Sociedad

La alucinante historia de Kiko, el perro de agua activista que merece una estatua en Cádiz

Un can gaditano recoge kilos y kilos de basura cada semana en la Punta de San Felipe y en La Caleta, lugares donde la gente arroja al agua los restos del 'botellón' nocturno. Los vecinos de la zona lamentan que tenga que ser un animal el que dé ejemplo

“Venga, Kiko, venga Lola, que tenemos mucha faena hoy, hay mucho por recoger”, le dice José Alonso a sus perros cada vez que sale a la Punta de San Felipe a realizar labores de limpieza de forma altruista. La suya es una historia fiel reflejo de lo que es Cádiz, una ciudad única, pintoresca, repleta de héroes de la cotidianidad, gente preocupada por un mundo más justo y habitable. Mejorar las cosas; algo tan bonito y a la vez tan difícil.

Todas las semanas José se lleva a los perros a esta zona portuaria de Cádiz, y allí, junto con un grupo de personas dueñas de perros, recogen la basura que la gente tira al mar los días previos, en ‘botellones’ y encuentros nocturnos. Porque sí, hay gente incívica que piensa que el mar es un bidón gigante de basura. “Tenemos una playa y un puerto que son muy bonitos, en los que se conoce todo el mundo. Que haga eso la gente con su ciudad la verdad es que es muy fuerte. Es un sitio precioso y lo dejamos lleno de mierda, es lamentable”.

José Alonso, junto a sus perros Kiko y Lola. FOTO: CEDIDA

Un buen día, paseando por la Punta con sus perros Kiko y Lola, José se percató que el pequeño tenía una habilidad que lo hacía diferente. “Al principio íbamos a esa zona para refrescarlo. Le tiraba cosas muy cerquita y él las cogía. Pero de tanto ir allí, me di cuenta que lo primero que hacía el perro nada más llegar era recoger objetos”, cuenta José, a lavozdelsur.es. “Una vez, lo vi zambullirse en el agua más de un metro y me trajo una botella grande de coñac”. El dueño no salía de su asombro. “Los siguientes días iba cogiendo todo lo que yo le decía. Él va mirando y cogiendo cosas, lo que ve lo va atrapando, una zapatilla, una chancla, botellas, vasos… Así, cuando nos vamos, hemos recogido kilos y kilos de desperdicios”.

Lo insólito es que Kiko es capaz de bucear para coger estos desperdicios: “Iba con acompañantes que alucinaban”, cuenta José. “Su especialidad es atrapar botellas, da igual que estén llenas o que pesen, las trae”. El episodio más emocionante sucedió cuando recuperó del agua unas mantas, la almohada y diverso ropaje de un indigente que habían tirado al mar: “Lo trajo todo de vuelta para la alegría del hombre, no salíamos de nuestro asombro”.

En alguna jornada, Kiko, Lola (su perra compañera, que no llega a meterse tan profundo, pero también ayuda a estas labores) y José han recogido cantidades muy grandes de desperdicios: “He llegado a contar hasta 50 botellas y otras tantas bolsas en solo un día. La gente tira de todo cada fin de semana, hemos llegado a recoger hasta un bidón de aceite lleno”.

Y es que cada semana José acude acompañado de otros voluntarios en la recogida. Algunos de ellos pertenecen al grupo de trabajo Turco Andaluz, dueños de perros y perras con inquietudes por el adiestramiento. “Quedamos sobre todo en el parque de Los Toruños, en El Puerto. Hay una pista y vamos días sueltos a un club de agility (una modalidad deportiva para perros y personas que intenta desarrollar las capacidades del can y a la vez reforzar su vínculo de unión con su dueño practicando deporte) cuando no la usa la Policía u otros usuarios”.

Kiko ganó un torneo de agility en Talavera de la Reina, en 2018. FOTO: CEDIDA

De ese modo, José fue descubriendo las habilidades de Kiko. “Un día vi que hacían campeonatos de perro de agua a nivel nacional. Para ello había que cumplir una serie de requisitos: papeles, un grado, pruebas… lo saqué todo y competí con él en cuatro pruebas de trabajo específicas y sorprendentemente, quedó tercero”. Así pues, pensó en perfeccionar el adiestramiento. Al siguiente campeonato ya quedó el primero: “Fue en Talavera, en un campeonato por todo lo alto, con un podium, una pantalla gigante, con el suelo enmoquetado… Me di cuenta de que Kiko tenía algo especial, dediqué más tiempo a esos ejercicios y al siguiente año volvió a quedar primero de forma muy destacada sobre los demás”.

Desafortunadamente, Kiko no podrá revalidar su título este año. Hace unos días se lesionó partiéndose los ligamentos y eso le impedirá volver a competir. “Estábamos en el campo dando una vuelta, le tiramos la pelota con tan mala suerte que se golpeó con un badén y se rompió las patitas”.

Cuando se recupere, volverá a ir a la Punta San Felipe y a La Caleta para recoger lo que la gente tira: “Claro que volveremos. Ten en cuenta que si eso no lo limpia nadie, cada domingo el mar se llena de centenares de botellas y otros desperdicios. Luego eso va todo al fondo del mar. El Ayuntamiento no recoge nada porque es competencia de Costas y Medio Marino, y Costas no hace nada porque el sitio es de difícil acceso. Nosotros saltamos una ventana para llegar a algunos de esos escondrijos de la Punta de San Felipe”, asegura José.

El Ayuntamiento no recoge nada porque es competencia de Costas y Medio Marino, y Costas no hace nada porque el sitio es de difícil acceso

Los vecinos de la zona ya se han percatado de la singularidad de Kiko, muchos han hablado con su dueño sobre él: “Algunos me han dicho que el Kichi lo debería conocer y darle un reconocimiento. Otra gente me ha comentado que muchos humanos deberían aprender de Kiko; piensa que él tiene prohibida la entrada en casi todas las playas de la provincia pero que se porta mejor que alguna gente”.

Ahora José mima a Kiko para que se recupere de su lesión en las patas delanteras. Da paseos cortos esperando que vaya mejorando. Mientras está convaleciente, en la Caleta y la Punta de San Felipe, el mar engulle todo lo que tiran los vecinos cada noche de fiesta y ‘botellón’. Kilos y kilos de basura flotan sobre nuestra bahía.

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