Opinión

Gracias Open Arms

Vivimos tiempos muy oscuros.

Tiempos donde la intolerancia y el odio ha calado en la sociedad. Nos hemos vuelto más narcisistas, más egocéntricos, más desconfiados y más intolerantes.

De la promesa de prosperidad de la segunda parte del siglo XX, de la idea colectiva de un mundo en expansión, que levantaba puentes y estrechaba lazos, se ha pasado a un mundo rácano, en crisis permanente, donde domina la lógica del “sálvese quien pueda”.

Hay luchas que hemos perdido y otras que damos por perdidas, y hay personajes deleznables que han llegado para quedarse y nos envuelven en sus dinámicas de crispación, toxicidad y fobias.

No es nuestro mundo pero nos han hecho sentir que es la única salida posible. Que para prosperar hay que pisar, que para avanzar hay que dejar a otros atrás, que para respirar hay que robarle a alguien el aire. Nos hacen creer que el mundo es una competición donde vencen quien más privilegios suma.

En este nuevo mundo, descuidamos a nuestras personas mayores, dejamos las casas vacías, vaciamos nuestras calles y plazas, quemamos nuestros bosques y nos olvidamos de nuestra memoria.

Vivimos también una época de desafección. Con la política y con los políticos. Con los organismos, con las burocracias, con las sociedades, con la vida.

Y en ese mundo, ha aparecido el Open Arms. Como aparecen, de cuando en cuando, en el telediario y en los periódicos, historias que te hacen creer que el mundo merece la pena. Con ese romántico empecinamiento. Con la convicción de que otro mundo es posible. Enfrentándose a monstruos como hizo David contra Goliat. Con el descaro, el arrojo, la pasión y la autoridad que te proporciona la razón y la verdad.

En ese barco que una vez pude pisar, en ese esqueleto de hierros repleto de humanidad, viajamos, sin hacerlo, muchas personas más. Mucha gente decente que quiere veros surcando los mares y rescatando a quienes estaban destinados a hundirse en la fosa común del Mediterráneo.

De alguna manera, lo poco que nos queda de ilusión, de dignidad, de decencia, de proyecto colectivo a la humanidad, lo que nos une y no nos separa, lo que nos hace grandes y solidarios, lo que nos da vida y esperanza, teje los hilos de vuestra bandera.

La bandera de la humanidad.

Gracias Open Arms.

Etiquetas

Más artículos en esta categoría:

Un comentario

  1. El autor cae estrepitosamente en la manida (y senil) falacia del “cualquier tiempo pasado fue mejor”; ¿cabe algo más “antiprogresista”, más rancio? No perderé el tiempo trayendo a colación el ingente número de datos económicos, sociales, sanitarios, políticos, educativos, &c que desmontan esa falsedad con la pretende “iluminar” la acción delictiva del Open Arms por la vía de tratar de oscurecer el mundo, la realidad. Pero tengo una mala noticia para el autor: el mundo no es ni ha sido ni será el paraíso armónico y fraternal con el que sueña, eso queda para los “hare krishna”, sino que el planeta está repartido en una pluralidad de Estados soberanos, que constituyen una biocenosis y que han de buscar su eutaxia. Esto se traduce en que España no puede (Europa tampoco) acoger a los 1.200 millones de africanos y tiene el derecho y el deber de regular cómo es y cuánta es la inmigración que acepta. Así, ninguna oenegé puede pretender imponernos por la vía de los hechos consumados que aceptemos a cuantos inmigrantes ilegales decidan ellos.
    Al margen de lo anterior, los africanos embarcados en el Open Arms no son náufragos, pues no proceden de un buque en tráfico normal con su tripulación y pasaje perfectamente documentados e identificasos y bajo el pabellón de un Estado que naufraga accidentalmente y han de ser rescatados y conducidos al puerto seguro más cercano para su repatriación lo antes posible a su país de origen, cosa que ellos desean más que nadie, sino que esos embarcados en el Open Arms son personas indocumentadas que han comprado a las mafias libias un puesto en una patera sin condiciones de navegabilidad segura ni pabellón nacional alguno para hacerse a la mar en dirección a Italia o Malta con la seguridad de la complicidad de determinadas oenegés que les “rescatan”, realmente les trasbordan, para, en fraude de ley, tratar de introducirles ilegalmente en Europa mediante la vía de los hechos consunados, obviando que el puerto más cercano está en la costa libia de partida, no en Italia ni en Malta ni, mucho menos, en España.
    Cuando se ilegalicen esas oenegés, se les impongan cuantiosas multas, se les corten las subvenciones públicas y se inmovilicen judicialmente en puerto sus barcos, las mafias libias dejarán de tener colaboradores necesarios en las costas europeas y desaparecerán las pateras, los naufragios y los ahogados.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *