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La colina de la cebolla

Decenas de personas recogen a diario miles de kilos de esta hortaliza para su cultivo, el autoconsumo o su venta que una empresa agrícola desecha en una finca de Rajamancera. 

Decenas de personas recogen a diario miles de kilos de esta hortaliza para su cultivo, el autoconsumo o su venta que una empresa agrícola desecha en una finca de Rajamancera. 

Un intenso olor a agrio. Una nube de moscas acompañada de un sonoro zumbido. Sol de agosto pegando sobre Rajamancera. Son las nueve de la mañana. Un camión descarga 24.000 kilos de cebolla blanca en una finca de este punto del Jerez rural. A su alrededor, otros tantos miles de kilos de cebolla roja, mucho más pequeña. Desde el pasado junio, una empresa agrícola afincada en Jerez tira parte de la producción que no cumple con los requisitos de sus clientes extranjeros. “El mercado es muy selectivo y ya sea por tamaño o porque tengan una manchita ya no quieren las cebollas, pero la mayoría están en perfecto estado”, señala Juan, transportista de la empresa, de la que prefiere no decir el nombre. ¿No sería más lógico entregar estas cebollas a comedores o instituciones sociales?, preguntamos. “Ya se hace. Parte de lo que se desecha va para allá y lo que sobra, aquí”, responde el transportista, que antes de montarse en el camión confirma que el de hoy será el último viaje que haga en esta campaña.

A la finca de las cebollas, pegada a la carretera CA-3310, llegan los primeros coches. Por las diferentes procedencias de sus ocupantes se ve que esto es vox pópuli. “Aquí lo saben en toda Europa”, bromea José, de Jédula, que viene cargado con dos cestas de plástico. De 56 años, casado, con dos hijos y parado de la construcción, rebusca entre las cebollas rojas “porque las blancas han llegado mojadas y se ponen malas enseguida. Estas otras pueden durarme hasta diciembre”. Asegura que las coge para autoconsumo, no para venderlas, aunque tiene constancia de que hay muchos que vienen aquí para llevarse sacos que luego venden a siete o diez euros, según la cantidad. Reconoce que con lo que gasta de gasolina hasta llegar a Rajamancera “esto casi es lo comido por lo servido”, pero aun así el viaje no va a ser en balde. José acaba llevándose unos 20 kilos y hace un cálculo rápido. “A setenta céntimos el kilo, 14 euros que me ahorro”. Y es más, todavía se marchará a casa con tomates. “Los están recogiendo en una finca cercana y la máquina ha desechado unos cuantos. Ahora cuando acabe aquí me han dicho que me pase”.El chorreo de coches es constante. Vienen de Medina, Jerez, San José del Valle, Puerto Real, Rota… Alejandro es otro de los que llega provisto de un saco para cargar cebollas. Tiene un terreno, así que se llevará unos cuantos kilos para sembrarlos en su finca. “Las rojas son más resistentes y mejores para el cultivo”, afirma. Juan José viene de San José del Valle con su hijo. Llenan dos bolsas de plástico de cebollas blancas. “En casa no está mal la cosa, pero nos hemos enterado de esto y al menos hacemos el viaje y nos llevamos unos kilos”. Antonio también llega para recoger cebollas y plantarlas en un terreno de su propiedad. “No entiendo cómo las echan para atrás”, afirma mientras las va cogiendo. Desde luego, de las miles que vemos, prácticamente una cuarta parte todavía serían óptimas para el consumo humano. El resto lucen podridas o a punto de ello.

Desde la asociación agrícola Asaja, su vicepresidente en Cádiz, Pedro Gallardo, confirma que prácticas como esta de arrojar miles de kilos de producto, en este caso cebolla, si bien no es habitual, se “hace por motivos de mercado” en agricultura extensiva. “Cuando el mercado exterior no quiere el producto y no se puede vender la producción entera, se hace esto, ya sea para comedores sociales o para que se aproveche para otros menesteres, como en el caso de la zanahoria, que si no cumple con los tamaños se destina para alimentar a la ganadería”. En Cádiz, la producción de cebolla es casi testimonial en comparación con la que se produce en el resto de Andalucía, poco más del cinco por ciento del total que se cultiva en apenas 150 hectáreas. Según Asaja, el productor gana entre 80 y 100 euros por tonelada de cebolla, si bien el Observatorio de la Junta de Andalucía eleva estos precios a los 430 euros, algo que pone en duda la organización agraria.

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