Sociedad

La frustración de estudiar para el examen MIR: “Ahora mismo me arrepiento de elegir Medicina”

Hablamos con tres graduadas que se preparan para la prueba de especialización, que se celebra el 25 de enero y en el que se juegan todo a una carta. "La parte emocional es más importante que la académica"

Hubo un tiempo en el que tener un hijo universitario suponía el mayor orgullo de una familia. La popularización de la Universidad, con más plazas, con más becas, cambió la percepción de que estos estudios superiores estaban reservados solo a unos cuantos, a los más privilegiados. “Mi hijo será abogado”. “Mi hija será arquitecta”. Qué bien sonaba. Hoy, se ha normalizado. Con una o dos excepciones. La carrera de Medicina se sigue percibiendo como un coto de mentes privilegiadas. Mantiene toda la esencia y reputación de ese orgullo.

La realidad es que, si bien ellos mismo pueden ser conscientes de que han realizado un gran esfuerzo para finalizar la carrera, quienes afrontan el MIR el próximo sábado 25 de febrero, lo hacen repletos de miedos. En este examen se juegan acceder a la especialización y la ciudad donde ejercerán los próximos cuatro o cinco años, dependiendo de qué elijan. Son muchos miedos porque se lo juegan a un día. Tantos, que los estudiantes consultados prefieren no mostrar su nombre. La conversación va a así. “Pero, ¿por qué no queréis que aparezcan nombres y caras?”. “Porque vas a ser médico toda tu vida y si te va bien, vale, pero como saques un 10.000 -o sea, no tener plaza-, la lista es pública, y luego te pueden ver y decir, ‘mira ésta, la que decía que quería estudiar tal cosa’. De verdad que es una de las cosas que peor se lleva, que te juzguen. Desde fuera pueda parecer una gilipollez (sic), lo comprendo, pero también te digo que hay que estar dentro para saber lo que es vivir siempre juzgados”.

Cuantas más preguntas aciertes (“netas“), en mejor posición quedarás. No hay nota, ni es tan importante cuántas aciertes, porque cada año la dificultad varía, pero el examen es el mismo para toda España, por lo que los optantes quedan rankeados, públicamente. Lo importante es quedar mejor que los demás. El número 1 de España será entrevistado en los grandes medios. Y el día en que empiecen a repartirse las plazas, será el primero en ser llamado por en el ministerio de Sanidad para elegir destino y especialidad.

Las cosas funcionan así. Se presentan casi 16.000 médicos (o sea, con su título de Medicina, tengan ya especialidad o no), para 7.500 plazas. Una parte de esos 16.000 lo hace para echar suertes. Médicos que ya ejercen, sobre todo en la privada. Otra parte, pequeña pero importante, son médicos con otra especialidad o que han abandonado en mitad de la formación de interno residente para empezar de cero el proceso de especialización. Gran parte de los optantes son recién licenciados. Y esos son los que se suelen llevar el gato al agua. Lo importante es estar entre los 1.000 primeros, o los 2.000, porque te aseguras hacer lo que te apetezca. Las cirugías y algunas especialidades como alergología o dermatología son las más difíciles. Y es más difícil entrar en un hospital de Madrid que en uno de Castilla y León o Canarias, por ejemplo, porque cada región tiene una demanda específica.

La carrera de Medicina son seis años. Durante el último curso, compatibilizan la enseñanza académica con la preparación del examen MIR. A partir del 1 de julio, ya graduados, comienzan las maratones intensivas. De 8 o 9 de la mañana a 8 o 9 de la noche, con una hora, máximo dos, para comer. Lo que estudian cada día está previsto por las academias. Casi cada sábado, acuden a un simulacro, en el que comparan su rendimiento con el de sus compañeros de academia (miles en toda España). Salvo las últimas semanas, por lo general sólo se descansa un día.

En España, el mercado de oposiciones al MIR lo copan tres grandes marcas: AMIR, CTO y MIR Asturias. Cada una, con una metodología similar pero diferenciada en el mercado. Unas apuestan más por la enseñanza en vídeos, apoyos de simulacros online, manuales… Otras, por exigir el máximo hasta la extenuación del alumno. Aliñan sus recomendaciones pedagógicas con sugerencias de no permitir que familia, amigos o pareja les desvíen de sus objetivos. Los precios rondan los 3.000 euros. Facilitan material académico actualizado, auténticas cajas de manuales de cada especialidad, y miles de test-simulacros.

