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“He pretendido escribir una novela de sensaciones”

Luis Miguel Fuentes presenta en la Fundación Caballero Bonald 'Como llueve en las despedidas', editada por Pura Tinta. Estuvo acompañado por el escritor y filósofo Fernando Taboada

En su introducción, Fernando Taboada quiso dejar claro desde el principio que Luis Miguel Fuentes es “una persona fundamental en las letras, un autor al que hay que leer en cualquiera de sus versiones”. Fernando leyó por primera vez a Luis Miguel en su faceta de periodista: “Porque no se puede hacer crítica de un cosa tan prosaica como es la política habitual, con todas sus suciedades, con todas sus miserias, trapicheos y embustes, como lo hace Luis Miguel. No se puede escribir con más grandeza sobre lo miserable. Lo que más me llamó la atención fue cómo se puede hacer literatura o humor negro con lo ridículo, con ese fondo de pandereta que siempre hay detrás de la política”. Sus artículos nunca dejan mal poso, aunque saquen a la luz lo más negro de la realidad “tampoco te amargan la vida”, al contrario, “te hacen sonreír, que no es poco”, explicó Fernando.

Luis Miguel Fuentes, nos recordó Taboada, es natural de Sanlúcar. Ha sido columnista del diario El Mundo desde el año 2000 hasta julio de 2016, cuando desmantelan la edición de Andalucía. Su trabajo periodístico abarca la columna de opinión y la columna parlamentaria. “No necesita demasiado tiempo —dice Fernando— para convertir en literatura eterna algo que ha ocurrido en cualquier momento”. También ha hecho crítica televisiva —una sección arriesgada, añade Taboada, aunque Canal Sur se lo ponía muy fácil…—. Ha hablado sobre las redes sociales. Ha escrito también en el Diario de Cádiz y La Estrella digital. Y ha recibido numerosos premios, como el Premio Nacional de Periodismo de la Asociación Española de la Carretera, por unos reportajes sobre viajes en autobús. Posee el premio Eduardo Mendicutti de artículos periodísticos. Fue finalista del premio NH de relatos y del Azorín de novela (2009) con ‘Como llueve en las despedidas’.

“No es que el libro sea un pasatiempo burgués o un objeto mercantil, es que lo han convertido en una cosa hortera”

El periodismo suele alimentarse de frases hechas, de tópicos, resaltó Fernando. “Pertinaz sequía”, “rabiosa actualidad”… Se hace un “uso rancio del lenguaje” en los medios de comunicación. Pero Luis Miguel hace todo lo contrario: “Se encarga de buscar la manera de retratar cualquier situación con el adjetivo que te pega una punzada, pero sin recurrir al surrealismo o al dadaísmo… Si tiene que retratar a nuestra presidenta autonómica dice, por ejemplo: Virgen de pescadores a la que le apuntan los milagros de que salga el sol y el viento se achante. Especie de panadera sentimental de la nada… Y de Rajoy: Paraguas que se ha dejado olvidado Aznar… De ciertas políticas andaluzas dice: Peronismo rociero o socialismo marismeño. Cuando nos acerquemos a la novela Como llueve en las despedidas no debemos cometer el error, la injusticia, de buscar ahí al periodista”, remarcó Taboada. “Estamos ante un libro de estructura compleja, lleno de espectaculares metáforas. No se trata de una novela de grandes aventuras…”

Luis Miguel Fuentes nos habló del origen de la novela y de su concepción de la literatura. Y lo tiene muy claro. La literatura se tiene que distinguir del cine, de la televisión, del cuento de campamento… “No es que el libro sea un pasatiempo burgués o un objeto mercantil, es que lo han convertido en una cosa hortera: es un chicle que se masca, un consolador de bolsillo, un laxante…” Ante tanta banalidad, Luis Miguel nos recuerda que en literatura “la lengua sólo tiene una cosa que hacer, y es decirse a sí misma”, como afirmaba Umbral. La lengua y el ser humano diciendo sobre sí mismos todo lo que pueden expresar, con cada palabra, con cada idea. Unir palabras para que brote el misterio, para que surja la realidad. Por eso la poesía es la más alta literatura, señaló Luis Miguel. Como la poesía es demasiado fragmentaria, “si la colocamos en un caja más grande, con personajes, con historias, más allá de la mera narración de cosas que ocurren, si buscamos ese marco, ese pasamanos que dé continuidad al lenguaje poético”, quizás surja un novela que permita reflexionar sobre lo humano, que es lo que ha pretendido el autor. Sin caer en el esteticismo o en el formalismo, insistió en que “la forma también es fondo”. Pudimos dialogar unos minutos con el escritor.

¿De qué trata esta novela?

