Cádiz

Jóvenes pre-parados: de la universidad a la precariedad

Hablamos con cuatro titulados en diferentes materias sobre la actual situación laboral, donde la falta de oportunidades, la sobrecualificación y el paro juvenil son el peor enemigo al que enfrentarse

Actualmente en España existen 800.000 universitarios con trabajo más que hace diez años, según la investigación Itinerarios de inserción laboral y factores determinantes de la empleabilidad: formación universitaria versus entorno, presentada por la Fundación BBVA. El informe asegura que, en tiempos de crisis, los universitarios siempre están mejor laboralmente que el resto de la población. Sin embargo, casi el 40% de los universitarios tienen un empleo que no necesita estudios superiores. Cuatro de cada diez jóvenes españoles tienen un título universitario, un porcentaje en línea con lo que ocurre en otros países del entorno, pero, al graduarse, estos jóvenes acceden a un mercado de trabajo muy distinto al de otros países europeos, en el que la sobrecualificación y el paro juvenil es una realidad a la que tienen que enfrentarse. 

No obstante, son muchos los jóvenes que siguen optando a una formación universitaria. Sin ir más lejos, en los próximos días un total de 5.862 alumnos de 130 centros educativos de la provincia se presentarán a las Pruebas de Acceso y de Admisión a la Universidad (PEvAU) 2018. Casi 200 jóvenes más que el pasado año. Las nuevas generaciones han sido educadas en la idea de que si estudian conseguirán un buen puesto de trabajo. Pero nada más lejos de la realidad. Tener una carrera es insuficiente para conseguir trabajo, ya que son muchos los factores externos que influyen a la hora de obtener un puesto. El experto César Molinas, matemático y economista, ha destacado en varias ocasiones que “España tiene un sistema educativo disfuncional, es una máquina de generar parados. El país tiene 1,7 millones de estudiantes universitarios y 2,5 millones de ni-nis, que tienen un difícil acceso al mercado de trabajo porque el sistema educativo no les ha enseñado a hacer algo”. Pero, ¿es responsabilidad de la capacidad de los jóvenes o de la falta de oportunidades en un país que no apuesta por ellos, unido a la precariedad laboral que nos ahoga?  

En la última década más de un millón de españoles se han mudado al exterior, especialmente jóvenes talentos en busca de un camino profesional mejor que el paro y precariedad que ofrece España. Sin embargo, otros siguen atrapados intentando adaptarse de forma camaleónica a las circunstancias. En lavozdelsur.es hemos querido contar con la voz de cuatro jóvenes que terminaron sus carreras universitarias hace ya algunos años y que, a día de hoy, no han tenido ocasión de optar a un puesto relacionado con sus materias. Por la contra, sí que han podido probar suerte en puestos para los que están sobrecualificados, como es la hostelería. Una de las pocas salidas que existen en el sur. La única para la gran mayoría.  

Francisco Serrano, 24 años. Graduado en Historia (2015), Máster de Profesorado (2016) y Máster en Patrimonio, Arqueología e Historia Marítima (2017) 

“Cuando estaba terminando el máster de Patrimonio me llamaron del Ayuntamiento de Chiclana para un puesto de archivero y conservador de museo. Eso decía el contrato, pero me mandaron a una empresa de agua para desempeñar funciones administrativas. Ordenaba proyectos, papeleo, pero nada relacionado con historia”. Francisco hasta ahora sólo ha tenido un trabajo relacionado con sus estudios en ERA Cultura, una empresa de Puerto Real que realiza actividades y talleres con niños sobre prehistoria e historia antigua.

Francisco Serrano, graduado en Historia.

Este año ha trabajado como camarero en Chiclana, aprovechando la temporada alta con contratos temporales. Asegura que las condiciones en la hostelería no son nada buenas. “Puedes ganar 20 euros al día trabajando desde las 20.00 horas hasta el cierre, a unos 4 euros la hora aproximadamente”. “Nos han vendido que teniendo una carrera tendríamos un trabajo, y al final cuando acabas los estudios te ves con el culo al aire. No motiva demasiado, la verdad”, asegura.  

“Nos han vendido que teniendo una carrera tendríamos un trabajo, y al final cuando acabas los estudios te ves con el culo al aire”

A día de hoy, con una carrera y dos másteres, Serrano no tira la toalla y pretende continuar con su formación. En este caso ha optado por cambiar de tercio, y actualmente está preparando las pruebas para acceder a la Escuela Superior de Arte Dramático. “Hice Historia pensando que tendría más salida que la interpretación, pero al acabar la carrera me he dado cuenta de que no es así. Podría estudiar unas oposiciones y pasarme el resto de mi vida trabajando de algo que, aunque me guste, no me llena, o saltar al precipicio y apostar por lo que siempre he querido”.   

