Al paso

Franco, aquel rebelde

Franco, junto con otros, se alzó en armas contra el régimen democrático y legítimo de la Segunda República, y dice el Código Penal que “quien se alzare…”, así que el llamado alzamiento nacional no fue otra cosa que una rebelión militar, que tras ganar la guerra quedó lavado como un acto heroico. Más que discutible, sin duda. Más aún si observamos con qué energía se acusa de rebelión a unos independentistas que no portaban armas ni las tenían. Pero volvamos a Franco.

El régimen de Franco sometió a España, al menos a una de esas mitades que tienen tantos [email protected] de dividir todas las cosas en dos, a una dictadura que en una de esas fake news previas a las fake news llamó “democracia orgánica”, articulada a través de los tercios en que dividió a la representación social: la familia, el municipio y el sindicato. La soberanía era cosa de la Jefatura del Estado, y aquel que ya no era más un rebelde tenía Potestad Legislativa. Aunque ya sabemos que hasta las noticias ya son cuestión de opiniones, después de que la verdad se haya convertido en una razón disponible.

Pasaron los años y no simplemente, pues pasaron muchas cosas en tantos años. Hubo muchos muertos que no tuvieron entierro ni sepultura, y a los que les pasan las ruedas de los camiones por encima de su esqueleto o cerca. Hubo muertos a los que encontraron en mitad de la calle o en la carretera o en un camino, para que dieran miedo y daban miedo. La guerra se había acabado, los rebeldes ya no lo eran, y los muertos seguían. Y la “democracia orgánica” seguía también.

Pasaron los años, se pudrieron los muertos sin el calor de sus gentes y el rebelde que ya no lo era se hizo viejo, más viejo, más viejo aún y luego se murió. Se murió en la cama. No se murió plácidamente. No se murió como un viejito venerable. No, excepto para los suyos, y ni siquiera para todos los suyos; algunos que lo habían sido ya lo habían ido dejando de serlo.

Unas semanas antes de su muerte por vejez apretó todavía su puño sobre la palanca de la muerte, aunque hasta el Papa le pidió que no lo hiciera, el Papa de la misma Roma a la que dijo servir, de la misma religión por la que declaró su rebelión a su servicio, y que luego ya no fue más una rebelión.

Su bolígrafo garabateó cinco muertes más que se llevó al otro mundo con él, cuando se fue al mundo de las sombras y la oscuridad con sus sombras y su oscuridad.

Fue enterrado en su propio mausoleo, un mausoleo que él mismo previó solo y frío, inadecuado para el héroe que sentía que era y resuelto decidió llenar el mausoleo con otros que le acompañaran en su mundo de sombras y frío, sin pedir permiso en varios casos, según dicen algunas resoluciones, olvidado de los cientos de miles que viven sin sepultura, y que por esto mismo viven.

La democracia parlamentaria y representativa, con su soberanía repuesta en su lugar de origen, decidió poco a poco, muy poco a poco, que la dictadura lo había sido; que la rebelión lo había sido también; que la legitimidad democrática había sido violada; que el entonces rebelde, luego Jefe del Estado, ahora dictador tras un golpe de Estado y una guerra civil, no merecía un mausoleo.

La familia protestó, protestó varias veces, haciendo uso legítimo de su derecho y de la Ley ahora democrática y legítima. El Tribunal Supremo se metió a las cátedras de Historia, escribió un auto en el que nombraba al todavía rebelde Jefe del Estado. Luego el Supremo dio una rueda de prensa para explicarnos la ausencia de malas intenciones por su parte. Pero todos sabemos que los Tribunales de Justicia no hablan en ruedas de prensa, sino en providencias, autos y sentencias.

Mal asunto fue querer cambiar de sepultura a Franco por “extraordinaria y urgente necesidad”, que las prisas son malas consejeras y por las prisas todo ha resultado un enredo. ¿Cómo salimos ahora de este enredo? Pues quizá desandando lo caminado y olvidando por un momento el asunto.

