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Fútbol base: el sinsentido de insultar y reprender a niños por dos euros la entrada

La violencia verbal y, en ocasiones, física se ha instalado en campos de albero y césped artificial de Jerez, la provincia y todo el país

El pasado 19 de febrero, en el campo de fútbol Manuel Millán, se vivían unos hechos lamentables. Se disputaba un partido de bejamines entre el San Benito y el Xerez Balompié cuando, en un momento determinado, padres del equipo visitante se quejaban al árbitro de una decisión que perjudicaba a sus jugadores. Eso acabó con una reprimenda hacia ellos por parte del delegado del equipo local, a la vez padre de uno de los jugadores, que derivó en una discusión y posterior pelea. La bronca, en la que parece que participaron hasta cuatro personas, terminó a golpes, puntos de sutura y sendas denuncias en el juzgado.

Recordado fue también el mediático caso de un árbitro de categoría cadete de La Línea, Jesús Tomillero, que después de declarar abiertamente su homosexualidad, era insultado al grito de “maricón” y de “te vas a hartar de comer pollas” por el encargado del material de uno de los equipos a los que arbitraba. Los medios de comunicación de toda España se hicieron eco, así como organizaciones de colectivos LGTB, que denunciaron la homofobia hacia este joven colegiado que, de momento, ha dejado de lado el arbitraje.

Lamentablemente, episodios como estos se están convirtiendo en demasiado habituales en el fútbol base. La violencia y los insultos a jugadores y árbitros se trasladan de los grandes estadios a los modestos campos de albero o césped artificial y en todos estos casos, según las fuentes consultadas por lavozdelsur.es, los principales culpables hay que buscarlos en los padres.

Recordado es el mediático caso de un árbitro de categoría cadete de La Línea, Jesús Tomillero, que después de declarar su homosexualidad, era insultado al grito de “maricón”

Lo dice, por ejemplo, Miguel Zarzuela, histórico dirigente vecinal en la barriada jerezana de Icovesa y presidente, a su vez, del equipo del barrio, la Asociación Deportiva Icovesa Don Bosco, que fundó en 1994. “Nos duele que la gran labor que hacemos muchos clubes en pro de la educación de los niños se quede a veces en nada por muchos padres que pierden los nervios, insultan a los árbitros y cuestionan la labor de los entrenadores”. El propio Zarzuela afirma que más de una vez ha tenido que aguantar “algunas broncas” de padres y madres que ponen en duda hasta cómo se debe de dirigir un club. “Cualquier presidente ha tenido que aguantar eso, y si no, estará por venir. Estamos expuestos a eso, es algo muy normal que los padres no compartan las fórmulas de cómo hay que llevar un club o un equipo”.

Otro veterano del fútbol base de Jerez es Miguel Ángel García, 30 años ligado a este deporte. El actual coordinador del San Benito y técnico de uno de sus equipos cadetes afirma que “lo que veo ahora mismo no es normal, y cuanto más pequeños son los niños, peores son los padres. De infantil para abajo es horrible lo que se oye en los campos”. García piensa que “esto va cada vez a peor. Cuando yo jugaba venían a vernos solo los que verdaderamente les gustaba el fútbol base, no nuestros padres. Hoy día, al ver a tu hijo o a tu nieto, ya no aguantas verle sufrir un golpe o un rocetón, cuando eso es cosa del fútbol, y los chiquillos son los que dan mayor ejemplo. No tiene sentido ver a una madre insultar a un árbitro porque dice que por pagar dos euros ya tiene derecho a ello”.

De malos comportamientos en los campos también tiene experiencia Diego Ossorio Herrera, vicepresidente de la junta directiva de la delegación en Cádiz de la Federación Andaluza de Fútbol y subdelegado de la misma en Jerez. “El fútbol se ha puesto de una manera que todas las semanas en la provincia hay algo. Tenemos que tomar medidas porque si no esto se nos va de las manos”. Ossorio lamenta que lejos de que el fútbol se viva como un simple deporte en el que los niños disfruten y aprendan valores, cada vez esto queda en un segundo plano. “Aquí en Jerez estoy viendo más alteración que otros años atrás. Llegas a los campos y ya no escuchas aplausos, escuchas broncas, insultos a los árbitros y sobre todo esto se ve en los partidos de los más pequeños. Veo menos compromiso de los padres y cada vez se ven más equipos que se retiran de la competición porque se quedan sin críos por culpa de los padres que se cabrean y se los llevan”.