Ante la pregunta de si ve un futuro dentro de España, Francisco responde que “me daría igual irme fuera, no me anclo. De hecho, me gustaría irme a otro país donde se tenga otra visión de la cultura, de la historia o del arte. Porque en España la visión que tenemos es un 21% de IVA”. “El nuevo equipo de Gobierno tiene muy poco tiempo y no creo que llegue a cuajar, así que no confío. Las intenciones parecen buenas, pero ¿dará tiempo? No puedo esperar a que las cosas mejoren en nuestro país, porque lo único que ha hecho en los últimos años ha sido empeorar”, concluye. 

Marta Pérez, 30 años, doble grado en Ciencias del Mar y Ambientales (2013) y Máster de Profesorado (2016). 

Cuando Marta terminó la doble titulación hizo prácticas “remuneradas”, ya que la remuneración “no suele dar para mucho”. A pesar de eso, pudo ahorrar un poco “y con la ayuda de mis padres me fui a Costa Rica para trabajar allí durante un año como educadora ambiental. Cuando volví realicé el máster y desde entonces he estado trabajando en la hostelería”. Asegura que en la hostelería gana más que en cualquier trabajo que haya tenido relacionado con lo suyo. “Eso sí, son 12 horas en las que acabas reventada. Pero una vez que empiezas en la hostelería te dices pues me quedo, porque es lo más cómodo”. 

Marta Pérez, graduada en Ciencias del Mar y Ambientales. FOTO: E.ESCORIZA.

“Ahora tenemos que dar gracias si es que llegamos a ser mileuristas, trabajando no sé cuántas horas para lograrlo. Y se acepta cuando te gusta tu trabajo con la esperanza de avanzar, pero ¿cómo se puede sostener algo así?”. Según nos cuenta, del grupo de su clase en la universidad “tengo sólo dos amigas que están trabajando en algo relacionado. Una porque hizo un doctorado, y la otra está trabajando con algas, con una jornada de 12 horas diarias y cobrando 700 euros”.  

“Ahora tenemos que dar gracias si es que llegamos a ser mileuristas, trabajando no sé cuántas horas para lograrlo”

Y es que las condiciones de precariedad se hacen insostenibles. “Ahora despiden a un trabajador para contratar a tres por el mismo dinero. Yo he trabajado en un hostel donde les permiten echar al trabajador cada tres meses, para no hacerte fijo nunca. Te echan y te vuelven a contratar, y cuando han pasado nueve meses te echan durante tres. Vacaciones, te dicen. No, vacaciones no, perdona, me estás dejando sin ingresos durante ese tiempo. ¿Pero qué haces? Necesitas trabajar”. Pérez actualmente se encuentra en trámites judiciales con un hostelero de la capital, “porque me despidió y no quiso pagarme el finiquito. Y encima pretendió darme limosna, en plan te doy 200 euros y te callas. Pero no, me das lo que me tienes que dar. Es muy importante conocer la legislación y nuestros derechos para que estas cosas no ocurran”.  

Marta es natural de Extremadura, pero vino a Cádiz a estudiar y se enamoró de la ciudad y de la gente. “A mí me gustaría hacer algo aquí, porque es cierto que te vas fuera y puedes trabajar, pero en el fondo sientes que estás abandonando tu sitio”. “Al final intentas quedarte por todos los medios, pero si no sale hay que aceptarlo e irse, aunque siempre estén las ganas de volver”. En cuanto a los cambios políticos, destaca “que al menos haya alguien de Ciencia, que sabe y ha sufrido los recortes. Vamos a ver, ojalá que lo haga bien. Aunque se han hecho muchos guiños a la derecha con la elección de los ministros… y si a la hija de Botín le parece que la elección es buena, será que es regular”.  

José Rendón, 27 años, Ingeniero Técnico Industrial en Mecánica (2016). Se encuentra realizando un Máster en Ingeniería de Fabricación.  

Desde que finalizó sus estudios ha hecho prácticas en dos empresas, “y creo que voy a tener que optar a unas terceras, porque no me sale nada”, asegura. Las prácticas que ha realizado hasta ahora han sido remuneradas “porque yo me niego a trabajar gratis”. A José le ofrecieron unas prácticas en Carbures, en el Puerto de Santa María. “Tenían una duración de nueve meses sin remuneración alguna, con opción a contratación al finalizarlas. Las rechacé, porque por mucho que te digan que después te pueden contratar, no tienes la certeza”.  

