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La economía de las personas o cómo emprender desde la cooperación

La I Feria de Economía Social de Jerez ha acogido durante este fin de semana numerosos proyectos, iniciativas e ideas empresariales en los Claustros de Santo Domingo. En una mesa redonda, integrantes de varias cooperativas han hablado de sus experiencias, de su pasado, de su presente y de su futuro

Los Claustros de Santo Domingo están llenos de ideas. Diferentes iniciativas de economía social se venden con unos parámetros que difieren bastante de los que rigen habitualmente la economía de mercado. Hay ropa reciclada y moda sostenible, energía limpia, bancos que llevan el sobrenombre de éticos, alimentos ecológicos y hasta cervezas artesanas. La cooperativa es prácticamente un denominador común. Precisamente, uno de los encuentros de la I Feria de Economía Social de Jerez que la delegación de Empleo del Ayuntamiento de Jerez ha organizado, a propuesta del grupo político Ganemos Jerez, versa sobre ello.

En el panel de experiencias cooperativas se juntan tres iniciativas bien diferenciadas pero con un hilo conductor que comparten y las hace únicas. Las tres son sociedades cooperativas andaluzas y las tres son proyectos que en un comienzo parecieron seguramente una locura. Un colegio gestionado por padres, madres, profesores y profesoras, la naturaleza como medio y no como fin, y la miel. Tres en uno. La esencia de una feria que busca alternativas y las encuentra con esperanza.

Los pasillos de los Claustros se han llenado este fin de semana de iniciativas de economía social. FOTO: MANU GARCÍA.

“Era impensable para ocho valientes que constituyeramos el 27 de mayo de 1986 una sociedad cooperativa de trabajo educativa. Hoy somos dieciocho socios y socias y cinco trabajadores, además de trabajar dieciséis empresas y dar trabajo a más gente”, sostiene Andrés Aguilar del colegio Albariza, y la sociedad cooperativa Ágora. “Como sabéis todos, Ágora es asamblea”, recalca. “El colegio surgió en medio de la nada. Pero tenemos la ilusión del primer día. No había aceras, ni calles, ni casas, ni jardines, ni siquiera farolas”, explica. “Somos diferentes e iguales. Hemos querido ser tierra donde cultivar en el hondo sentido de la palabra, como la tierra albariza donde se cultiva la tierra que hace posible el milagro de nuestros vinos a todas las criaturas que año tras año vinieron a nuestro centro para potenciar al máximo sus posibilidades tanto humanas como académicas”.

Y es que el origen de este colegio concertado y gestionado por su propio profesorado es cuanto menos difícil de explicar y de sintetizar en un rato, como lo intentan también sus compañeras Fabiola y Mamen. “Hemos intentado dar lo mejor de nosotros para que cada promoción que salga del colegio mantenga vivo el sueño de llegar a ser alguien, de ser especial, de no dejarse llevar por la multitud, hombres y mujeres comprometidos con su tiempo, sabedores del papel emprendedor que el mundo necesita y espera de ellos”, sostiene Andrés, que da paso a sus compañeras. El modelo educativo combina precisamente la pedagogía y el cooperativismo como forma de emprendimiento, algo original y poco habitual, por no decir único.

“Para desarrollar a la persona trabajamos sobre todo cinco ámbitos: la identidad, el descubrir que yo soy yo; el ámbito social, la convivencia; el ámbito de la mente, para aprender y conseguir esas herramientas; el del cuerpo, para comunicarnos; y el emocional, para saber sentir y expresar las emociones de forma adecuada”, explica Mamen. “Procuramos hacer todo con un lenguaje positivo. Por ejemplo no decimos no se corre por los pasillos, si decimos camino por los pasillos, quitamos la negación y estamos consiguiendo algo útil”.

El “panel de experiencias cooperativas” de la I Feria de Economía Social de Jerez. FOTO: MANU GARCÍA.

“Somos un centro laico regido por una cooperativa de trabajo, un colegio con este modelo de trabajo propio, tenemos el itinerario de desarrollo humano y el itinerario de desarrollo académico. Intentamos implantar planes como de salud y deporte, de igualdad de género, de atención a la diversidad, entre otros”, dice Mamen, mientras deja paso a su compañera Yolanda. “Estamos en continua formación, una pedagógica y otra que aprendemos de a poquito, la empresarial. Nosotros venimos de un centro privado que luego se convirtió en un centro de padres, de madres, de profesores y profesoras”.

El colegio Albariza y con él Ágora, que lleva 32 años funcionando en la zona norte. Y lo que intenta que lo empresarial se impregne de esa economía social, de la propia cooperativa. “El aprendizaje es cooperativo, como la compra de los materiales, siempre nos relacionamos con cooperativas porque entendemos que el cooperativismo suma”, dice al respecto. “Hicimos un colegio muy austero, hay una foto con un señor pastor, con sus cabras y sus ovejas, no había calles ni había nada. Un día desaparecieron dos amigos porque se habían caído en una zanja”, comenta como anécdota con las risas del público.

Sin embargo, en una mirada retrospectiva no se lamenta de las más de tres décadas de lucha con la vista puesta en el futuro. “Hemos tenido mucha ayuda de gente tan loca como nosotros pero también hemos tenido que hacer mucho esfuerzos. Somos maestros de 8 a 2 y luego somos empresarios. Una cooperativa que tiene como titular a un centro de enseñanza es algo raro: empezamos con dos clases de preescolar y seis de primaria, ahora tenemos tres de infantil, seis de primaria y cuatro de secundaria. Y estamos trabajando en una FP que no exista en Jerez para darle salida”.

