"Mis fotografías son para sentirlas, no para verlas"

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"Mis fotografías son para sentirlas, no para verlas"

La jerezana María Higuero expone 'Vida (visible e invisible)', una muestra sobre la tonelería que sirve de metáfora de la reinserción de las personas “que están excluidas socialmente". Hasta el 8 de enero de 2017 en el Consejo Regulador. 

22-11-2016 / 10:51 h.

Una bota, una persona. A María Higuero le gusta moverse sigilosamente, no quiere llamar la atención cuando está ejerciendo, ya luego se encargarán de ello las imágenes que capte. No le gusta dirigir, no quiere organizar la escena, simplemente la busca. Dice que se puede llevar largos minutos en una misma posición a la espera de un momento concreto, y que si no lo encuentra, se desplaza hacia otro lado. No tiene prisa y no descansa. Es una inconformista con ansias de esencia, de alma. Después del éxito de la exposición que realizó el 17 de mayo de este año en Nueva York, Divino Jerez, llega a su ciudad natal con un proyecto similar, pero totalmente distinto. ¿Cómo? Así es María, una mujer de contrastes que deja que la vida le guíe. “Tú propones y Dios dispone. Yo quería ser fotógrafa desde los 13 años y he sido a los treinta y tantos”, expresa.

"Tú propones y Dios dispone. Yo quería ser fotógrafa desde los 13 años y he sido a los treinta y tantos”

De madre jerezana y padre filipino que trabajaba como periodista en la base de Rota, nace en Jerez en el año 1973. María se cría en el barrio de San Miguel, pared con pared con la Iglesia. “Mi abuelo le donó la casa de la hermandad a las monjitas”, apunta. Residió en el centro, pero cuenta que no compartió momentos en la plaza: “Hacía más vida fuera, por la ubicación de mi colegio, que en el centro de Jerez, ya que mis amigos no estaban aquí. No me identifico ni con el flamenco, ni con el barrio de San Miguel, pero le tengo muchísimo cariño porque son muchos recuerdos…”, comparte. Como relata, adquiere por primera vez una cámara de fotos con tan solo 13 años. Desde entonces, quiere dedicarse a la fotografía; no obstante, su madre se lo impide y reconduce sus estudios universitarios por el mundo empresarial y del marketing. Pero confiesa que sin esa formación, no realizaría las imágenes que hoy captura.

¿Por qué ese amor por la fotografía? “Me enteré hace poco. Mis padres se separaron cuando yo era muy pequeña y no llegué a conocer a mi padre. Él vivía en California, pero la primera vez que visité la costa Oeste fue en 2012, cuatro años después de que él falleciera. No llegué a conocerle, pero sí conocí a algunos familiares. Sabían que yo era fotógrafa y me preguntaron que si sabía que mi padre iba siempre con una Nikon colgada al cuello. Me quedé impactada”, narra María Higuero, a lo que añade: “Yo sabía que él era editor, ¿pero gráfico? Me dijeron que sí, que a él le encantaba la fotografía, que empezó así y que luego se pasó a la prensa escrita. Me quedé conmocionada. Lo mío es algo genético”. 

“Siempre he tenido presente la fotografía pero no llegué a ello porque las circunstancias no se daban. Tenía las ganas, todo, todo lo que tengo ahora, lo he tenido siempre, entonces… ¿por qué ahora? La vida te lleva, cuando son las cosas son, cuando no, no”, confiesa. María empieza en el mundo de la fotografía profesional en 2012 por casualidad. Le gusta la magia del destino, las sorpresas y las cosas a su debido tiempo. Así es también, por azar de la vida, cuando decide iniciarse en el proyecto Vida (visible e invisible) que alberga la sala de exposiciones del Consejo Regulador hasta el 8 de enero de 2017.


Claudia González Romero
María Higuero posando en la sala de exposiciones del Consejo Regulador.

Gracias a su anterior muestra fotográfica conoce a Maribel Estévez, una de las fotografiadas en Divino Jerez, y es quien le propone una posible temática para su siguiente exhibición gráfica. “Me encantó que me propusiera el tema de los bodegueros porque es artesanía y eso tiene alma. Si en realidad metemos una robótica ahí yo no puedo sacar alma, pero cómo se hace artesanalmente una bota y el vino… la esencia que tiene la bodega con los mimos que le dan…”, explica. “Además, todo ello apoyando a la tonelería, una profesión que se está perdiendo. Hay muchas que hacen botas nuevas, pero hay muy pocas que reparen antiguas. Y la importancia de la bota antigua es la esencia del vino. Si no hubiera quien reparase las botas antiguas, se perdería el vino tal y como lo conocemos hoy”, añade. 

"Si no hubiera quien reparase las botas antiguas, se perdería el vino tal y como lo conocemos hoy”

Comenta que la gente normalmente le pregunta por su especialidad, pero ella declina la idea de encasillarse únicamente en una temática. Lo quiere abarcar todo: bodas, comuniones, toros, deporte, viajes, e incluso fotoperiodismo. “Yo hubiera sido una gran fotoperiodista, es lo que mejor se me da”, piensa en voz alta. El fotoperiodismo guarda una dificultad especial. No vale con que la foto sea bella o que guarde una composición de libro. La fotografía en prensa tiene que narrar historias, contar mil palabras en una sola imagen, y eso, según María, es lo que más le apasiona. “Mi amigo Esteban Pérez Abión, que lleva 30 años en la profesión y que también me ha enseñado y apoyado muchísimo en todos los sentidos, me decía siempre: Hubieras sido una gran fotoperiodista. Lo tienes todo; sabes moverte, sabes captar los momentos, iniciativa... Y claro, ese hubiera sido mi sueño”. 

Ella no sabe denifir su fotografía a través de las palabras. Duda, rebusca algún adjetivo que se le acerque, pero la engloba en un todo y espeta que su "fotografía va más allá del grafismo, del papel y de la tinta. Es como si tuviera alma propia, vida propia". "Mucha gente me dice que mis fotografías son para sentirlas, no para verlas. Esa es la línea en la que yo me quiero mover. Yo lo que quiero es despertar sentimientos", añade. Le gusta emocionar, que sus imágenes evoquen sentimientos en los espectadores. "Sé que emociono porque hay muchas clientas que me han dicho que se emocionan con mis fotos. El problema que tenemos nosotros es que hay mucho miedo a sentir. El miedo te hace no querer sentir, pones en tu corazón un muro y con la fotografía yo pretendo que ese muro se quiebre para que poco a poco se desmorone. Realmente... ¿no tienen más miedo a no sentir? Siempre hago fotografía para ayudar a los demás". 

"El problema que tenemos nosotros es que hay mucho miedo a sentir"

María siempre saca otro fondo, otra perspectiva, otro significado. Y el sentido de esta exposición tiene mucha relación con el trabajo que realiza Cáritas. “Aquí se fotografía a una bota que se estropea, que está dañada y que la reparan con un cariño especial para que luego esa bota vuelva otra vez a la bodega”, explica. Se trata de la reinserción de las personas “más necesitadas, de las que están excluidas socialmente ya sea por dinero, por enfermedad, por depresión… por cualquier motivo”. A eso juega su exposición Vida (visible e invisible): una bota, una persona. María Higuero se emociona al explicar el sentido de sus trabajos fotográficos e informa que próximamente llevará a cabo otra exposición en el Obispado junto a Cáritas en abril del año que viene. ¿El reto? Reflejar la misericordia. 


Claudia González Romero
María Higuero posando momentos antes de la entrevista concedida a lavozdelsur.es