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José María, el hombre de las 300 donaciones

Comenzó a donar con 19 años y con 55 ya suma las tres centenas. Todo un ejemplo en el Día Mundial del Donante

Cada 14 de junio, todo el planeta celebra el Día Mundial del Donante de Sangre. La fecha conmemora el nacimiento del austriaco Karl Landsteiner, patólogo, biólogo y Premio Nobel en 1930, descubridor de los grupos sanguíneos ABO.

Si de algo puede enorgullecerse España es de la solidaridad de sus habitantes. No solo es líder mundial en trasplantes y donaciones de órganos, también de sangre. Con 25,41 donantes por cada mil habitantes supera la media europea (22 por cada mil) y según los datos de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia, el número total de donaciones de sangre en 2016 —último año de los que se tienen datos— rozó casi los 1,7 millones.

Parte de culpa de esos buenos datos los tiene el puertorrealeño José María Repiso Otero, 55 años, probablemente el mayor donante de España en estos momentos. Este pasado 13 de junio, un día antes de conmemorarse la efeméride mundial, realizaba su donación número 300 en el Centro de Transfusiones Sanguíneas del Hospital Puerta del Mar, de Cádiz. Desde que realizara su primera hace 36 años, 116 han sido de sangre y el resto, plaquetas y plasma. La gran solidaridad de Repiso lo dice el hecho de que la hermandad de donantes de España distingue con el título honorífico de gran donante al hombre que supere las 75 donaciones —60 en las mujeres—. Él ha sobrepasado esa cifra con creces.

Su primera vez la recuerda perfectamente. Con 19 años y trabajando en Dragados llegó una furgoneta buscando donantes. La extracción la realizó en el botiquín de la empresa. “Algo dentro de mí decía que tenía que hacerlo”. Desde entonces, no ha dejado nunca de donar: sangre cuatro veces al año, como está establecido, y plaquetas y plasma cada catorce días. Él, cero negativo, presume además de tener “la mejor sangre de todas”.

José María, durante su tricentenaria extracción. FOTO: MANU GARCÍA

Su pareja, con la que lleva casi ocho años, también se ha hecho donante. Ya ha realizado casi sesenta. “Empezó a donar conmigo. Casi la obligo, —bromea— porque vengo a donar y se suma al tema”. Sus hijos, ya adultos, también donan. “Y no les he dicho nada. Viene de ellos”.

José María no entendería su vida sin donar. La sensación de saber que está colaborando por una buena causa, que puede estar ayudando a salvar una vida, es lo que más le llena. “En el tema de la sangre es más abstracto, porque es muy difícil saber a quién va, pero con el plasma sí he sabido más de una vez que iba para personas con leucemia”.

El donante puertorrealeño incluso llega a definirse de “un poco pesado”. “Normalmente no fallo en mis citas y los facultativos y ATS me dicen que descanse un poco, que tengo ya cicatrices en los brazos, pero yo me encuentro bien y mientras pueda lo seguiré haciendo”. Esa misma implicación la pide para la administración sanitaria. “El SAS no está a la altura de los donantes y los facultativos a la hora de promocionar las donaciones. Las personas que necesitan sangre necesitan mayor actitud por parte de la administración. Y luego no es normal que los centros de transfusión cierren las tardes de verano porque, en teoría, acude menos gente. Con que vaya una persona a donar ya está ayudando a salvar una vida”.

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