Feminismo

La importante labor de las mujeres en zonas de conflicto: “Amplían el alcance de las operaciones de ayuda”

La ONU asegura que el 8 % de las trabajadoras humanitarias han sufrido violaciones durante su labor en países en guerra

Cuanto estalla un conflicto, se produce un desastre natural o una epidemia, mujeres y niños suelen ser los más afectados, pero las mujeres también suelen estar en la primera línea a la hora de participar en la respuesta humanitaria, como recuerda en esta ocasión el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, que se celebra el 19 de agosto en recuerdo del atentado registrado ese día en 2003 en la sede de Naciones Unidas, que se cobró la vida de 22 personas, entre ellas el máximo representante de la ONU en Irak, Sergio Vieira de Mello.

Las mujeres constituyen el 43% de los trabajadores humanitarios que asisten en el mundo a víctimas por guerras, violencia y desastres, aunque en algunas organizaciones y programas son la mayoría. Su papel en situaciones de conflicto y ayuda humanitaria es fundamental para la eficacia de muchos tipos de programas de ayuda, como los proyectos de salud para mujeres y niños ya que “su presencia amplía el alcance de las operaciones de ayuda”, según ha indicado el secretario general de la ONU, António Guterres.

Como consecuencia, han muerto más del doble de mujeres que hombres en ataques mientras trabajaban en equipos de vacunación contra la polio y otros programas de inmunización. El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) también ha puesto en valor el papel de las trabajadoras humanitarias. “Para comprender lo que están atravesando las familias, hay que tener la capacidad de sentarse y hablar con las mujeres”, explica la enfermera irlandesa Avril Patterson, quien trabaja actualmente en Yemen con el CICR y ha pasado la última década en zonas de conflicto y situaciones de emergencia, desde Liberia hasta Afganistán o Siria.

Para muchas mujeres en situaciones de emergencia, encontrarse con una mujer del otro lado facilita las cosas. “He podido ver que el hecho de ser mujer abre puertas. La gente quería venir a hablarme, confiaban en mí”, subraya Valeska Martínez, una antropóloga forense que trabaja actualmente con el CICR en Georgia en casos de desaparecidos. Pero por norma general, quienes trabajan en las respuestas humanitarias suelen ser en su mayoría nacionales de los países afectados, movidos por su deseo de ayudar a sus conciudadanos.

Barbara es una de ellas. Trabaja como conductora de uno de los camiones del Programa Mundial de Alimentos (PMA) en República Centroafricana, país sumido en un conflicto desde hace casi seis años. “Siento que trabajando para el PMA me ayuda a contribuir en la reconstrucción de mi país”, explica. “Es para mí la realización de un sueño”.

Estas mujeres se convierten además en un modelo a seguir. “Ver a una mujer como Barbara al volante podría inspirar a otras jóvenes centroafricanas a romper el mito de que conducir es un trabajo de hombres”, resalta Ngoubou Jos, un conductor congoleño que trabaja para ACNUR.

Las trabajadoras humanitarias sufren más ataques que los hombres por su género

Sin embargo, aunque los trabajadores humanitarios masculinos sufren con mayor frecuencia ataques violentos, las mujeres se enfrentan a retos y riesgos particulares en virtud de su género. De hecho, el 8 % de las mujeres víctimas de ataques a trabajadores humanitarios fueron violadas o agredidas sexualmente de manera violenta, sin que se contabilicen casos entre sus homólogos varones, si bien ambas cifras no corresponderían a la realidad, puesto que suelen presentarse pocas denuncias de este tipo de violencia estigmatizada, según se indica desde la ONU.

Pero el riesgo de violencia no se limita solo al contexto en el que trabajan, sino que las mujeres humanitarias también se enfrentan al riesgo de violencia y acoso sexual dentro de sus propias organizaciones y equipos sobre el terreno.

Los trabajadores humanitarios sufren casi un ataque al día

Desde 2003, según la ONU, más de 4.500 trabajadores humanitarios han sido asesinados, heridos, detenidos, agredidos o secuestrados mientras desempeñaban sus tareas, lo que supone cinco ataques por semana o casi un ataque por día.

En 2018 se produjeron un total de 405 víctimas, en 226 incidentes distintos que se saldaron con 131 muertos, 144 heridos y 130 secuestrados. En lo que va de 2019, unos 156 trabajadores humanitarios han sido atacados en el lugar de trabajo, con 57 muertos, 59 heridos y 40 secuestrados.

Sudán del Sur continúa en cabeza como país con el mayor número de ataques, con 111 víctimas en 2018, 16 de las cuales fallecieron. Alrededor del 93 por ciento de todos los ataques contra trabajadores humanitarios en 2018 se produjeron contra personal nacional.

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