Cultura

José Ignacio Franco, de dar clases de guitarra en un sótano a impartirlas en su academia y por ‘Skype’

El guitarrista jerezano, cuyo idilio con este instrumento dura ya más de 30 años, cuenta con más de un centenar de alumnos en su escuela física (o virtual) de Jerez. En paralelo, trabaja en relanzar su carrera como solista

La pasión de José Ignacio Franco (Jerez, 1978) por el flamenco le viene desde muy pequeño. Con apenas diez años él cuenta que vivió una especie de revelación que le hizo enamorarse de una compañera de viaje que lleva ya más de 30 años acompañándole: la guitarra. “La primera vez que escuché una guitarra sonando en directo fue un impacto enorme. Salí corriendo a casa de mi abuela a buscar una guitarra”. Fue entonces cuando decidió empezar a formarse con grandes artistas de la tierra como El Carbonero o José Luis Balao. Su escalada fue muy rápida y siendo aún un crío, con apenas 19 años, comenzó a acompañar al Capullo de Jerez por los festivales más importantes de todo el país. Tras estos vinieron las giras mundiales con Paco Cepero.

Precisamente a esa edad fue cuando comenzó también a dar clases en el sótano de su casa. “Iba echando papeles en los buzones de la gente para que se apuntaran. Llegó un momento en el que mi madre ya empezó a molestarse porque estaba todo el día entrando y saliendo gente de casa y decidí buscarme un local”. Cuenta cómo la inquietud de ser profesor la ha tenido desde pequeño para poder compartir la música con los demás. Tras pasar por varios sitios ahora se asienta ahora en la avenida de Medina Sidonia, muy cerca del Parque Atlántico, donde cuenta con más de 100 alumnos y ofrece diferentes tipos de clases y talleres. “Intentamos seguir siempre un hilo conductor y emparejarlo siempre con las clases de acompañamiento al cante. Este mes de septiembre, por ejemplo, hemos estado trabajando la bulería”. Además, también ofrece clases a través de Skype a alumnos en Madrid, Bilbao, París, Gante e, incluso en México.

José Ignacio Franco durante una clase en su academia. FOTO: MANU GARCÍA.

José Ignacio reconoce que es un “cantaor frustrado desde que era pequeño. Cogí la guitarra porque yo quería cantar, lo que pasa que ni tenía ni tengo voz para cantar”. A lo que sí se ha dedicado es a grabar varios temas en solitario, aunque la falta de tiempo le impide dedicarle todo el tiempo que necesita para lanzar su primer trabajo. Hace unos años grabó Bolonia, que puede escucharse a través de redes sociales, y afirma que tenía grabados otros dos más. “Voy a hacer todo lo posible para en febrero lanzar uno más. No tengo prisa, me gustaría hacerlo con un videoclip”.

Cuenta, además, cómo en los últimos años ha aumentado el interés femenino por la guitarra y afirma que ya no existe diferencia entra hombres y mujeres en este aspecto. “Antes el 90% de los guitarristas eran hombres, hoy en día en la academia la proporción está ya en un 50-50”.

Tras colaborar con un gran elenco de artistas dice haber aprendido un poco de cada uno y se considera un afortunado por haber nacido en la ciudad de Jerez. “Aquí he tenido una universidad desde que empecé a tocar con Paco Cepero como maestro, El Carbonero, Balao, Moraíto, su hijo Diego, Fernando de la Morena… Me han enseñado muchísimas cosas”. Pero si tuviera que valorar una cosa precisamente en un artista, José Ignacio lo tiene claro. “La personalidad, se tiene o no se tiene. Es lo más difícil. Se puede aprender a afinar, a tener compás… Todo eso se trabaja. Pero la personalidad nace contigo, es tuya”.

Instrumentos musicales, merchandising flamenco, clases no solo de guitarra (hasta de violín flamenco) y de tarde en tarde, actuaciones y encuentros con artistas. Así es la Academia de Guitarra Flamenca de José Ignacio Franco en Jerez, un centro cultural que ya empieza a convertirse en baluarte jondo más allá de las vías del tren.

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