Feminismo

La escultora andaluza que busca romper con el lenguaje sexista de ciertos materiales en el arte

La artista y docente Luisa Porras, reconocida por su trayectoria profesional de más de 30 años en la Escuela de Arte de Jerez, denuncia cómo "el hierro se considera masculino y los textiles son femeninos"

“¿Y tú qué haces? ¿Muñequitos?”, le han preguntado en más de una ocasión a Luisa Porras (Sevilla, 1961) cada vez que ha dicho: “Hola, soy escultora”. Porras, docente en la Escuela de Arte de Jerez desde hace más de 30 años y que ha expuesto en galerías de EEUU, Francia, Lituania y por la geografía española, sigue teniendo que soportar comentarios sexistas y vejatorios en base al trabajo que ejerce. Un asunto que le ha llevado a trabajar por la visibilización de la mujer en los diferentes espacios profesionales. “Y también me he centrado en la creación en el lenguaje femenino; cómo se atribuyen a ciertos materiales y ciertas técnicas un ámbito estrictamente femenino e incluso doméstico”, apunta.

Feminista, creativa, reivindicativa y comprometida con la enseñanza, Luisa Porras ha sido reconocida por su trayectoria profesional en el centro educativo y artístico jerezano en las jornadas feministas ‘Mujeres en el Espacio Mediterráneo’, organizadas por la Fundación Tres Culturas y celebradas en los Claustros de Santo Domingo (Jerez) a principios de octubre.

En el momento en que me dieron el premio me hubiera encantado decir, por mi y por todas mis compañeras que están haciendo un trabajo en silencio y que no se nos ve

“Visibilizar los hechos de las mujeres es absolutamente necesario. En el momento en que me dieron el premio me hubiera encantado decir, por mi y por todas mis compañeras que están haciendo un trabajo en silencio y que no se nos ve. El hecho de que se me vea a mí, considero que es un privilegio por todas, no a mi persona, si no que está bien que se vea que hay gente trabajando mucho tiempo, que entrega mucha energía y que se vea, que no solamente los personajes ilustres son hombres. No”, expresa Porras, y es que la docente andaluza tiene que estar explicando continuamente por qué hace una exposición solo para mujeres (como en el caso de Una habitación propia), o por qué existe un premio solo para mujeres.

“Hay que valorar el trabajo y no a la persona. Para mí eso es llegar a la igualdad, me da igual que tenga tentáculos a que tenga escamas. Pero llegar a ese punto, es muy difícil, y para llegar a él tienes que ser agresiva o un poquito retadora, o poner de manifiesto muchas situaciones que son intolerables”, confiesa Luisa Porras. Pero hasta que esto no se lleve a cabo, los certámenes no mixtos seguirán siendo totalmente necesarios, según la docente.

Ella, que comenzó a trabajar la escultura con materiales de acero, se topó, en los años 80, con escenas machistas en el que “una mujer no podía darle órdenes a un obrero”. Cuenta que cuando tenía que utilizar sistemas industriales se veía obligada a acudir con su marido a una empresa para que él le fuera diciendo al operario por dónde tenía que cortar. “No. No me prestaban atención”, denuncia. “Y en esos momentos lo asumías como algo natural, cuando no lo es”, añade.

Luisa Porras posando tras la entrevista concedida a lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA.

La obra de Luisa Porras ha girado entorno a conceptos universales, como es el caso del concepto de la vulnerabilidad. “El hecho de que queremos protegernos y proteger a aquello que queremos y la imposibilidad de esa protección, esa seguridad que buscamos siempre… Y eso, más general no puede ser. Tiene que ver con la inmigración, con la mujer…, con el ser humano en general”, explica. Además, ha centrado su investigación en cómo se atribuyen a ciertos materiales y ciertas técnicas un ámbito estrictamente femenino o masculino.

“Ese lenguaje en realidad es una voz universal del ser humano. El hierro se considera masculino, los materiales en sí tienen un lenguaje. La tela, el hilo, los textiles… son femeninos. ¿Quién ha adjudicado eso? Es un concepto prehistórico. Es una cuestión cultural. Y se le atribuye un lenguaje como si lo textil solo pudiera hablar de temas femininos, o el hierro de asuntos masculinos”. De ahí que busque romper con esa tradición artística, ese convencionalismo social que tanto le molesta.

¿Cómo ha evolucionado su concepción sobre el arte? “Le he quitado la mayúscula al arte. Creo que el arte está en muchos sitios y no está limitado a la concepción tradicional de las artes. Lo que he conseguido con el tiempo ha sido ir quitándole etiquetas al arte: arte mayor, artes plásticas, arte digital… Creo que ahora todo es mucho más asequible, cercano, personal y universal”, responde, al tiempo en que continúa: “Quizás los fundamentalismos es lo que más coraje me dé de todo el arte, la heterodoxia. Que solo hay una manera de hacer las cosas es una mentira, una mentira muy gorda. Hay 100.000 maneras de llegar al mismo resultado y todos los caminos valen por igual”.

 Creo que la enseñanza fracasa en el momento en que todos los alumnos hacen lo mismo

Profesora de vocación, dice que la docencia le nace porque ha tenido muy buenos profesores “que me han hecho ver que transmitir lo que tu sientes, es algo muy importante. Y si a mí me ha llegado eso, creo que es un deber con otras personas”. No obstante, concibe la educación como un espacio donde cada estudiante sea capaz de desarrollar su propia idiosincrasia: “A mi me encanta ver que cada uno tiene su personalidad. Creo que la enseñanza fracasa en el momento en que todos los alumnos hacen lo mismo. Si la enseñanza es capaz de que cada uno siga siendo uno mismo, yo creo que eso es un éxito”.

En la actualidad, Porras se encuentra inmersa en un nuevo proyecto donde trabaja lo textil. La artista sevillana destaca que no le interesa la industria del arte, porque “es un comercio”. “Además, hay tantos factores incluidos en ese intercambio que no tiene nada que ver con el arte, que para mí, sinceramente, no tienen interés”. Es por ello que decidió dejar de ir a galerías como Arco y dejar de tener intermediarios. “Si me gusta el proyecto, participo, si me aporta, sí. Pero, para bien o para mal, no dependo del mundo comercial para realizar mi obra”, concluye.

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