Esta novela surge de una historia que me encuentro. Me hablan de una carta que se conserva en el Archivo Municipal de Sanlúcar de un capitán francés del ejército napoleónico hecho prisionero tras la batalla de Bailén. Y la verdad es que me parece muy interesante la historia que se sugiere en la carta. Pero yo no decido hacer una novela histórica. No quiero hacer una reconstrucción de la Guerra de la Independencia para contar la historia de este hombre, sino que, como la historia era un poco de amor, lo que hago es coger su historia y la de un profesor universitario de nuestra época que encuentra esa carta, un profesor que está entre dos amores que también le obsesionan. Y voy contando las dos historias, que al final tienen un sentido común, unos sentimientos comunes, digamos, y quizás un destino común.

La novela tiene un estilo bastante poético…

Lírico, prosa poética, sí, esas locuras que a veces hacen los escritores. No es una novela al uso. No es una novela corriente, ni verbalmente, ni en cuanto a estructura. No tiene diálogos. Está dividida en unos capítulos que son prácticamente como fotogramas, como cuadros. Y es lo que yo quería hacer. Me negué desde el principio a realizar una novela histórica. Con una excusa histórica, sí he intentado hablar de algo universal, como en este caso son historias de amor. Un tema recurrente en la novela es el sentimiento de pérdida y de esperanza.

¿Cuáles son sus modelos literarios?

A mí me acusan siempre de ser muy umbraliano. Y debo reconocer que a mí Umbral me impactó mucho. Pero me impactaron también los de la generación del 27, Pessoa, Proust… La literatura no tiene que limitarse a narrar o contar historietas. Tiene que hacerlo con profundidad. Y debe hacerlo con profundidad humana y lingüística. Tiene que hacer que la lengua sea capaz de expresar todo lo que puede expresar la lengua. Y no dar concesiones a la facilidad. ¿Cómo lo llamamos? Ha habido gente que ha dicho que mi novela era impresionista. Hay gente que ha dicho que era cubista. Suelo citar un término que aplicaban a Pessoa. Era el de sensacionista: intentar transmitir sensaciones. He dicho muchas veces que esta novela pretende ser una novela de sensaciones, que transmita no sólo lo que pasa, sino también las sensaciones sobre lo que pasa.

“Utilizo mi libro como una reivindicación o cruzada por una literatura diferente”

Entonces la literatura como mero entretenimiento… 

La literatura como mero entretenimiento, la escultura como mero entretenimiento, el cine como mero entretenimiento… sí, pero una cosa es el entretenimiento y otra el arte. Y lo que yo quería hacer con este libro era arte, literatura con mayúsculas, buena, con la que me sintiera a gusto. Que la gente lo tiene para estar en el wáter, para viajar en el metro o para consolarse… Yo quiero hacer otra cosa, algo que aspire a más.

También ha escrito relatos, incluso has sido finalista del premio NH…

Sí, escribí un relato que llegó a finalista y prácticamente no he vuelto a escribir más. Escribí dos o tres más que no llegaron a ningún sitio y ya directamente lo que me propuse fue hacer una novela, que me llevó mucho tiempo. No sé si entré en la literatura por el periodismo o en el periodismo por la literatura. Desde el 96 he estado escribiendo artículos. Desde el 2000 he estado en El Mundo, hasta que el año pasado prácticamente se cargan la edición de Andalucía, la dejan sin páginas de opinión… Si lees mis artículos, verás que siempre han tenido una intención muy literaria. Ya podía ser una crónica parlamentaria o de un congreso o un acto del PSOE, del PP, o quien fuera, siempre he intentado introducir la literatura, porque siempre he pensado que la literatura es lo que mejor expresa la realidad. Hay una frase que nunca se me olvida de Félix Bayón, que me la dedicó una vez que gané un premió y él pronunció el discurso. Me dijo que la poesía no es otra cosa que la exactitud. Y por eso el periodismo no puede dar la espalda a la poesía. He intentado hacer lo que Umbral llamaba periodismo de arte. Y al final eso ha desembocado en una novela o anti-novela que recoge toda esa intención literaria.

¿Cómo es su proceso creativo? ¿Influye el periodismo, por ejemplo, en que los capítulos sean cortos…?

No, porque realmente lo que hace que los capítulos sean cortos es mi intención de hacer flashes, fotogramas, cuadros, y que la novela sea una especie de paseo por una pinacoteca. Me di cuenta de que quería expresar una situación, un momento, un instante con estas sensaciones, y no puedo estar seis páginas… Está esa mujer desnuda en la cama y su amante la está contemplando… Esas son las sensaciones, y ya está. No puedo dedicar seis páginas. Es verdad que es una novela un poco estática, en la que la historia se va contando a través de eso, de imágenes, como si te contasen unas vacaciones a través de fotos. No te cuentan todas las vacaciones, pero viendo las fotos te puedes hacer la idea de cuál es la historia. Hay que hacer una especie de reconstrucción del puzle de los fotogramas, que además van hacia adelante y hacia atrás en el tiempo. La estructura es complicada.

