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“Hay riesgo de que los partidos ‘anti-establishment’ de 2015 sean sustituidos por Vox”

El sociólogo Ángel Calle participa en un taller de Ganemos Jerez sobre los grandes retos del futuro, que asegura que pasan por las experiencias políticas locales: “En este país cada uno es de su pueblo, el municipalismo no ha muerto”

Ángel Calle Collado ha cambiado sus clases en la Universidad de Córdoba por el valle del Jerte. Allí, en una pequeña parcela que adquirió hace unos años, cultiva cereza ecológica. Este sociólogo, miembro de la Red de Apoyo al Municipalismo (Redinam) y del Instituto de Sociología y Estudios Campesinos, acude a la que considera “una de las ciudades con un carácter más localista de Andalucía”, para participar en un taller de Ganemos Jerez. Un “municipalismo transformador”, tal y como titula la agrupación de electores al encuentro, que se reivindica precisamente en esta fuerza política, nacida a la luz del 15-M y de la ola de experiencias políticas locales que le siguió en todo el territorio nacional.

El investigador, que es un experto en agroecología política, en bienes comunes y en sustentabilidad, ha escrito varios ensayos y obras poéticas al respecto, poniendo ahora el acento sobre los grandes retos ambientales, que a su juicio sólo pueden ser abordados “desde abajo”. En ese camino de emergencia climática, en el que también asumimos la posibilidad de un “colapso energético”, se hace imprescindible, a su juicio, contar con realidades sociales como el cooperativismo.

Un terreno abonado durante años al calor de las opciones políticas localistas, a las que considera una realidad en todo el país desde el siglo XIX. “Desde el movimiento cantonalista hasta las candidaturas locales de los años 80, este país es muy de lo local; cada uno es de su pueblo y de su ciudad”, dice durante el encuentro con lavozdelsur.es. Una sensibilidad política que tuvo un fuerte revival hace unos años con las llamadas candidaturas del cambio, que hicieron que en los ayuntamientos de muchas ciudades llegaran fuerzas ajenas al tradicional bipartidismo.

Viene a Jerez a dar a conocer el último estudio de la Red de Apoyo al Municipalismo (Redinam), la Fundación Entretantos y Betiko. Expresa que en España hay una realidad municipalista singular y única en toda Europa.

Venimos a presentar La dimensión social del municipalismo, en el que analizamos 25 experiencias municipalistas. Lo cierto es que este país es muy de lo local, cada uno es  pueblo y de su ciudad. Desde el movimiento cantonalista hasta las candidaturas locales de los años 80, se ha elaborado un proceso por el cual el municipalismo tiene mucha fuerza. En los últimos años su propósito está ligado a relocalizar la economía, generar derechos desde la ciudad y hacer frente a riesgos como la emergencia climática.

Ángel Calle durante el encuentro con lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA.

Ese municipalismo, bebió mucho del 15-M y de las experiencias derivadas en los años posteriores…

Fue a partir de 2015, con las llamadas candidaturas del cambio, cuando el municipalismo tuvo cierto revival. Es entonces cuando se da un ciclo político institucional. Sin embargo, en lugares con la identidad muy marcada, como es el caso de Jerez, ese municipalismo ya existía y puede calar. El estudio trata de ver experiencias sociales que están en contacto con candidaturas municipalistas, observar qué interpretan ellos con ganar gobierno y economía para la ciudad, y cómo se han visto con este último ciclo político.

A Coruña, Ferrol, Santiago de Compostela, Zaragoza, Cádiz, Valencia, Madrid o Barcelona. Son ciudades en las que en las penúltimas elecciones municipales el bipartidismo perdió y las candidaturas ligadas, en cierta manera, a la indignación y a una praxis más municipalista triunfaron. Sin embargo, hay cierto mal sabor de boca tras los últimos comicios locales de 2019…

Lo hay. Existe el riesgo de que los partidos o candidaturas que en el 2015 representaron el voto anti-establishment puedan caer o estar representadas ahora por Vox. Cuando se llegó a las instituciones hace unos años, con algunas de las experiencias políticas, se puso de manifiesto que los poderes fácticos de la ciudad juegan en contra. Dijeron: “Hay que sacar de la agenda a esta gente”.

Sin embargo, usted considera que el municipalismo no perdió.

El municipalismo no ha muerto. Que no ha muerto quiere decir que una cosa es el ciclo político y otra cosa es el ciclo cultural y social más amplio. Este país tiene unos mimbres, como Andalucía, basados en el localismo, el cooperativismo, y las empresas de economía social ligadas al territorio, que hacen que partidos y lógicas municipalistas funcionen. La existencia de esos mimbres hace que abrir las ventanas del Ayuntamiento para que la gente o que haya co-gestión opine sea posible. A veces se ha interpretado o ha derivado en caciquismo local, pero eso siempre ha estado.

La jornada de taller sobre municipalismo organizada por la agrupación de electores Ganemos Jerez. FOTO: MANU GARCÍA.

Parte de ese municipalismo ha estado representado históricamente por partidos como Izquierda Unida, con fuerte implantación en los municipios y en las agendas locales.