Un caso bien distinto pero con desencuentros similares es el de Genatur, al que da voz Pepe Contero. “Nosotros acabamos de cumplir 23 años y nacimos igual, con un grupo de locos”, sostiene entre risas. Mira a sus colegas y continúa. “Unos locos que teníamos un tema que nos unía: la sensibilización hacia el tema ambiental; pensamos en hacer una asociación pero vimos que era inviable y buscamos la fórmula empresarial. La cooperativa en aquel momento exigía 5 personas mínimos y no podíamos tener 5 dados de alta, nos constituimos como sociedad limitada laboral, una fórmula también entre comillas sociales y cuando pudimos dimos el salto a cooperativas, cuando la exigencia era ya de 3 socios”, cuenta.

Los ponentes del encuentro de cooperativas. FOTO: MANU GARCÍA.

Genatur, cooperativa consolidada en la provincia de Cádiz pero que tiene como ámbito de actuación a toda Andalucía se dedica además de al turismo activo y a la educación ambiental, a la gestión de equipamientos, a la animación y a la sensibilización ambiental sin dejar de lado el voluntariado y la educación social, ámbito que en el pasado tocó más de cerca.

“La provincia tiene casi un 40% de espacio protegido y 6 parques. Hacemos actividades que ofrecemos a todos los colectivos y también concurrimos a concursos públicos con programas determinados”, comenta Pepe Contero, que narra las numerosas actividades que desempeña esta empresa jerezana. Desde el ver el descorche en los Montes de Propio a la berrea cuando es época, pasando por la micología o los programas educativos. No se olvida tampoco de los numerosos ámbitos de actuación y de colaboración con la administración pública: desde la señalística del Parque Natural de los Alcornocales hasta convenios con administraciones públicas para gestionar centros de interpretación y puntos de información. Eso sí, dando a conocer que no todas las experiencias han sido exitosas. “Hay muchos proyectos que tuvimos que abandonar por diferentes motivos”.

El camino no es fácil. Ser cooperativa y hacer las cosas con un enfoque social limita, y ellos lo saben. “Los contratos con la administración tiene una dificultad muy grande. Los concursos públicos con el tema de la crisis siempre priorizan el tema económico”, se queja. “Es una relación de 80-20. Siempre quedamos los primeros en los temas técnicos pero perdemos en la económica”, explica. Y afirma rotundamente: “Es miseria para hoy y hambre para mañana. Con ese tipo de modelo empresarial que se promueve desde la administración no vamos a ningún sitio. Yo creo que me voy a ahogar en la orilla porque no voy a llegar. Pero intento ayudar, en la medida de lo posible”.

Pepe Contero, de Genatur, y José Manuel García, del Rancho Cortesano. FOTO: MANU GARCÍA.

Otro mundo es en el que se mueve José Manuel García, de la Sociedad Cooperativa Andaluza el Rancho Cortesano, conocida más allá de la provincia de Cádiz por la calidad de sus mieles y su oferta de ocio lúdico y gastronómico. El representante del Rancho Cortesano aprovecha para felicitar y sentirse agraciado al compartir experiencias con dos grandes iniciativas como la de sus colegas. “Me da hasta vergüenza decirlo, pero hace ya casi 40 años que estamos trabajando en esto y llevaremos unos 20 como cooperativa”, dice dirigiéndose de pie al resto de asistentes. “El inicio y el comienzo de lo nuestro fueron las abejas” afirma, mientras va pasando diapositivas en las que muestra todos los tipos de productos que el Rancho Cortesano ofrece.

“Desde el tiempo de los romanos ya se empleaba el veneno de las abejas”, explica. “Tenemos plantas, caramelos de miel, polen, la miel en panal, jabones de miel, de polen, con cera…”, cuenta, pero hace hincapié en lo que mejor que tiene el Rancho Cortesano es precisamente su enfoque, el valor y la iniciativa de los que emprendieron un proyecto que de no existir dejaría una zona de campo totalmente baldía o fruto de una explotación agrícola que no respete el medio ambiente. “Es muy atractivo ir al campo y conocer una colmena por dentro, parte del éxito de nuestra cooperativa es esto. Hace 40 años nos daba un poco de… ¿cómo va a venir la gente al campo a hacer esto? Pero la gente que compra un servicio quiere saber, conocer”, insiste

Para José Manuel García se trata de “jugar con los cinco sentidos y además de la miel, el ocio y la gastronomía”. En su opinión “el campo ha estado muy desprestigiado y es donde se fabrican los alimentos; nosotros reivindicamos la relación que hay entre esos alimentos y la tierra”, dice orgulloso. “Cuando las familias van a lo nuestro, ven los huertos y saben lo que van a comer, porque gran parte de lo que van a comer luego viene de ahí”. Es como con las cooperativas y los proyectos emprendedores que apuestan por la economía social: sabes de quiénes viene y hacia dónde van. Un camino que hacen las personas y no los números. Personas que dan voz a ilusiones hechas realidad y puestas en común en una feria que aspira volver a repetir el año que viene.

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