Amurallados

La bola

Sé que no es una buena forma de empezar un artículo realizando la advertencia de que va a ser largo. Sin embargo, debo avisar a aquellos que se quedan con el título y la foto que lo acompaña que este tema tiene una doble vertiente para mí. Al fin y al cabo esto es un artículo de opinión que busca precisamente eso, hacer pensar al que lo lee y crear estados de discusión civilizada entre los que estén de acuerdo con lo que expreso y los que no. Por un lado, como vecino del centro histórico que busca la difusión y la concienciación del resto sobre el estado de intramuros, la opinión sobre la bola es muy positiva, aunque no por los motivos que en general se puedan pensar; por otro lado, como ciudadano con inquietudes, me surgen dudas más que razonables que también deben acompañar y complementar la otra parte, dudas que posiblemente a muchos de vosotros no se os ha ocurrido imaginar… o sí.

Vaya por delante que soy un acérrimo defensor de la instalación de iluminación extraordinaria en el centro de las ciudades para favorecer el consumo en los negocios tradicionales y en los hosteleros. Ya el año pasado escribí sobre dicha necesidad, máxime en una ciudad como Jerez en la que el comercio del centro no compite en ningún momento en igualdad de condiciones contra unos centros comerciales gigantescos, alguno de ellos, por cierto, declarado ilegal por los tribunales sin que nadie se atreva a ejecutar nada.

Me gusta el alumbrado de este año, que no tiene en absoluto nada que ver con las horribles lámparas de araña de películas de serie B, bolas rojas de lado a lado o motivos ridículos que no abarcaban ni la mitad del ancho de la calle Larga de los últimos años. El de esta Navidad preelectoral me parece digno y a la altura de lo que se pretende vender al exterior, lo que se muestra en ese vídeo lacrimógeno que circula por las redes sociales, vídeo que tampoco se ha realizado en años anteriores, mira por dónde.

Ahí entra mucho en juego la memoria de pez con los que los ciudadanos acuden a las urnas, recordando sólo lo que ha sucedido en el periodo de tiempo más inmediato y desechando lo que hubiera o hubiese ocurrido un poco más allá. Por poner algún pero, porque siempre hay que criticar lo negativo para poder crecer, el horrible y reincidente amasijo de luces que simula un nacimiento delante de la logia del Cabildo Viejo. No creo que costase mucho trabajo y esfuerzo hablar con las hermandades y que éstas cediesen imágenes con las que montar un Belén digno bajo los arcos y tras el enrejado, una composición mucho más acorde con el entorno de gran importancia patrimonial en el que se ubica.

Pero la gran sensación es la bola de luz instalada en plaza Belén. Plaza Belén, por favor, no caigamos en catetadas inducidas por inconscientes de hablar de “plaza de la bola”, comencemos por respetar la propia historia de los lugares y los nombres son un vestigio de esa historia. Debo reconocer que lo de la bola ha venido a dar respuesta a una pregunta que me estaba haciendo desde el mes de junio, fecha en la que se inauguró la urbanización de una zona que ha venido a convertir lo que era una plaza en el megaespacio que ha suplantado al convento, cárcel, colegio y a un proyecto fantasma que se llevó por delante la dignidad de la zona intramuros. Si la obra de plaza Belén era la intervención estrella, ¿no parecía un poco torpe desde el punto de vista de la estrategia política partidista haberla inaugurado a casi un año de las elecciones municipales, sobre todo cuando hemos visto a lo largo de la historia reciente cómo las ejecuciones se dilataban de forma interesada para hacer coincidir las inauguraciones prácticamente con las elecciones en ciernes?

Todos estaremos de acuerdo en que los dos grandes logros de esta legislatura, las dos iniciativas que saltan más a la vista han sido la compra de autobuses nuevos y la urbanización de la plaza Belén, algo siempre anunciado y nunca realizado. Ambas cosas han sido posibles gracias a los fondos europeos. No nos engañemos, el Ayuntamiento no hubiera podido en la vida afrontar esos proyectos con recursos propios y los impuestos que todos pagamos, no precisamente bajos, se siguen dedicando a satisfacer los gastos que ocasiona el mantenimiento de un sobredimensionado personal municipal que en un 80%, no nos olvidemos de eso nunca, no ha accedido a sus puestos de trabajo tras haber superado un proceso selectivo en condiciones de igualdad con otros candidatos y habiendo demostrado que se lo merece por sus méritos y capacidades. Está claro que lo de los autobuses no se podía postergar ni un día, pero lo de una plaza que llevaba muchos años siendo un solar infecto e indigno se hubiera podido dilatar durante unos meses más sin que hubiese llamado la atención en exceso.