¿Cómo ve el panorama literario alguien que viene del periodismo? ¿Cuál es el camino hoy en la literatura? Usted se ha presentado a algún premio…

Utilizo mi libro como una reivindicación o cruzada por una literatura diferente. Y no quiero decir que yo haya hecho una literatura para morirse… Pero la industria editorial ahora tiene un modelo, el modelo de libro que se vende, el modelo de libro fácil, el modelo que te dice “diálogos ágiles y fluidos, novela ágil, que la gente entre fácilmente…” Y la industria ha terminado devorada por todo eso, pero creo que equivocadamente, porque en los años sesenta o en los ochenta las grandes editoriales apostaban por cosas verdaderamente interesantes, con calidad y arriesgadas. Ahora no. Sigo diciendo que hay literatura para muchos públicos. Pero ahora parece que solo hay una literatura: que hagas una novela y metas a un templario con una monja que ayudaba a una reina que… Y te sale una prosa de costurera o de capitán de corbeta. Y no tenemos otra cosa en literatura, la novelita histórica, para que la gente se crea que por haber leído dos novelitas ha aprendido mucha Historia… Pero para aprender Historia ya están los libros de Historia. La literatura debería intentar otra cosa. La industria está mal, pero yo creo que equivocadamente. La industria está cerrada y solo quiere lo mismo. Quiere esa fábrica de galletas que haga siempre lo mismo. Cuando no es un libro sobre un rey es sobre otro. Cuando no es con un misterio es con otro… Y estamos ahí entre la telenovela y el Cuarto Milenio. Y poco más.

“He dicho durante mucho tiempo que se hacía mejor literatura en los periódicos que en los libros. Lo que ocurre es que eso también va cambiando”

¿Quizás haya hoy más creatividad en el artículo periodístico?

He dicho durante mucho tiempo que se hacía mejor literatura en los periódicos que en los libros. Lo que ocurre es que eso también va cambiando. Hace un año que no escribo en El Mundo, y la gente me dice “es que en tu tipo de artículo prima más el análisis”, claro, el análisis plano del que habla como un prospecto de medicina cuando habla de política. Y tampoco se enteran los periodistas de que el periodismo trabaja con palabras y que el arte de la palabra sigue siendo la literatura. Y que la literatura sigue pudiendo describir muy bien lo que está pasando, políticamente, socialmente… Y que nada va a poder describirlo mejor. Por un lado está el analista, el que te dice que Susana en el PSOE va a hacer esto o va a hacer lo otro. Pero luego está el que es capaz de describirte con todo el poder del lenguaje cómo estamos viviendo ahora en esta época. Eso es una misión del escritor de periódicos, que sí se está perdiendo. Está el analista, el experto en política, pero se está perdiendo la figura del escritor de periódicos: hacer literatura con la actualidad.

¿Qué proyectos literarios tiene?

Pues estoy con mi segunda novela. También tengo un proyecto un poco raro, que es transformar esta novela, “Como llueve en las despedidas”, en una obra de teatro, convertir una novela que no tiene diálogos en una obra de teatro… Serían dos monólogos enfrentados. Los dos personajes principales, el capitán francés y el profesor universitario que encuentra su carta. Unas especie de enfrentamiento de monólogos. Y también estoy intentando que algún periódico me vuelva a dar un espacio, algo que no parece muy fácil ahora.

¿Está complicado el oficio de periodista?

La verdad es que nunca me he sentido periodista. He hecho casi todo en periodismo, excepto información pura y entrevistas. He realizado crónicas, reportajes… Siempre me he considerado escritor de periódicos. Soy un escritor que en lugar de hacer una novela coge la actualidad y escribe un artículo de un folio, siempre con intención literaria. No sólo se trata de contar la realidad, sino introducir ahí la literatura que hace que la gente lo sienta. Se trata de que la actualidad salpique a la gente de verdad. No sólo decir que hay pobres, sino que sientan qué es la pobreza. No sólo decir que hay corruptos, sino que sientan qué es la corrupción. Y eso hay que hacerlo con metáforas, con recursos literarios.

Por último, ¿de qué trata su nueva novela?

Si esta es una anti-novela histórica, la siguiente sería una anti-novela negra. Siempre he sido anti, y lo voy a seguir siendo.

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