OpiniónNo es ciudad para jóvenes

La homosexualidad y su cura

Hace bien la UCA en cancelar la cita. Una institución educativa que oferta estudios superiores no puede comulgar con la estulticia de esa manera.

Leo con estupefacción que la UCA ha censurado una charla con el doctor Jokin de Irala porque éste considera a la homosexualidad una enfermedad con cura. Mi estupor no proviene de la cancelación de la insigne cita, algo que aplaudo sin reservas, sino de que a estas alturas del siglo XXI aún pensemos que con una inyección de suero heterosexualizante o con una sesión de psicoanálisis para sacar los traumas de la infancia a la luz —no sé qué propone este pseudodoctor del Opus exactamente— se pueda “sanar” a personas que no se consideran, ni por supuesto están, “enfermas”.

Lo insalubre, mentalmente hablando, es pensar así: que porque eras débil en el patio del colegio o porque tu padre adoptaba una conducta represora te empezaron a hacer tilín personas de tu mismo sexo. A decir verdad, siguiendo los dictados de la lógica aristotélica, e incluso freudiana, no entiendo muy bien la concatenación de ideas. Debo de ser un libertino.

Tengo amigos homosexuales y no me enorgullezco de ello, al igual que no me vanaglorio de tenerlos heterosexuales. Si por algo valoro su amistad no es por su condición sexual, aunque reconozco que la diversidad siempre es un grado y aporta nuevos puntos de vista enriquecedores. Que yo sepa no se consideran enfermos y a mí nunca me ha dado por pensar que lo estén. En cambio, si alguien conocido me soltara lo del remedio y la sanación, lo mandaría al psiquiatra de cabeza (valga la redundancia). Hace bien la UCA en cancelar la cita. Una institución educativa que oferta estudios superiores no puede comulgar con la estulticia de esa manera.

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