La Iglesia de Roma colaboró activa y necesariamente con la dictadura y con el dictador. En suelo católico está enterrado el dictador. Dejemos que el dictador siga enterrado en ese suelo católico y mostraremos la simbiótica relación con la dictadura. Dado que la misma iglesia católica se resiste a desenterrar al dictador de un mausoleo, y dada la libertad de opinión, siga el dictador en su tumba y siga la Ley de la memoria histórica su trabajo, sin prisas y con divulgación y formación sobre la democracia y lo que fue de verdad aquella dictadura.

Contemos en las escuelas lo verdaderamente ocurrido, para lo cual necesitaremos escuelas públicas.

Somos lo que fuimos, lo que recordamos que fuimos, y es importante no olvidar que hubo una guerra y una larga dictadura de sombras, de oscuridad y de muerte también.

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Comentarios

  1. Se puede pretender y promover legítimamente la exhumación de los restos de Franco de su sepultura en el Valle de los Caídos; pero ni esa ni ninguna otra causa justifica ni puede justificar la falsificación de los hechos históricos. El artículo está plagado de falsedades históricas que es preciso señalar por higiene mental.
    Franco no fue el primero que se alzó en armas contra la II República, pues antes lo habían hecho Sanjurjo en 1932 (pese a que había sido uno de los principales artífices de su llegada en 1931), los anarquistas y los socialistas-comunistas-nacionalistas en octubre de 1934. En realidad, Franco fue el último en levantarse en armas contra la República, con la única y determinante diferencia de que él venció en la larga guerra civil subsiguiente. El régimen de Franco, que había sido proclamado Jefe del Estado en la zona nacional el 1 de octubre de 1936, fue legal desde el momento en que venció en la guerra civil y fue reconocido como tal por todas las potencias internacionales (excepto México y otro país que ahora no recuerdo). Si Franco hubiese perdido la guerra, los tribunales de la República no le habrían reconocido ni un solo día como Jefe del Estado, pero, como la ganó, lo fue desde su nombramiento; esto es, desde el mencionado 1 de octubre de 1936. El Derecho no entiende de moral, sino de legalidad; y, por eso, el reciente Auto del Tribunal Supremo no es ninguna intromisión en las cátedras de Historia, como interesadamente dice el autor, sino que es impecable, pues dice la verdad fáctica: que Franco fue Jefe del Estado desde 1936. Se podría abrir ahora, bajo este régimen del 78 (cuya legitimidad es indiscutible porque procede de una reforma política dentro de los cauces legales entonces vigentes), un procedimiento legislativo para declarar que el régimen de Franco fue ilegal, pero, si así se declarara, entonces quedaría anulado todo lo que ilegalmente se hizo bajo dicho régimen: las leyes que se promulgaron, las sentencias que se dictaron y por supuesto todos los derechos que al amparo de las mismas se obtuvieron; y se crearía una enorme inseguridad jurídica. Por eso no lo hacen.
    Por otra parte, la II República tuvo un origen tan ilegítimo como el régimen de Franco, pues no fue la consecuencia de un proceso constituyente respetuoso con la legalidad preexistente, sino que fue proclamada a raíz de unas elecciones municipales, que nunca pueden justificar un cambio de régimen político, como consecuencia de que quienes tenían la obligación de defender el orden constitucional, empezando por el rey, se negaron a hacerlo y huyeron; dejación de responsabilidades que no legitima al régimen republicano, que, sin embargo, adquirió su legalidad por el mismo conducto que años después la obtuvo el régimen de Franco; esto es, por el reconocimiento internacional. Y no hay que olvidar tampoco que al levantamiento del 18 de julio de 1936 no se opuso la II República, sino las organizaciones de izquierdas que se habían adueñado ilegalmente de ella y que provocaron la guerra civil (la revolución de octubre del 34 fue el primer intento fallido) con el asesinato de Calvo Sotelo (y el fallido intento de asesinato de Gil Robles) porque pensaban que la ganarían e instaurarían una república marxista, como fue de facto la zona republicana durante la guerra civil. Así, de haber ganado el bando republicano, el régimen vencedor no habría sido la república de 1931, sino una república comunista apoyada por Stalin e instaurada de forma tan ilegítima como el régimen de Franco.