José Rendón, Ingeniero Técnico Industrial en Mecánica. FOTO: E.ESCORIZA.

José contabiliza que ha hecho hasta “siete entrevistas para varias empresas en lo que va de año, pero no ha habido suerte con ninguna”. “Yo busco trabajo en toda España, no sólo en Andalucía. Y también me he planteado irme a otro país, pero para eso se necesita un fondo económico, no puedo irme con las manos vacías. Es un bucle”. El problema de los jóvenes entra en esa espiral, cuando quieren abrirse ante un mercado europeo pero no tienen los recursos suficientes, ni tampoco la oportunidad de trabajar y ahorrar para poder salir del país. “De mi promoción, ninguno ha encontrado trabajo en Cádiz. Todos están fuera, en Thailandia, Alemania o en Madrid y Sevilla los que están más cerca”.  

“También me he planteado irme a otro país, pero para eso se necesita un fondo económico, no puedo irme con las manos vacías”

Otros de los factores que destaca Rendón es que “cada vez la gente está más preparada y hay menos oportunidades. Yo por ejemplo tengo un B2, y a los que vinieron antes que yo no se lo pedían. A los nuevos les exigirán más, y así sucesivamente”. Y es que los jóvenes se forman por encima de sus posibilidades.  En referencia a la nueva formación del Gobierno, José piensa que “se ha elegido bien y estratégicamente para ganar votos. Que haya mayoría de mujeres es algo muy positivo. Aunque sea una estrategia, sigue siendo algo positivo”.  

Irene Mompó, 29 años, graduada en Magisterio de Educación Infantil (2016).  

Al terminar hizo prácticas en un colegio y terminó cubriendo una baja por embarazo. Después de eso no ha vuelto a trabajar más como docente. “Lo más similar fue más tarde que trabajé en una ludoteca, pero las condiciones eran pésimas. Empezando porque no querían asegurarme y además me dejaban sola con unos 30 o 40 niños aproximadamente de diversas edades. Eso dificultaba la labor, porque cada edad tiene unas necesidades diferentes”. También trabajó en una guardería, con mejores condiciones, cobrando 6 euros la hora y llegando a ser tutora de una de las clases.  

Irene Mompó, graduada en Magisterio de Educación Infantil. FOTO: E.ESCORIZA.

Actualmente trabaja en una pequeña taberna como camarera. “Es la primera vez en mi vida que me dedico a la hostelería, nunca antes lo había hecho. Y las condiciones son muy buenas. Creo que es el primer trabajo de todos los que he tenido hasta ahora que mejores condiciones tiene. Pero claro, no es algo a lo que me quiera dedicar de por vida, porque es un trabajo muy sacrificado”. Mientras tanto, Irene sigue buscando un puesto como docente enfocado a su formación. “Con la carrera de magisterio, además de ser una carrera 100% vocacional, no consigues nada a menos que luego oposites o que tengas un enchufe como una alargadera y consigas un puesto en un colegio concertado o privado, que no es mi caso”.  La joven asegura que está esperando un momento más favorable para opositar, ya que en estos últimos años han salido muy pocas plazas. “El hecho de opositar también significa hacer un esfuerzo enorme sin llegar a saber muy bien cuál será tu futuro, porque estudias un poco a la deriva”.  

“En Cádiz, que es una ciudad con muy pocos recursos, la gente se acaba acomodando en trabajos que no tienen nada que ver con su formación”

“En Cádiz, que es una ciudad con muy pocos recursos, la gente se acaba acomodando en trabajos que no tienen nada que ver con su formación”. En esta provincia, y sobre todo en Andalucía, la gente se ha acostumbrado a la supervivencia provocado por la situación económica que siempre azotó a la zona. “Yo puedo darme con un canto en los dientes, porque tengo amigos que también se dedican a la hostelería y viven para trabajar con unas condiciones pésimas”. Aun así, a sus 29 años sigue viviendo con sus padres. “Yo he dado con un sitio con unas condiciones exquisitas, pero de ahí a que pueda pagarme sola un alquiler de 500 euros para arriba… estaría muy justa y acabaría pidiendo ayuda a mis padres, cosa que no quiero. Para eso no me independizo”.   

La visión política es la misma que la de los demás. “La salida de Rajoy es una celebración suprema, pero también existe un poco de miedo a lo que vaya a venir ahora. Sinceramente, cuesta mucho pensar que va a haber un político que gobierne en condiciones un país. Estamos acostumbrados a tanta mierda, hablando vulgarmente, pero es que es muy difícil pensar que va a llegar una persona que haga las cosas bien”, concluye.

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