La desesperación llega en la enorme competitividad que experimentan desde la carrera. Seis años en los que los mejores estudiantes de cada Selectividad, los cerebritos, se enfrentan porque saben que algún día se la tendrán que jugar a un carta. “Y no es justo”, dice una graduada en Medicina por la UCA que se enfrenta al MIR por segunda vez. El año pasado se quedó fuera. “En cada pregunta me decía a mí misma: Ojo con lo que respondes, que te la juegas”. Así fue como la mente le arrebató la oportunidad. Y a una semana del examen, asustada, incide en que “hay días que pienso que voy a conseguir mi objetivo, pero ya la mayoría no. Pensaba que sería más fácil por estar repitiendo, pero te saturas tanto, que sólo te suena”. Psicológicamente, es una batalla. “Lo que sientes con el MIR es horrible”, sentencia.

Coincide con ella otra compañera. “En el MIR se sienten muchísimas cosas. En cuanto a la parte emocional, siento que estoy fallando. Es más importante que estudiar. Se estudia bastante presionado, te sientes parado mientras el mundo gira. Te frustras, porque eres médico, pero para trabajar en la pública tienes que hacer este examen que luego no te da una plaza para toda la vida, sólo para especializarte”. Y deja clara una cuestión. “Este examen no te define como médico, ni una buena posición, ni una mala. Ni que sepas ni que no sepas. A lo mejor el que saca el 100 es un gilipollas que se ha comido los libros y el 8.000 un gran médico y una gran persona aunque acabe de médico de familia. Tendemos a prejuzgar, incluso dentro de la profesión, y no es así, no te define como persona ni como médico”.

En el MIR de enero de 2019 ocurrió algo que ha trastocado sobremanera tanto a alumnos como a academias. Un buen porcentaje del examen fue completamente nuevo, y muchas de esas preguntas no eran las propias de un recién licenciado, sino de auténticos especialistas. Una médico que se presentó a aquel examen lo explica. “Cayó en una pregunta la enfermedad de Kikuchi-Fujimoto. Esa enfermedad no la conoce nadie, sólo un especialista que haya investigado mucho. ¿Cómo ponen esa pregunta? Al final, parece que para el Ministerio de Sanidad, si eso es lo que tiene que saber un médico general, pues prácticamente ninguno de los que hay en España podría saberlo, por lo que también ellos están por debajo de lo que es un buen médico para Sanidad”.

La consecuencia ha sido que las academias han comenzado a exigir más horas de estudio, denuncian los estudiantes. Al menos, una hora más. Y no puedes rebelarte contra eso, porque sabes que los demás lo harán y, a fin de cuentas, da igual cuánto sepas, lo importante es saber más, o acertar más, que los demás. “Te llegas a sentir culpable por no irte de fiesta durante meses, por recogerte más temprano. El mundo gira para todos menos para ti. Acabas intentando justificar que te lo estás currando por el esfuerzo que hace tu familia, porque al final sigues en el paro mientras los demás trabajan, sean médicos o no”.

De los médicos consultados, sólo una chica repetiría la experiencia. Para el resto, no merece la pena el esfuerzo realizado hasta ahora. “No me veo estudiando otra cosa. Lo he tenido claro siempre. A pesar de todos los baches, para entrar en la carrera, y al salir para coger plaza, es un estilo de vida que me llena muchísimo. Volvería a repetir mil y una veces, aunque ahora esté en lo más bajo de ánimos. Eso sí, a quien quiera estudiar Medicina, que sepa que es muy, muy duro. Hablo románticamente de mi carrera, pero que se preparen para lo que vienen”. Otra estudiante matiza. “Yo no estudiaría Medicina ahora mismo, pero claro, estoy a una semana del examen. Lo mismo dentro de un mes, o cuando coja mi plaza, te diré otra cosa”. En cualquier caso, la noche del sábado promete. “Lo siento, pero después de tanto esfuerzo, me lo voy a beber todo”.

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