    La democracia orgánica no es, ni de lejos, un invento franquista. Tiene un remoto origen en los estoicos griegos y se desarrolla teóricamente con el idealismo alemán, con Hegel, con Krause y, sobre todo, con su discípulo Ahrens en el siglo XIX, de quien la importaron a España los socialistas (de corriente krausista), tales como Sanz del Río, Salmerón, Giner de los Ríos (Institución Libre de Enseñanza), Tapia… Y, en el régimen franquista, la soberanía residía en el Pueblo español, pues Franco nunca se proclamó Monarca absoluto, como en el Antiguo Régimen, no era tan estúpido; otra cosa es que acaparara de forma vitalicia la Jefatura del Estado y el poder ejecutivo; pero la Nación política española no dejó de existir y, por eso, todas las leyes fundamentales fueron sometidas a referéndum popular. De hecho, Franco se pudo mantener 40 años en el poder y morir en la cama porque, como señalaban todas las encuestas que se hacían, gozaba del apoyo de entre el 60% y el 70% de la población, escarmentada tras la guerra civil, como sabemos muy bien quienes hicimos, cada uno a su modo, oposición en los últimos años del franquismo.
    Muertos sin entierro digno hubo en ambos bandos, como en todos las guerras civiles; la mayor matanza fue la que durante varios días tuvo lugar a las afueras de Paracuellos, cuyos asesinados (por orden de Santiago Carrillo) siguen yaciendo en enormes fosas comunes, sin exhumar ni identificar sus huesos, cubiertas por multitud de cruces con los nombres de los que se saben que están allí; es impresionante verlo, Todo aquel enorme drama, tras el final de la contienda, fue superado por los españoles de ambos bandos, que los había en la casi totalidad de las familias, que se casaron entre ellos y tuvieron hijos y nietos; de forma que ya a partir de 1950 la reconciliación era un hecho y, por eso, se pudo hacer la Transición democrática a la muerte de Franco, porque el pueblo español no quería ninguna ruptura ni revolución, sino una reforma democrática, que fue lo que se hizo, y, ante todo, que no se rompiera la paz. Ahora, al margen de la estupidez hipócrita de la búsqueda de huesos (siempre del mismo bando), la exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos solo es un episodio más al servicio del guerracivilismo que resucitó Zapatero como forma de crear un nuevo enfrentamiento derecha-izquierda, en una sociedad civil que ya estaba más que reconciliada, por bastardos intereses electorales. Franco no ordenó construir el Valle de los Caídos para que fuera su mausoleo ni dejó nada dispuesto en ese sentido; de hecho, fue el rey Juan Carlos I, que heredó todos los inmensos poderes de Franco, quien así lo quiso; y en aquel momento y en aquellas circunstancias históricas fue una decisión muy inteligente. La Historia, como Ciencia que es, se ocupa de los hechos, de sus causas y de sus consecuencias, pero no de su moralidad, aunque hay “historiadores” que se dedican a retorcer la narración para que los lectores lleguen a una valoración ética que coincida con los prejuicios del “historiador”.
    La Iglesia Católica estuvo con el bando nacional durante la guerra civil porque el bando frentepopulista marxista realizó el mayor genocidio de católicos desde las matanzas de cristianos durante el imperio romano, aparte de una masiva quema de iglesias, conventos, monasterios, imágenes, cuadros, bibliotecas… que fueran, o pudieran parecer que eran, de la Iglesia. Y ese apoyo al régimen franquista duró hasta el Concilio Vaticano II y la llegada del Papa Pablo VI, quien comenzó un viraje en su política respecto de España con una soterrada, aunque cada vez más evidente, oposición al régimen franquista liderada por el cardenal Tarancón, sin quien no se puede explicar la Transición democrática.
    Sin embargo, el autor acierta en el error del gobierno de Sánchez de querer acometer un asunto tan complejo como es la exhumación de los restos de un Jefe de Estado de su sepultura en una basílica católica contra la voluntad de la familia y del abad de ese monasterio con prisas y urgencias innecesarias, por un vano afán demagógico electoral. Es más, es un error toda esa iniciativa, inclusive si se hace sin prisas; pues Franco era un desconocido para las nuevas generaciones y ahora Sánchez lo ha vuelto a poner en primer plano de la actualidad.
    La dictadura de Franco fue larga, pero no fue ni de sombras (aunque las hubo) ni de oscuridad (aunque la hubo) ni de muerte (aunque también la hubo); porque a partir de 1959 España se empezó a modernizar, surgió la clase media necesaria para una democracia estable, la economía se desarrolló con un gran crecimiento que convirtió a España en la octava potencia industrial, se universalizó la sanidad y la educación… en definitiva, se crearon las condiciones materiales y sociales para el advenimiento de una democracia.
    Efectivamente, contemos en las escuelas lo ocurrido, pero TODO lo ocurrido; mucho mejor, en lugar de “contarlo”, de hacer “relatos” tergiversados según el relator, de adoctrinar, estudiemos la Historia completa del siglo XX español. Y para eso no es necesario que las escuelas sean públicas, eso es indiferente, sino que el programa escolar de Historia sea científico.

