porque de joven quería hacer muchas cosas y al final no hacía ni la mitad. Y luego está el sacrificio, que hay que inculcárselo a las nuevas generaciones. Aquí el maná no cae del cielo, solo un ratito, porque Dios te lo pone en el camino, pero luego tienes que mantenerlo, porque toda tu vida no va a estar cayendo. Tienes que sufrir y luchar por ello.

¿Sigue aprendiendo a su edad?  

Hasta que me muera seguiré aprendiendo. Y el que piense lo contrario, más vale que apague y se vaya. Cuando alguien elige una profesión tiene la responsabilidad de enriquecerse constantemente y estar al día. ¿Por qué yo, después de 60 años, saco un disco y la gente me sigue escuchando? Porque yo cojo la guitarra y dentro de lo que es mi mundo y lo que me dictan mi mente, mi corazón y mis facultades, sigo haciendo cosas, quizás con más peso, y quizás ahora estoy componiendo mejor que en toda mi vida.

¿Se ve ahora con el poso perfecto para tocar?

Yo ahora toco con una sapiencia y una forma… Disfruto más interpretando, sin querer impresionar a nadie. Yo quiero sentirme yo, y si yo me transmito a mí mismo le transmito a los demás. Como estés frío, jamás llenas al público. Yo a veces me ensimismo mucho, y cuando cierro los ojos y me transmito, transmito a los demás.

Acompañó, entre otros, a Tía Anica La Piriñaca, Tío Borrico, Caracol, Terremoto, Mairena, La Paquera, Camarón… ¿Cuándo se habla de genios como estos, se puede quedar con alguno de ellos o es imposible no quedarse con todos?

A mí me impresionó mucho Caracol. También cogí la mejor época de Terremoto, y la de Camarón, que cuando tenía una caja de música en su garganta me la bebí entera. Luego se fue deteriorando por cuestiones que ya sabemos todos, pero su primera época era almíbar.

¿Cómo y dónde lo conoce?

Desde chiquitito. Él viene a buscarme en la Feria de Jerez. Y luego le animo a que viniera a Madrid y ya después estuve trabajando con él en Torres Bermejas, luego hicimos varias giras por América y por todo Europa y luego me dijo un día si me molestaba que él grabara con Paco de Lucía. Lo mismo que a mí Paco me admiraba, yo le admiraba mucho, y yo veía que esa era una pareja irrepetible, porque yo veía que eran dos emergentes, uno en el cante y otro en la guitarra. Eso sí, el que mejor ha acompañado a Camarón en la historia he sido yo. Y ahí están los vídeos. Camarón cantaba más despacito, más bonito.

Ya se veía que iba para genio, ¿verdad?

Eso se ve. Igual que Paco —de Lucía—, aunque también le dije una cosa. Que era el culpable de estar desvirtuando a todos los guitarristas de España, porque todo el mundo quería ser como él. Pero yo tuve la suerte de quedarme en Paco Cepero. Prefiero ser ínfimo, pero yo mismo.

A mí en mi pueblo me quieren mucho, aunque hay un circulito que no me puede ni ver, por envidia o lo que sea. Pero yo complejos no tengo

¿La mejor noche de Paco Cepero?

La que me coge bien (ríe). Hubo una noche en el Falla. La noche del estreno de mi obra sinfónica fue inolvidable. Esa era una espina que tenía clavada. Yo he compuesto mucho, yo había acompañado a todo el mundo, pero no había hecho una obra sinfónica, y eso son palabras mayores. Yo tenía que tocar una cosa que era mía y a la vez preocuparme de cómo el director llevaba la orquesta para yo acoplarme a ella. Fueron muchas horas de ensayo y de aprenderlo de memoria. Es la responsabilidad lo que puede contigo. Tomo pastillas para calmarme, porque el escenario envejece mucho. La responsabilidad y la preocupación de los teatros envejece una barbaridad.

¿Jerez es cainita?

A mí en mi pueblo me quieren mucho, aunque hay un circulito que no me puede ni ver, por envidia o lo que sea. Pero yo complejos no tengo. El artista de Jerez con más reconocimientos en la historia soy yo. Yo tengo el compás del cante, el castillete de oro de La Unión, el Melchor Marchena de acompañamiento…

¿Pero nota que en Jerez le falte reconocimiento de su Ayuntamiento?

Cuando me dieron la medalla de Andalucía me felicitó el concejal de Cultura por un whatsApp. ¿Tú te crees que eso es normal? Eso es una falta de respeto hacia un artista. A mí me hace gracia cuando me hicieron académico. Me dijeron que ahora era ilustrísimo. Y me preguntaron que cómo me tenían que llamar, y dije que Paco, como siempre. A mí no se me han subido los pajaritos a la cabeza, porque tengo muy buenos cimientos y no se me olvidan mis principios. Yo ayudo a todo el que puedo, ahora bien, tengo claridad para decirle a la gente lo que siento y lo que pienso, porque ya tengo edad para decirlo, y como ya estoy hartito… Yo puedo tenerle una envidia sana a un artista, pero hay que tener un respeto, reconocer los méritos de los demás. Me encanta que la guitarra esté donde está y que sea Jerez la que lleve la bandera. Yo he tenido mi época y esto es una cadena. Difícil es aguantar 60 años y que mi sitio no lo haya quitado nadie.

Estuvo en la presentación del Museo flamenco de Andalucía ¿Es optimista con que salga adelante y sirva para potenciar a Jerez en el mundo flamenco?

Quiero serlo, si no sería un engaño de que vengan a vender la tostada sin tenerla. Decían que había un dinero ya para eso y espero y deseo que salga adelante por el bien de Jerez, porque Jerez es la cuna de muchísimos artistas y que sea Jerez el sitio donde venga la gente a instruirse sobre el flamenco sería importante. Pero lo más importante es que pongan a gente que sepa, porque la mayoría de la gente que habla aquí de flamenco no tiene ni la más remota idea. No han ido ni a un bautizo. El flamenco es una carrera de muchos años, de tener mucha afición, de escuchar a mucha gente y de no ser pasionista. Saber quién lo hace bien, quién lo hace mal y quién no vale nada y lo quieren hacer un genio. 

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