Y la bola ha resuelto esa duda, una maniobra inteligente que supera incluso el impacto de la propia obra. Imagino que habréis visto una composición de fotos que refleja el antes y el después de la plaza con una foto de 2014 frente a otra actual. La foto del antes está realizada a plena luz del día frente a la actual, realizada totalmente a oscuras y en la que sólo se distinguen la bola, radiantemente iluminada en primer plano, y detrás, también resplandeciente, la Catedral. De hecho, pensadlo bien, si la foto del antes se hubiese realizado en las mismas condiciones que la actual, la única diferencia sería la bola. Por tanto no sólo estamos ante un ejercicio de manipulación que muchos se habrán tragado sin pensarlo siquiera, sino también ante una maniobra que ha buscado resaltar la bola por encima de la propia actuación realizada en la plaza, de lo contrario la foto actual también estaría realizada a plena luz del día, como la de 2014. Espero que ese montaje ilustre el presente artículo para que os podáis percatar de lo que digo.

Pero el caso es que al final la bola está ejerciendo un influjo positivo para todos. Seguramente la intención política haya sido la de atraer a gente a presenciar la gran obra de la legislatura, la que todos habían prometido pero que sólo, y esto lo digo con total reconocimiento, este gobierno ha sido capaz de sacar hacia adelante (los políticos no dan puntada sin hilo, el partido al que pertenezcan es indiferente en estos casos), pero lo cierto es que para llegar a la bola la gente debe transitar por zonas por las que no sólo no habían andado nunca o ni siquiera sabían que existieran, sino que al mismo tiempo se están percatando del estado del centro histórico. La plaza Belén afortunadamente es una realidad, pero la plaza Belén no es ni mucho menos representativa de la realidad del centro histórico.

He leído bastantes comentarios quejándose de que la bola no está en un lugar transitado y que debiera haberse instalado en una zona más céntrica, dentro del meollo que se forma alrededor de la calle Larga, u otros preguntando directamente dónde estaba la plaza Belén. Ello ha servido para visualizar el problema del desconocimiento que una gran parte de ciudadanos tiene sobre su centro histórico, algo que he comentado en multitud de ocasiones, y ha venido a paliarlo en cierto modo. Hordas de personas acuden diariamente a presenciar el espectáculo de la bola y ya, de paso, conocen la actuación que se ha llevado a cabo en el corazón de intramuros. Y más que acudirán atraídos por una programación infantil que también considero acertada y digna.

Pero la plaza Belén, como el algodón del anuncio, no engaña. Para llegar hasta ella hay que transitar obligatoriamente por algún lugar que sí refleja la realidad de abandono, ruina y despoblación del centro histórico. Incluso en la propia plaza, si alzamos nuestras cabezas y efectuamos un giro de 360 grados, nos podremos percatar de esa misma realidad. Tal vez de esa forma mucha gente comprenderá por qué se organizan manifestaciones para reclamar la salvación del centro histórico mediante su repoblación y se dará cuenta de que es una reivindicación justa que supera cualquier signo político de turno que maneje los hilos del poder municipal, como también expresé en el artículo anterior. Quién sabe, a lo mejor se han ganado asistentes a próximas manifestaciones gracias a la bola. Hacer de la necesidad virtud, lo llaman.

En fin, en poco menos de un mes la bola desaparecerá y la plaza volverá a ser transitada por los que lo hacían antes de su instalación y esperemos que también por los que han conocido su existencia y ubicación gracias a ella, algo que a mí no me deja de sorprender cuando hablamos de un enclave que lleva siglos y siglos en el mismo lugar. Para los que lleguen a añorar la bola, debo recordar que la peña Buena Gente lleva irradiando luz e iluminando la zona cuando sólo las ratas y pulgas se reunían alrededor de una bola de porquería y vegetación descontrolada e insalubre. Esa es la luz que hay que valorar y mantener allí porque, mal que le pese a algunos, es la verdadera bola que ha revivido la vieja-nueva plaza Belén.

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