Cultura

La cultura popular, del ayer al futuro

Tal día como hoy, 3 de octubre, en 1978 -hace exactamente 40 años- se iniciaba en Jerez la I Campaña de Teatro Popular, organizada por el Taller de Teatro y Literatura Al-Xerixi. Tuve la suerte de participar en la creación y actividades del grupo, junto a viejos amigos. Veníamos de sufrir la larga noche de la dictadura franquista, y nuevos aires soplaban en España, instando a la participación cultural. Muchos cantaban -al igual que en Latinoamérica- “A desalambrar” y otros estábamos también con Pablo Guerrero, cuando cantaba

“A abrir la calle que pase la gente

que nunca ha pasado y los mal peinados

y el Señor Obispo con su novia en triciclo,

a abrir la calle,

a cambiar la calle, a tomar la calle,

a vivir la calle, a soñar la calle…”

Ese mismo zeitgeist marcaba nuestro proyecto: acercar la cultura al pueblo: por un lado, democratizar los productos de la “alta cultura”, y por otro, revalorizar las expresiones de la propia cultura popular, tantas veces marginada, incluyendo un acento en la recuperación del acervo folklórico andaluz, y una nueva mirada sobre el muy cercano patrimonio del flamenco.

Concebíamos en 1978 la cultura como un “arma cargada de futuro”-como la poesía según Don Gabriel-, y ese futuro luminoso se alcanzaría a través de una cultura popular liberada de viejos corsés, tabúes y prohibiciones. Así, en el folleto de nuestra I Campaña de Teatro Popular se marcaba este objetivo: “a la búsqueda y recuperación del teatro popular de nuestra tierra.”.Y como texto que nos definía escribimos el siguiente:

“Acaso la tristeza inunda nuestras calles.  Acaso la miseria de un mundo de silencio se posa sobre el asfalto. Tal vez la utilidad esté carcomiendo nuestra fantasía, tal vez nuestros sueños sean de cemento armado. Ayer juglares, goliardos, cómicos, a pesar de decretos, leyes, inquisiciones, llevaban por las plazas de nuestros pueblos algo de la alegría por la alegría, de la risa por la risa, de la vida por la vida… Quizás la recuperación de estos elementos conviertan nuestras vidas de alquitrán en carcajadas porque sí“.

Y el repertorio teatral bebía de fuentes diversas: nuestro programa incluía la “Jácara del avaro“, del gran dramaturgo exiliado Max Aub, el Paso “Cornudo y contento“, de Lope de Rueda, el “Romance de ciego” de Valle Inclán, y el “Bululú de los Cuernos de Don Friolera“, también de Valle Inclán, donde se recreaba esa forma gallega primitiva del teatro, en la cual una persona sola habla con sus muñecos, con la ayuda de manos ocultas.

El autor del artículo, interpretando el bululú gallego, en 1978.

Buscábamos, pues, en dirección al teatro primitivo y al teatro del exilio. Durante aquel mes de octubre, se sucedieron seis  representaciones en gira por distintas barriadas de Jerez, con gran éxito de público. Hay que recordar que la oferta cultural del momento era prácticamente inexistente, y la gente estaba deseosa de cualquier actividad novedosa.

Estos días, he visto reflejado algo de aquel espíritu en iniciativas como el reciente Festival Intramuros o el próximo festival Xera. Y me parece magnífico, porque quizás, como queda escrito más arriba,

“Acaso la tristeza inunda nuestras calles. Acaso la miseria de un mundo de silencio se posa sobre el asfalto. Y tal vez la utilidad esté carcomiendo nuestra fantasía.”

Creo que seguimos enfrentándonos a esos mismos retos, pero hoy en un mundo donde el silencio ha sido sustituido por el ruido y la infoxicación globalizadas,  donde se han vuelto más sutiles las formas de la represión, en este mundo líquido donde el neuromarketing nos dirige y las antiguas  formas de represión -que Orwell describiera en “1984”-se han visto sustituidas por el nuevo soma de las redes sociales, como Huxley apuntó en “Un mundo feliz“. Y sigue haciendo más falta que nunca decir nuestra palabra, construir una cultura libre, espontánea y popular, que recupere la vieja alegría y  transforme al fin nuestras vidas de alquitrán.

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