El fraile de San Francisco.
El fraile de San Francisco.

No se trata de creer o no creer en las casualidades. El mundo entero es una casualidad. Son minutos, en Jerez de la Frontera, en los que uno no se aferra a los bordes del abismo sino que se deja caer al precipicio con curiosidad y elegancia.

Como lo son todas las ciudades, cuando la gente duerme, Jerez es una urbe interesante a altas horas de la noche. A esa hora, es un momento en donde la casualidad no es un lujo, es la otra cara del destino y también algo más. Un intervalo del tiempo en la que únicamente pasean los que ya no tienen tiempo para nada y sus contrapartidas, los que han dominado el tiempo.

En esta ciudad andaluza, es común escuchar relatos sobre los espíritus de frailes que aún deambulan por los pasillos de los antiguos conventos y nunca falta en ella ese rincón por donde se aparece un espectro en repetidas ocasiones.

“Una figura de fraile muy pequeña, de no más de un metro cincuenta de altura, pasó junto a él después de mirarlo brevemente y murmurar un saludo ininteligible”.

Son varios los testigos que se han cruzado con él, en parecidas circunstancias, se refieren a “el fantasma de un monje encapuchado”. A este fraile, al parecer, solo pueden verlo aquellas personas que tienen una sensibilidad especial, más afinada que la del resto de los seres humanos. Y, por supuesto, los médiums y los sensitivos. Aunque, según la doctrina espírita, todos tenemos la capacidad de ver y comunicarnos con los espíritus. Seriamos médiums en potencia, lo que sucede es que la mayoría de nosotros no desarrolla esas habilidades.

Por lo visto, Jerez también tiene un lado oculto y sobrenatural que no todos están dispuestos a presenciar, pero tal vez usted se sienta valiente y quiera acudir alguna vez a la Travesía San Francisco Asís. ¡Es tentar la suerte!

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