      1. ¡Jajaja! Lo dicho, no es usted más que un gañan analfabeto incapaz de debatir porque carece de ideas propias y solo puede limitarse a sus patéticas y ridículas descalificaciones reiteradas. Un “matón” de las redes agazapado cobardemente tras su teclado que pretende acallar con violencia verbal a quien no diga lo que usted quiere oír; pero conmigo lo lleva claro, porque yo me desayuno a los matones verbales como usted. ¡Qué fantasmón! ¡Jajaja! Seguro que en el cara a cara es un “cagao”. Para usted, el más pequeño de mis desprecios.

        1. Con manipulaciones de la Historia a cargo de fascistas como vd. no hay que debatir nada. Con la intolerancia ni agua. A los que defienden el fascismo ni agua. Lo mejor que le podría haber ocurrido a Franco es haber terminado como Mussolini o Hitler. A ver si vd. echa de menos no haber estado de palmero ante el paso del dictador gritando diez veces viva españa.

          1. Probablemente hice yo mucho más en la oposición a Franco que usted y muchos como usted que entonces o eran unos niños o estaban escondidos y muertos de miedo. La mejor prueba de que lo que he dicho son hechos históricos verdaderos es que usted, ante la imposibilidad de rebatirlos, solo puede recurrir a sus sobadas muletillas casposas.
            Ya le dije que yo desayuno “matones” de la red de pacotilla, como usted.

  2. Dicen en el primer párrafo que Franco “se alzó en armas contra el régimen democrático y legítimo de la Segunda República” Antes del alzamiento el frente popular mató a 7.000 católicos, quemo el 36% de las iglesias, asesinaron al político de las derechas: Calvo Sotelo, fueron a por Gil Robles y Antonio Goicoechea que se libraron por estar fuera, además de cometer las izquierdas un alzamiento en noviembre de 1.933 al haber ganado las elecciones las derechas (CEDA), y cometer el PSOE y los comunistas un Pucherazo en 1.936. Entonces vino Franco. Pues no sé yo si eso era una democracia y un régimen legítimo, porque a los de derechas y católicos sólo les quedaban 2 opciones: morir de rodillas o con un fusil en las manos, yo hubiese preferido lo segundo y que me ayudase Franco.

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