Cultura

Javier Ruibal: “Tuve una época rockera, pero me alegro de que me diera por intentar cantar poesía”

El cantautor portuense estrena Goya por 'Intemperie'. "El cine era lo que ponía un poco de color a los años difíciles". "Me acordé de Pablo Carbonell, él me dio la confianza para poner música a las películas con 'Atún y Chocolate'"

Javier Ruibal (El Puerto de Santa María, 1955) está marcado por el cine y la poesía. Lo cuenta él mismo. Y en su agradecimiento por el Goya a la Mejor Canción Original, se marcó sus versos, esos que apelan a la libertad, a la justicia y a la infancia. Cantando a ‘Intemperie’ por los niños tristes de la Guerra Civil. Como cantó al paraíso de los tunantes en ‘Atún y chocolate’, de la recordada película de Pablo Carbonell que transcurre en Barbate.

Antes que nada, ¿cómo se siente con este Goya?

Muy halagado, sorprendido, encantado, maravilloso, pletórico.

¿Se lo esperaba?

No sé, es como una ruleta. Lo que sí sabía era que tenía apoyo de muchos actores, actrices, y del gremio, que son amigos, que sabía que me iban a votar. Pero no basta con eso, tiene que haber un quórum. Y lo hubo.

¿Ha sido usted muy peliculero a lo largo de su vida?

Toda la vida, yo vivo en una película, pensar que uno se va a dedicar a la música así como capricho de chaval y que has llegado haciendo lo que te complace, pues mi vida es una película fantástica. Me crié con el cine. Me hacía crecer. En el Moderno, España, Florida, Principal, el Macario, en todo los de El Puerto, y en Sevilla, donde viví, y en Écija. El cine era fundamental. Y era lo que ponía un poco de color y alegría añadida a aquellos años difíciles en lo que todo estaba atado y bien atado.

La música es un bálsamo. A mí me ha salvado y espero que me siga salvando, incluso de deudas, que no es decir poco”

¿A qué película que le haya marcado en su vida, además de a Intemperie, le habría gustado hacerle una canción?

América, América, de Elia Kazan. Hay muchas películas. Pero esa fue de las que cuando la vi, y mira que era en blanco y negro, me impresionó por cómo mostraba el desamparo del inmigrante. Me marcó muchísimo.

¿De qué se hablará en el futuro cuando hagan películas sobre nuestro tiempo? ¿Qué dirán de nosotros películas como Intemperie o tantas otras?

Si las películas hablaran de este tiempo, no sé, dirían, “acordaros de cuando todavía el mar estaba medio limpio, los hielos no se habían derretido, y el abuso del capitalismo no había llegado al infierno en que estamos ahora”. Para 2100, por ejemplo.

Ya le pudieron dar un cabezón con una canción a ritmo de tres por cuatro gaditano. ¿Le habría hecho más ilusión ganarlo por Atún y chocolate?

Me habría gustado ganar las dos veces (ríe), y por Lejos del mar, de Imanol Uribe, que se quedó en la candidatura. Es algo excepcional. Me acordé de Pablo Carbonell cuando subía a recoger el Goya. Él fue el primero que me dio confianza para hacer música en las películas. Atunes en el paraíso se ha convertido en una canción que la gente conoce, aunque la tenga olvidada en mis conciertos. Ganar es muy bonito, si no es doblegando a otro y siendo juego limpio, como en este caso.

Iba usted para médico y llegó a tercero de carrera. Quizás sea ya una pregunta típica, pero, ¿la música es buena para la salud?

Es típica pero es verdad, es una meditación. A quien le gusta, la imaginación se le dispara. La canción pinta la escena, que pertenece al terreno de la emoción y nos hace más libre. La música es un bálsamo. Tenía que volver a las escuelas. Yo creo que desde el Estado hay que incorporarla de nuevo, porque los niños se educan y crecen.

El arte es algo más cotidiano para nosotros que en otros lugares”

¿De qué le ha curado a usted la música?

A mí, de la esquizofrenia clásica de qué hacer con mi vida. Además, por un lado, dándome la satisfacción de que la gente te apoye. Mi ego tuvo la dosis suficiente con la música, no lo he necesitado con otras cosas. A mí me ha salvado y espero que me siga salvando, y de deudas, que no es decir poco.

Ahora, su hijo le sale músico. ¿No le gustaría verle con bata blanca? ¿No estaría usted más tranquilo y orgulloso?

Yo siento mucho orgullo, y estaría igual de orgulloso si fuera médico. Mucho más que si fuera especulador financiero, entonces tendría vergüenza.

¿Cómo supo que la música era lo suyo?

Lo supe cuando escuché el disco Hard day’s night, de Los Beatles. En casa de un amigo de mi hermano. Vi la portada, multiplicadas las caras de ellos en blanco y negro. Entonces yo lo supe, me fui derechito para la guitarra. Tenia empeño y lo supe, soy feliz de que se me encendiera esa bombilla

El Puerto no deja de ver crecer poetas, y usted, siendo cantautor, es músico y a la vez poeta. ¿Siente que le da la mano generacionalmente a Alberti?

Yo hago la ola, yo me hago genuflexión delante de él, de poetas insignes de este epaís, de esta lengua que es maravillosa, con poetas impresionantes por todo el mundo. Agradezco que me diera por evocar la aventura de los cantautores. Tuve una época rockera, quise ser Jimmy Hendrix. Pero me alegro de que me haya dado por ahí, por intentar cantar buena poesía y buenos textos sobre música. Es otro mundo apasionante.

Javier Ruibal, durante el último Noches de Bohemia. FOTO: MANU GARCÍA

¿Por qué habiendo tanto talento aquí necesitan los artistas marcharse fuera, a Madrid, como usted?

Es que no es un problema de los músicos, sino que hay poco consumo cultural en general, en todas partes. Y claro, para sobrevivir hay que moverse. Me quedaría en El Puerto. Cariño se nos tiene y se sabe que nuestra tierra es talentosa, y el arte es algo más cotidiano para nosotros que en otros lugares. Estoy orgulloso de esto, no importa tanto tener el nido aquí y piar allí. Yo sigo en movimiento, como siempre.

Fue pregonero del carnaval. No sé si sigue el concurso. ¿Se animaría a componer alguna agrupación?

Quién sabe, me hace mucha ilusión, pero, como dicen, zapatero a sus zapatos. Y se debe respetar el oficio de los demás, los carnavaleros saben cómo son las tripas de esto, yo soy un aficionado. Estoy pendiente, aunque entre conciertos y esto de los Goya no me ha dado mucho tiempo. Ahora sí. Y tuve la suerte de ir al ensayo general del Selu, que este año va a ser espectacular, aunque siempre lo es, pero este año es magnífico.

¿Es más de la calle?

Muy de calle, y claro, deseando que llegue el carnaval.

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