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“He dejado aquí 30.000 euros; tuve que volverme a vivir con mis padres”

Una treintena de afectados por dos promociones de cooperativas de Rochdale paralizadas desde 2012 protestan ante la sede de Bankia en Jerez. Reclaman las cantidades que invirtieron como anticipo y que no les han sido devueltas.

Una treintena de afectados por dos promociones de cooperativas de Rochdale paralizadas desde 2012 protestan ante la sede de Bankia en Jerez para reclamar las cantidades que invirtieron como anticipo y que no les han sido devueltas.

Virginia, Patricia, Antonio José, Rosario, Daniel, Yaiza… Son algunos de los nombres de los 69 demandantes -a los que se adherirán una treintena más en breve- que piensan llevar a los tribunales a Bankia por permitir que Rochdale, gestora de cooperativas de viviendas jerezana, abriera cuentas sin un seguro que garantizara que podrían recuperar sus aportaciones en caso de incumplimiento de contrato. Como así ha ocurrido. Este fin de semana se han concentrado a las puertas de la antigua Caja Madrid, en plena calle Larga. No estaban todos pero sí una nutrida representación de unos afectados que ahora, gracias a un bufete de abogados madrileño, “sí tenemos un poco más de fe por recuperar nuestros ahorros”. “Olvídate de Rochdale, esos ya se han ido de rositas, ahora hay que ir por el banco que lo permitió”, convence Raúl Domínguez, uno de los afectados, a otra de las jerezanas, especialmente dolida con la promotora jerezana. Todos ellos perdieron todos sus ahorros con esta inversión inmobiliaria fraudulenta que llevó a unas 200 familias de la ciudad a aventurarse en comprar unas casas que jamás habitarán.

Es el caso de Ana Barroso, enfermera de 31 años, que se metió hace “seis o siete” en un piso para independizarse y hacer algo con el dinero que tenía en el banco, tal y como le aconsejaba su padre. “Me metí sola, con los ahorros después de trabajar diez años. 30.000 euros he dejado yo aquí, me quedé con una mano delante y otra detrás. Me metí con mucha ilusión en el piso pero veíamos que llegaba la fecha y no se movía nada”. Ahora lleva unos cuatro o cinco meses parada pero en aquella época, cuando la crisis estaba a punto de hacerse una más entre nosotros, “tenía tres trabajos: en el hospital, en la ambulancia, cogía todo lo que me iba saliendo”. “Pagaba una letra de 450 euros todos los meses, pagué hasta la entrega de llaves, y al final nada, tuve que pedir dinero a mis padres, tuve que volverme a vivir con mis padres y empezar otra vez de nuevo. Pagarle a todo el que debía y ahora estoy en un piso de prestada”, relata con un tono de voz que se mueve entre la delgada línea que va de la indignación a la resignación.Son las diez de la mañana de un sábado frío de noviembre. El centro de Jerez empieza a desperezarse. Hay murmullo en la puerta de la sede de Bankia. Desde el bar La Canilla ven el movimiento: “¿Quiénes son esos, el banco no abre hoy, no?” “Serán de una protesta, seguro”. Ante la entidad financiera hay concentrado un grupo de unas treinta personas. Tienen permiso previo de la Subdelegación del Gobierno. En su mayoría, gente joven. Quieren tratar de recuperar las cantidades que depositaron como aval para las viviendas que ya saben que nunca podrán habitar: una media de 20.000 euros por cada uno de los alrededor de 100 afectados. A la cabeza de todos, como improvisados portavoces, Raúl Domínguez y Juan Antonio Rosado. Dos treintañeros miembros de las juntas rectoras de las cooperativas creadas para levantar las promociones de Rochdale: Pinar de Mirabal, con 45 unifamiliares de renta libre, y Jardines de Caulina, 178 viviendas de protección oficial en bloques de pisos.

‘Bankia queremos nuestros ahorros’, reza el cartelón que han pintado sobre la marcha. Cerca de Ana está Rocío Lloret. Viene con su padre a la concentración. Con 22 años invirtió en su nueva vivienda. La ilusión de emanciparse, de tener su flamante piso. Todo se derrumbó. “Yo le decía: Rocío, habeis entregado mucho dinero y ahí no se ve nada. Hicieron otra promoción en la calle Pizarro, y con el dinero de esta gente lo metieron allí”, apunta su progenitor. Actualmente está en paro y, “afortunadamente, no tengo niños; hubo parejas con hijos que tuvieron que dejar sus casas porque iban a irse a un piso y al final se tuvieron que quedar con sus padres. Se comieron su dinero y no tienen nada de nada”. “Nos dejaron tirados”, lamenta, tras invertir “27.000 y pico de euros para nada”. “Siempre estaban dándonos largas, nosotros poniendo cantidades y las obras seguían igual. Confiábamos en ellos y seguíamos adelantando cantidades, hasta que ya nos enteramos de que nos habían estafado”. El mismo sentimiento de fraude tiene Ana: “Te hacen elegir unas losas que nunca pisarás, y sigues pagando aunque te entre el miedo. Hay gente incluso que se casó, con niños, y vieron que no llegaban y se metieron en otra hipoteca. No hay dinero que te devuelva el tiempo invertido en aquellos ahorros, tiempo que le he quitado a mi familia”. 

Los demandantes llevan a Bankia a los tribunales porque consideran que presuntamente autorizó de forma indebida la apertura de cuentas bancarias a nombre de Rochdale, “sin que ésta contase con un aval o un seguro que garantizase la devolución de su dinero en caso de que, por cualquier causa, la cooperativa no iniciase o no entregase las viviendas en los plazos pactados, tal y como resulta obligatorio en virtud de la Ley 57/1968”. El banco debe ser subsidiario de un desastre social y económico para los afectados que la demanda, a la que ha tenido acceso este medio, cifra en 1,52 millones de euros más intereses y costas. Confiado en que la nueva estrategia prospere, Juan Antonio Rosado, otro de los afectados, sostiene: “Ha sido muy complejo llegar a la demanda, estuvimos más de un año con un despacho que no nos resolvió nada y ahora llevamos seis meses con este nuevo de Madrid, que lo ve claro y que tiene más de 20 sentencias favorables en casos calcados al nuestro. Ha sido el primer bufete que le han ganado a un todopoderoso banco por este tema”.

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