Opinión

La fosa de El Baldío

El pasado martes, 4 de agosto, la Asociación para la recuperación de la Memoria Histórica halló una fosa en Alcalá del Valle (Cádiz), y en su interior, cuatro personas represaliadas de la Guerra Civil.

La ubicación de la fosa donde fueron enterrados se ha podido conocer gracias al testimonio de una mujer que con tan sólo 15 años presenció el trágico momento del enterramiento, el 18 de septiembre de 1936, en la zona de El Baldío. Esta persona, que vivía en la finca donde tuvieron lugar los crímenes, observó desde su ventana cómo se llevaban las víctimas hacia la carretera, escuchó varios disparos y presenció cómo los cuerpos fueron enterrados junto a un olivo.

Según la memoria oral y los testimonios de familiares y vecinos del pueblo, en la fosa se hallarían dos mujeres y un hombre, pero al abrir la fosa resulta que eran cuatro los cuerpos que se han encontrado, dos mujeres y dos hombres. Junto a los cuerpos han aparecido dos anillos, unos pendientes y una peineta.

A partir de ahora es cuando comienza la investigación para averiguar las identidades de esas cuatro personas. En principio, en la fosa se encontrarían los restos de Remedios Partida, una mujer de 43 años, de su hijo José Rodríguez Partida, y de la novia de José, cuya identidad se desconoce a día de hoy, al igual que se desconoce el nombre del cuarto cuerpo.

Sin duda, les debemos mucho a todas aquellas personas que lucharon decididamente por la Democracia y por sus ideales, y que por ello, cayeron bajo las balas de quienes sólo tenían por cerebro un triste fusil.

Aquellos republicanos, hombres y mujeres, que murieron defendiendo la libertad, no pertenecen a nadie y a la vez nos pertenecen a todos. Quiero decir con esto, que sus familiares no son solamente los que llevan su sangre, sino también los que compartimos aún sus ideales, sus luchas, sus utopías.

Nada de vivir en el pasado, nada de rencores, nada de venganzas; esas muertes, después de tanto tiempo, tienen que servir para enseñar al mundo la barbarie de un tiempo y para que nunca más se vuelva a repetir, porque si hay algo que duele más que las balas que segaron sus vidas, ese algo es el olvido a lo largo de la historia, la indiferencia de la gente, la ignorancia de lo que pasó hace casi ochenta años, aquí mismo, en nuestros pueblos. Es cuestión de dignidad. 

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