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La Mala Ñ, el ‘refugio’ de las mujeres que quieren vestir (y sentirse) diferente

La tienda de moda regentada por Cristina Gimeno en calle Algarve ofrece en Jerez primeras marcas de ropa españolas y europeas "que no hay en otros sitios"

El número 14 respira magia, embrujo, sororidad…, y guarda mil y una historias. Desde que La Malagueña, una de las tiendas más misteriosas y míticas de Jerez, cerrara en 2008, Cristina Gimeno (Jerez, 1975) quiso retomar ese encanto innato del lugar abriendo una tienda de moda bautizada como La Mala Ñ. “Quise hacerle un guiño a La Malagueña, también conocida como Juanito Porquería, porque para mí era una tienda que me traía recuerdos familiares muy bonitos. Yo tenía a mi familia frita de bombitas de peste que compraba allí”, ríe la actual dueña del local desde el pasado 1 de mayo de 2015.

Cuando Cristina regresó a su ciudad natal después de haber estado unas temporadas en Grecia e Irlanda, dice que se vio obligada a emprender —en plena crisis económica— al no encontrar ni un puesto de comercial o relaciones públicas (de lo que ha trabajado durante años) que le gustara. “Quise ser consecuente con lo que yo soy y abrí una tienda de ropa diferente, más rollo cosmopolita, en el centro de Jerez”, dice. Por ello, se trajo a Jerez marcas españolas y europeas que la cuna del flamenco jamás vistió: Compañía Fantástica, Maggie Sweet, Pepa Loves, Paisie y Rinascimento, entre otras primeras marcas.

El interior de La Mala Ñ. FOTO: MANU GARCÍA.

Su tienda es puro color y originalidad. “Cada marca tiene su estilo, pero guardan dos cosas en común: la originalidad y la calidad. Quise traer un producto con estilo y exclusivo para diferenciarme de las grandes cadenas de moda. Aquí encuentran lo que no hay en otros sitios”, expresa. De ahí que en el centro de Jerez no haya una tienda igual que La Mala Ñ. No obstante, Cristina, desde su comercio local, no solo vende moda femenina diferente a lo que una se puede encontrar por los demás escaparates, sino que tambien regala un trato cercano, abrazos sanadores, confidencias, consejos de estilo y charlas terapéuticas. “Hay clientas que simplemente vienen a buscarme a mí”, sonríe.

El boca a boca entre amigas, turistas y una clientela fija —”que quieren diferenciarse de las demás y vestir con estilo”— es el arma con el que Cristina ha conseguido capear los años de crisis, y más a día de hoy cuando el centro está viviendo un éxodo de comercios. “Es raro pero, a pesar del desahucio que está viviendo el centro de Jerez, la calle Algarve se está potenciando muchísimo”, incide. Sin embargo, también denuncia la falta de propuestas por parte del Ayuntamiento de Jerez para llenar de vida las arterias del casco histórico con fiestas, promociones, actividades culturales… “También deberían facilitar más el acceso, con menos zona de ORA y mejor horario de autobuses. No es normal que aquí el alquiler de un comercio estén enétre 3.000 y 6.000 euros”.

Cristina Gimeno durante la entrevista con lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA.

La Mala Ñ no es una tienda cualquiera, para muchas turistas es una parada obligatoria. “Tengo chicas de Nueva York, Canadá, Suiza, Polonia, Madrid, Oviedo, Bilbao, Málaga y de toda la provincia de Cádiz que cada vez que vienen a visitarme se llevan lo más grande”, comparte, al tiempo en que dice: “Las vascas son mortales, lo flipan. Y muchas me dicen que por qué no abro en más sitios de España”. “Una vez, una inglesa que se agobió muchísimo por el tema de las tallas, le di un abrazo, le saqué ropa que le gustó y se emocionó. Al tiempo, esa misma mujer volvió con un regalo para agradecerme el trato que le di, que se sintió muy bien conmigo. La verdad es que se me saltaron las lágrimas”, recuerda Cristina.

“He pensando en cerrar en muchas ocasiones, sobre todo al principio, pero aquí sigo luchando”, confiesa. “Cada vez viene más gente…, yo le veo más color ahora a la cosa”, añade. Y ante la pregunta de si tiene en mente ofrecer también ropa masculina, responde que no. “Aquí se ha creado un ambiente especial, de sororidad, donde nosotras contamos confidencias, hablamos sobre cosas personales y se crea una especie de magia”, concluye Cristina.

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