Opinión

Un jardín abandonado

La nostalgia me invade siempre que voy a casa de mis padres. Mi cuarto sigue estando intacto, como si nunca me hubiese ido, aunque ya hay indicios de que mi hermana ha ido conquistando lentamente mis viejos territorios.

La cosa cambia cuando miró por la ventana. Recuerdo con cariño el jardín que ese extendía por el espacio entre los bloques. El exuberante ficus, los frondosos pinos y el aroma embriagador de aquellas rosas, casi silvestres.

Poco a poco todo se abandona. Las flores se secaron y la maleza fue creciendo a la sombra de los árboles, luego llegaron las alimañas y finalmente los gatos. Pero aun en la decadencia había belleza, pues de las malas hierbas brotaron nuevas flores y los felinos, aunque se pasaran el día retozando, alegraban la vista con su encanto natural.

Ahora todo es gris más allá de mi ventana. Arrancaron las flores y las plantas, talaron los árboles hasta las raíces y echaron gravilla sobre el suelo, con la esperanza de que nada volviese a florecer. Sólo uno de los viejos pinos sigue aún en pie, callado y seco, como un anciano solitario que espera la inevitable llegada de la muerte…

Cuando mi amigo David Ocaña, profesor del I.E.S. Asta Regia, me pidió que escribiese algo sobre la Biblioteca Pública de San Telmo, mi mente se fue directamente a aquella ventana en la que tantas horas pasé observando las flores y los gatos.

Me dijo que el alumnado se iba a manifestar para que volvieran a abrirla, ya que muchos de ellos no tenían un sitio donde estudiar, quedar para hacer sus deberes o simplemente dedicar su ocio a la lectura.

Sé que es difícil ser estudiante en esas edades, y que la cosa se complica si trasladamos el caso a zonas especialmente desfavorecidas. Pero también sé que a las flores les cuesta mucho crecer entre las piedras.

Una biblioteca y un jardín no son tan diferentes. Si nos empeñamos en abandonarlos nada florece en ellos, pero si los cuidamos la tierra agradecida nos da frutos.

Es más, ahora que me doy cuenta, parece que ya empiezan a brotar algunas hojas verdes entre la grava suelta. No me importa lo que opinen los vecinos, pienso bajar a regarlas para que crezcan.

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