Sin embargo, para el directivo, el componente ‘padre-madre’ no es el único culpable. “Tenemos que poner los pies en el suelo todo el mundo. Empezando por los presidente y siguiendo por los entrenadores, delegados, directivos y padres. A este ritmo no sé a dónde vamos a llegar. Y más sanciones que ponemos no se pueden poner, porque además tenemos un reglamento que llega hasta donde llega”.

Del terreno a la grada

En la Real Federación Andaluza de Fútbol, aun conscientes del problema que existe, no quieren ser tan pesimistas. Rafael Jiménez, jefe de prensa de la entidad y portavoz de la misma, señala que si bien “puede que haya un repunte de la violencia” considera que “de unos años a esta parte podemos decir que se ha reducido”, según datos oficiales que están recopilando y que se darán a conocer próximamente. Esto lo corrobora en el hecho de que “ahora cualquier incidente o denuncia salta a los medios de comunicación, cuando antes lamentablemente no era noticia. En los 80 o 90 era algo mucho más normal”.

Lo que sí tienen por cierto es que la violencia en los campos ha pasado del campo a las gradas, “algo lamentable porque muchas veces ocurren cosas cuando el partido discurre por los cauces normales”. Este fenómeno lo consideran desde la federación algo relativamente nuevo. “Yo he jugado al fútbol de niño y mi padre ni venía a verme ni me preguntaba por el resultado porque entendía que eso era un partido de niños. Ahora van a los partidos los padres, las madres, los tíos, los abuelos, y por cualquier patada o lance normal del juego ya escuchamos gritos, quejas e insultos, cuando precisamente los niños entienden que son cosas propias del juego”.

En este sentido, Jiménez recuerda que los padres “no son agentes federados y ahí no tenemos la potestad de sancionar como sí se puede hacer con jugadores, entrenadores o delegados, que tienen ficha federativa”. En ese caso la ley dice que es el club el responsable civil subsidiario ante cualquier situación violenta fuera del terreno de juego. “Por eso, cuando se produce un tema de violencia física o verbal, desde la Federación Andaluza recomendamos, si la agresión es grave, que paralelamente a la vía deportiva se lleve también a la vía penal, porque es entonces el juzgado ordinario quien puede fallar ese caso”.

Los árbitros, eternos ‘malos’ de la película

Pero si en el mundo del fútbol hay un colectivo siempre señalado, ese es el arbitral, no solo en la élite, también en las categorías más bajas. En la provincia de Cádiz hay federados unos 420 árbitros, de los cuales 85 de ellos son de Jerez. En categorías base, las edades de los trencillas están comprendidas entre los 15 y los 24 años, aunque a partir de los 12 ya pueden empezar a formarse. Hablamos, por tanto, de jóvenes que, del mismo modo que los futbolistas, están en un periodo de formación. Sin embargo, al igual que les pasa a los árbitros mediáticos que dirigen partidos en Primera, también tienen que aguantar insultos de toda clase los fines de semana.

José Antonio Perdigones Pacheco, exárbitro y actual subdelegado del comité de árbitros en Jerez, lo tiene claro. “Evidentemente nos estamos pasando. El fútbol base obedece a un fútbol educativo y formativo y los que componemos esta gran familia deberíamos ir todos a una en el sentido de que tanto jugadores, árbitros e incluso entrenadores están en periodo de formación y debemos inculcar otros valores que los que se ven actualmente”. De esta manera, considera que el problema fundamental parte de la educación. “Falta educación en general y no quiero excluir ni incluir a nadie. Ir a un espectáculo de categoría formativa y que lo que más abunde sean malos gestos, amenazas e insultos no corresponde al fútbol donde estamos”. De la misma opinión es Sergio González, delegado provincial del comité técnico de árbitros. “Todo está basado en la educación, los niños son reflejos de sus padres y si desde pequeño ven malos modos, al final se quedan con eso”.

