Ciudadano Saborido

La difícil medida del sentimiento religioso

La actualidad se adelanta a lo que tenía pensado escribir desde hace ya un tiempo sobre la falta de respeto que sufro continuamente a mis creencias religiosas. A ver, soy cristiano y considero un insulto grave a mi fe la utilización que determinadas corrientes de la Iglesia Católica hace de las imágenes de Jesús y María de Nazaret. Me ofende sobremanera que los vistan con joyas y coronas cuando son el ejemplo más claro de la pobreza. Ellos eligieron ser pobres y sin embargo aquí lo visten como ricos. Eso es un grave insulto a mi fe y una utilización negativa sobre mis símbolos sagrados. Las procesiones y romerías que hacen, que se parecen más a cabalgatas o carnavales, también me ofenden.

Pero no hay nadie que me defienda. Ni tampoco tengo dinero para pleitos. Así que me aguanto y sólo me queda el desahogo escribiendo con mi derecho al pataleo.

Medir la ofensa religiosa es muy complicada porque estamos hablando de percepciones íntimas de la persona religiosa que sólo ésta es capaz de medir en su total dimensión.

Ofender a la religiosidad de las personas es polémico porque una persona que no es religiosa no es capaz de entender lo que esa persona siente.

El gran problema surge por la falta de empatía de creyentes y no creyentes. Por un lado, las distintas iglesias cristianas y resto de religiones ofenden continuamente a los no creyentes cuando imponen su fe por narices, por ejemplo, invadiendo los espacios públicos como los colegios.

El otro problema es la reacción de los no creyentes contra estas imposiciones de las distintas iglesias. Los no creyentes reaccionan a esto no contra las iglesias que no son más que organizaciones de hombres (mayoritariamente hombres y gobernada absolutamente por hombres), sino que reaccionan contra las creencias. Y ahí está la madre del cordero: están reaccionando contra la esencia íntima del ser de la persona creyente.

Esta reacción puede ser lógica y respetuosa. Yo no me ofendo para nada porque alguien me diga que creo en un amigo invisible, que Dios no existe y tal. No, no me ofende. Está en su derecho de decirlo y pensarlo.

Lo que sí me ofende es cuando se utiliza el lenguaje vulgar, el chabacano, el grosero, la herramienta que especialmente tiene el lenguaje para ofender, como por ejemplo la expresión ‘me cago en Dios’. Es verdad, que esta frase no significa lo mismo según la zona de España donde se utilice. No es lo mismo en el Norte, que es muy común decirlo, que aquí en el Sur donde suena horrible. Pasa como el ‘me cago en tus muertos’ que aquí en el Sur se lo podemos decir hasta a nuestros propios hijos, pero en el Norte no dan crédito cuando ofendemos a los muertos de esa manera, cuando realmente no hay intención de ofender.

El ‘me cago en Dios’ utilizado en Andalucía sí ofende al creyente. Y ojo, partidos de izquierda, el creyente NO es la Iglesia. Con la Iglesia, los obispos, los curas,  te puedes meter todo lo que quieras. Pero con Dios, con la Virgen, no. Especialmente si te metes con imágenes como la Macarena o el Prendimiento.

Aquí lo que falta es respeto y mucha empatía entre unos y otros. Miren, lo he dicho antes. No creo en las imágenes de Jesús, la Virgen o los Santos. No me gustan. Me ofenden. Pero me callo y respeto lo que cada cual quiera creer. Qué más me da. Al igual que respeto a musulmanes, judíos, budistas, etc… Mientras no me impongan nada, a mí me da igual. Y si me imponen la fe musulmana por ejemplo, iré contra el imán en su mezquita, pero no contra los creyentes islámicos.

También me ofende que ridiculicen la fe de otros. Miren que yo no soy de procesiones. Miren que no me gusta, pero me ofende esas procesiones del Santísimo Coño insumiso, que están hechas para ofender la fe de los cofrades, ojo, no para ofender a las Iglesias, que se sienten muy cómodas con las polémicas.

Recuerde la izquierda andaluza, que el 80 por ciento de la población de Andalucía es creyente. Ojo. No que pertenezca a ninguna Iglesia, sino que declara creer en Dios.

Un partido que aspira a gobernar debe respetar las ideas religiosas de la gente, gusten o no. Y si no las respeta nunca llegarán al gobierno. Como mucho, a un grupillo de la oposición. No se podrá gobernar nunca sólo con el 20 por ciento que se declaran ateos en España. Y estos ateos, no todos son de izquierda.  Hay que tener en cuenta eso. No es tan difícil. Sólo es cuestión de respeto y tolerancia por parte de unos y de otros y ya está.

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