En efecto, forma parte del ADN político de nuestro país. Esas variables de nacionalismo periféricos, cultura local, manejos comunales, importancia del abanico, hace que este país, o país de países, sea así. Lo municipalista tiene una lógica diferente. A partir de 2015 se expresó a través de diferentes candidaturas y en el 2019 cambió el ciclo. Hay que analizar en qué medida desbordó a ciertas experiencias el hecho de estar en las instituciones, que arrolló a sus proyectos, y cómo supuso un distanciamiento con las lógicas sociales, que en ocasiones no coinciden con las lógicas institucionales.

¿Se alejaron algunas de esas candidaturas de sus principios originales?

Hay una parte que dice nos vemos atrapados en la burocracia institucional local y otra parte que dice que es muy difícil cambiar cosas. Voluntaria o involuntariamente hay dinámicas en las que ya dar voz a los sin voz o hablar de derecho a la ciudad se hace complejo, por lo que parte de la ciudadanía pensó que ya no eran ellos los representantes, que había otras fuerzas políticas o que había volver a los de siempre. En nuestro estudio se revisan algunas de esas cuestiones, pero lo que venimos a decir es que el municipalismo, especialmente con la emergencia climática, va a estar ahí, y que tiene más capacidad de hacer y decir cosas que otros movimientos. Con otros problemas como la turistificación o el de la vivienda pasa lo mismo. Puede que ahora no hayan recogido los votos pero continúan en esa dinámica y han trabajado esas realidades. Se trata de entender una forma de ver la ciudad que en vez de venderla sea ponerla en servicio a la ciudadanía.

Se han dado casos, como el de Ganemos Córdoba, en el que la irrupción de una candidatura fake incluso ha roto las esperadas reglas del juego.

En el caso de Córdoba no ha habido ninguna demanda de ningún grupo político. Eso dice mucho de cómo se cierran filas ante la política clásica.

El sociólogo Ángel Calle es miembro de la Red de Apoyo al Municipalismo (Redinam). FOTO: MANU GARCÍA.

¿Son los comunes de Ada Colau, que han salvado el gobierno de la ciudad condal in extremis, esa referencia municipalista?

Para mí no lo son en el sentido de que Barcelona es tan compleja y es tan gran ciudad que bebe de otras dinámicas. Es cierto que hay mucha gestión pública realizada por parte de su Ayuntamiento, como en el tema de la pobreza energética o de la sanidad, donde son más plausibles. Podríamos decir que los comunes representan el ala de políticas de proximidad, pero que hay otros sectores, como en zonas rurales, donde hay una mayor relación con la cogestión, y el cooperativismo. Es el municipalismo entendido como capacidad de gobierno.

De más limitada gestión, imagino. La Ley Montoro, la estabilidad presupuestaria, y las reformas que limitaron la autonomía de las administraciones locales en los últimos años, no han jugado a favor. ¿Hay una labor pendiente en devolver autonomía a los municipios?

Bueno, no se trata de devolver, sino de conseguir. En la Constitución se dijeron que se desarrollarían tres pilares. Por un lado, el Estado, por otro las Autonomías, y por el otro, los poderes políticos locales. Esta última pata no se desarrollo y representa a nivel estatal sólo el 11 o el 12%, cuando le debería corresponder un tercio de la asignación presupuestaria.

El sociólogo durante la charla. FOTO: MANU GARCÍA.

Es difícil ese desarrollo sin un apoyo supramunicipal…

Es que ha habido un desarrollo consciente del centralismo, una política en contra del empoderamiento local. Sin embargo, a pesar de ser residual, la mayoría de fuerzas políticas de todo signo político, consideran que esto de que emerjan fuerzas políticas locales puede significar un desafío para los poderes de los partidos centrales. Hacen una lectura muy vertical, autoritaria y centralista. A ellos no les interesa que haya diferentes reinos. Los municipios juegan un papel importante en la atención básica a la población pero eso implica soltar poder.

Habla de economía social, de co-gestión, de agroecología, de cooperativismo. Iniciativas, todas ellas, que en cierta manera están en la agenda del Ejecutivo conformado hace unos días. ¿Se abre un horizonte con el nuevo gobierno?

Los dos partidos que están en el poder tienen también unas lógicas muy centralizadoras, por lo que les cuesta ver el poder municipal como algo importante. No obstante, han aportado una serie de puntos en clave de favorecer la transición ecológica y el consumo local que puede ser un balón de oxígeno para la creación de un tejido económico diferente. Eso inevitablemente puede contribuir a llevarnos a que la idea del municipalismo cogiera fuerza pero tiene dos lecturas. Por ejemplo, si abres una agenda sobre el reciclaje puedes hacerlo de dos formas: de abajo hacia arriba, o de arriba hacia abajo. Si lo haces de arriba hacia abajo, supone no tocar los privilegios del mercado, como ocurre con la empresa Ecoembes. Sin embargo, si lo haces de abajo hacia arriba, haces que participen actores locales que pueden beneficiarse de ese reciclaje, desde agricultores, composteras a empresas pequeñas. Eso implicaría otra visión de la política, más en clave de co-gestión y no tanto de gestión o de mercado, que desafortunadamente es lo que están considerando ahora.

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