Sin embargo, Perdigones Pacheco no considera que se haya producido un repunte en la violencia. “Llevo 22 años en la organización arbitral y no veo que vaya a más ni a menos. Temporada tras temporada veo el mismo ambiente, la misma discrepancia, la misma violencia… Creo que nos tomamos el deporte y el fútbol de una manera exagerada, con la de cosas que hay para preocuparnos”. González, por su parte, apunta que los partidos “más complicados” para los árbitros “siempre se han dado en el fútbol base, por culpa de los padres o cuando el mismo entrenador pierde los papeles. Eso es incomprensible. No llegas a entender el porqué se llegan a esos extremos, olvidan que están con gente que al igual que los jugadores están aprendiendo. Si se equivoca un árbitro de Primera, ¿no se va a equivocar un chaval de 15 años?”.

El resultado, por encima de la diversión y la formación

Falta de educación, padres sobreprotectores… Pero en el fútbol base hay otro componente que contribuye a generar un mal ambiente en el campo, y es el de preferir el resultado por encima del deporte y de la formación, priorizar el partido del hijo, nieto o sobrino por encima del juego colectivo. Padres que se extralimitan y más allá de ser meros espectadores, discuten la labor del entrenador y dan indicaciones a sus hijos en medio del partido, o los abroncan por no realizar bien una jugada, sin darse cuenta que lo que hacen es agobiarlos más e impedir que disfruten del juego. “Hay algunos que creen que su hijo los va a sacar de pobres, que serán una fuente futura de ingresos, cuando lo fundamental es que el deporte sea diversión. El niño tiene que jugar al fútbol con una sonrisa, no presionado desde que sale de casa por su padre, que le dice cómo tiene que entrar a un rival o cómo tiene que defender o atacar”, considera Rafael Jiménez, de la Real Federación Andaluza.

Miguel Zarzuela también es de la misma opinión. “Hoy cualquier niño que en prebenjamín mete dos goles ya los padres se creen que los van a quitar de trabajar, cuando la carrera deportiva es muy larga y hasta ciertas edades no se sabe de verdad si valen o no para esto. Pero a veces los padres se creen que desde pequeñitos sus hijos son Messi e influyen mucho en sus comportamientos, supervaloran al niño, y eso es negativo. Mi consejo a cualquier padre es que se lo tomen con tranquilidad. Hay niños a los que se les ve algo especial y esos van un paso por delante, pero esto es una carrera larga y dura. Genios salen poco”.

“Muchas veces se piensa en la clasificación y en los resultados. Se les mete demasiada presión a los chavales”

Diego Ossorio va más allá y piensa que en el mundo del fútbol base hay demasiado afán por ganar, por el resultado, más allá de la formación y el entretenimiento de los niños. “Hoy tienen representantes hasta los más pequeños y los padres se vuelven locos. Los niños lo que tienen es que estar en su ciudad, en su casa y en su colegio, no quitarse de su entorno para irse a una residencia. Yo particularmente eso no lo veo justo. Cada persona piensa de una manera, pero no creo que se les tenga que quitar la ilusión de que jueguen en su colegio y con sus amigos”.

Sergio González también piensa que “muchas veces se piensa en la clasificación y en los resultados. Se les mete demasiada presión a los chavales”. Y recuerda que la Federación Gaditana, para evitar resultados escandalosos en algunos partidos que lo único que hacían era hundir al equipo derrotado, decidió limitar estos resultados. “A partir de diez goles ya no se reflejan más en el acta, para que sicológicamente no haya este tipo de humillaciones”.

Al final, incluso todo esto lo ve contraproducente Miguel Ángel García. “El problema es que hay demasiados partidos y que todo el mundo quiere jugar. Antes solo jugábamos los que estábamos capacitados, ahora no, y con esto hacemos daño tanto en lo educativo como en la enseñanza. Hoy día el fútbol son guarderías, y a la vista está cómo está el fútbol en Jerez y en qué categorías estamos jugando”.

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