Opinión

La importancia de la militancia de base

No soy politólogo, por lo tanto, evitaré hacer un análisis profundo del resultado de las elecciones para no equivocarme. Pero seguramente muchos lectores coincidan conmigo en que el panorama político es más difícil de resolver ahora que antes. Después de un domingo intenso, para mí ha empezado una segunda jornada de reflexión, en la que intento hacer un balance de lo vivido. El resultado más importante de este balance es algo tan obvio que puede pasar desapercibido. Los verdaderos protagonistas de este domingo no han sido los líderes de los partidos políticos, sino los militantes de base que estaban repartidos por los miles de colegios electorales del país.

El domingo, al final del escrutinio, Pedro Sánchez y el resto de líderes políticos dieron las gracias a todas las personas que han estado al pie del cañón. Aun así, pienso que se quedó corto. En última instancia, los líderes de los partidos le deben todo a su militancia. Son ellos los que han luchado con uñas y dientes no solo este domingo, sino que son los que han estado detrás de todo el trabajo de la campaña. Cada cartel pegado, cada folleto repartido e incluso cada tuit tiene detrás la huella de un militante. Es por ello, que deberían aumentar las consultas a la militancia y los procesos de democracia interna. Los partidos políticos no pertenecen a sus dirigentes, sino a todos los afiliados que hay detrás y que luchan juntos por una causa.

Aun así, lo que hace importante este hecho es que quien realiza este trabajo no espera ni recibe nada a cambio. Esta vez ni siquiera a los apoderados del PP les han traído su bocadillo. Son personas capaces de aguantar más de 13 horas en un colegio electoral solo para defender su ideología. Todo para conseguir a su parecer un mundo mejor, puede que más justo. En mi opinión, se trata de ideales muy puros que hoy en día son difíciles de encontrar, y por ello merecen mi total admiración. Ojalá existiera más gente como Maite, Ezequiel, Montse, Manolo, Mercedes, Fernando, Anita, Carlos o Virginia entre muchos otros. Personas con una vida muy distinta a la de sus dirigentes que cuando se les requiere lo dan todo.

Llegados a este punto, hay que añadir que la intención idílica no lo es todo. A todos nos hace falta todavía mucho pensamiento crítico, aunque a algunos mucho más que a otros. Por mucho que alguien piense que un mundo mejor sería de una manera concreta, debería replantearse si de verdad está en lo cierto si para ello fomenta el odio, el miedo y la violencia hacia otras personas que ni siquiera conoce. O si para ello tiene que mentir y engañar. Todo esto desvirtúa todo lo anterior produciéndose el envilecimiento de la persona. Aunque esto es típico de la ultraderecha, no es la única que peca de ello. Durante mi vida he llegado a conocer a quien para conseguir la utopía comunista ha defendido que se debería internar y ejecutar al 66% de la población como ocurrió en Camboya. O incluso a quien celebrase el asesinato de John Lennon únicamente porque su pacifismo le fastidiaba la revolución. Se llega a una deshumanización y a un desprecio por la vida que hace que este tipo de ideologías dejen de merecer la pena.

A pesar de todo ello, tampoco podemos perdernos el respeto mutuo. Querer entablar una conversación o no ya es opcional, pero siempre desde el respeto. Sin la acreditación colgada del cuello estas personas no dejan de tener sentimientos, una familia y puede que hasta un perro. Incluso puede ser el padre de un amigo tuyo o directamente un familiar. Jerez es muy pequeño y nunca se sabe. No podemos dejar que nos puedan las vísceras. Además, tampoco debemos pretender rebajarnos a un nivel incluso inferior al de ellos.

Elecciones aparte, la vida sigue. Igual que siempre salvo ligeras variaciones. Un capítulo más de la telenovela sin fin que es la historia de nuestra humanidad. Si existe el mundo dentro de 200 años puede que todo esto no sea más que una pequeña anécdota. Para mí, el resultado de las elecciones ni siquiera ha sido la noticia más triste del día. Mientras íbamos a las urnas un incendio provocado en una reserva forestal de Australia ha causado la muerte a 350 koalas, la mitad de la colonia residente. Contando que se trata de una especie amenazada, catalogada como funcionalmente extinta, de la que quedaban únicamente 80.000 ejemplares, se trata de una auténtica tragedia.

Las imágenes son desgarradoras. ¿Hay acaso pena más grande en la vida que estar solo y desvalido mientras te quemas en tu propia casa? De nuevo, héroes anónimos, voluntarios que no piden nada a cambio y que merecen más que todo el respeto del mundo, se lanzan a las labores de rescate y de cuidados veterinarios. Quien lucha desinteresadamente por la protección de los más débiles, por la paz, por la igualdad y la justicia tiene ganado el cielo si realmente existe.

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