'El Baguetina' sigue presente en el corazón de los cadistas: "Cuando cogía el megáfono la gente se volcaba con él"

Se cumplen dos años del fallecimiento del cadista Fernando Orgambides ‘Baguetina’ y su madre, amigos y compañeros de Brigadas Amarillas continúan manteniendo viva esa pasión incondicional por el Cádiz

La madre y compañeros de Fernando 'El Baguetina', con las bufandas de la peña que lleva su nombre.
La madre y compañeros de Fernando 'El Baguetina', con las bufandas de la peña que lleva su nombre. Autor: Juan Carlos Toro

Jack Lemmon y Marcello Mastroianni conversaban en la película Macaronni, de Ettore Scola, sobre nuestra condición de mortales: “La muerte en sí no existe. ¿Acaso borra lo que un hombre ha hecho en vida? ¿Borra sus méritos, su legado? No. Así que… Muerte, ¿qué eres? No eres nada. Te gustaría ser tan importante como la vida. Pero la vida dura una vida, amiga mía. Y tú, muerte, solo duras un instante, el instante en el que llegas”. Este viernes 23 de octubre se cumplieron dos años de que Fernando Orgambides El Baguetina pasara a estar en los corazones de toda la gente que lo quería. Todo un mérito, porque no es poca. Este apasionado del Cádiz, que falleció con 25 años, en 2018, empezó a seguir al equipo amarillo desde bien chico con su madre Mariángeles, con la que se recorrió media España entre desplazamiento y desplazamiento. Con 15 años entró en Brigadas Amarillas, “hasta que se hizo con el grupo entero” y, desde entonces, el Cádiz pasó a ser un estilo de vida.

En el patio donde se reúne la peña cadista que lleva su nombre, ‘Fernando Baguetina’, se encuentran su madre, Mariángeles, su amigo e integrante de la peña, David, y su amigo y compañero de Brigadas Amarillas, Raúl. Están tranquilos, vienen de ponerle dos ramos de flores azules y amarillas en Fondo Sur, con el acompañamiento del presidente del club, Manuel Vizcaíno, y de Pepe Mata. Comentan, como buenos cadistas, “la malaje de haber esperado 15 años para no poder ir a ver al equipo”. “Con lo bonito que está el estadio”, suspira Mariángeles. A su madre le hizo cadista su padre y ella hizo lo propio con su niño Fernando. “Bague siempre decía que iba con su madre a todos lados”, apunta Raúl.

Los recuerdos inundan la mesa y sobre todo rememoran “la grandísima persona que era, de las pocas que he conocido en mi vida”, afirma certero su amigo David. La esencia de Baguetina trascendía y calaba allá por donde pasaba. “Caía bien a todo el mundo porque era puro, era de verdad”, comenta Raúl. Su madre asegura que “se conocía el estadio mucho mejor que algunos de los que trabajan allí”. El Cádiz era su vida, de eso no cabe duda. “En los partidos todo el mundo lo saludaba. Un niño chico, un hombre mayor, el más loco de Brigadas, el presidente del Cádiz, el que estaba enfadado con el presidente... Todo el mundo”, afirman. Baguetina era el número 12, el representante de la afición, porque solo su persona provocaba que toda la gente lo siguiese. “Tenía un don para animar a la afición y para alentar al equipo”, recuerdan con cariño.

"En los partidos todo el mundo lo saludaba. Un niño chico, un hombre mayor, el más loco de Brigadas, el presidente del Cádiz, el que estaba enfadado con el presidente... Todo el mundo"

Los días previos a un partido del Cádiz los vivía con suma intensidad. “No podía ni dormir, nos escribía a las tres de la mañana nervioso y no era capaz ni de salir de marcha”, comenta Raúl. “Cuando llegaba el día del partido estaba desde primera hora de la mañana organizando las pancartas, los tifos, las banderas”, añade su amigo, que recuerda cómo había personas que le llamaban para decirle que se habían quedado sin entradas y él respondía veloz: “No te preocupes que yo te la busco”. “Y se iba corriendo al estadio y la conseguía”, señala un emocionado Raúl.

Su creatividad también dejó mella. “Tenía una mente privilegiada para inventar canciones, tifos y pancartas. Si íbamos en el coche y escuchaba cualquier canción en la radio, ya la cogía para hacer un cántico para el grupo”, comenta. Inmediatamente Raúl reconoce que le decían: “¡¿Otra?!”. Y Bague replicaba: “Que sí, quillo. Yo la voy metiendo poco a poco”. Esa canción se la acababa aprendiendo Fondo Sur entero, afirman entre la sonrisa y el orgullo. Con los desplazamientos pasaba igual. “Él planteaba un desplazamiento e iban dos autobuses. Ahora conseguir desplazar dos autobuses no lo hacemos ni locos”, asegura su compañero de Brigadas.

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Mariángeles, madre de 'El Baguetina, con Raúl, durante la entrevista. Autor: Juan Carlos Toro 

Ya quisieran muchos coachs tener la capacidad de motivación que poseía Fernando. “Cuando el Cádiz tenía una mala época se iba a El Rosal para hablar con los jugadores y el entrenador”, cuenta su madre. En la grada profesaba el mismo halo de positividad. “Nos decía que no podíamos dejar de animar, que teníamos que ir todos a una por el equipo”, comentan sus amigos. Su sentimiento de unidad permeaba en todos los rincones del estadio y conseguía conectar a los cadistas más dispares. Las diferencias pasan en el Cádiz como en las mejores familias, pero Baguetina tenía la destreza de aliviar los conflictos.

Bague solo descansaba cuando terminaba el partido, aunque al poco ya estaba pensando en la próxima jornada. Pero es que antes de los partidos se encargaba también de amenizar las plazoletas de La Laguna, hacer el cortejo hasta Fondo Sur y cerciorarse de que todo estuviera bajo control. “Era un estrés”, recuerda Mariángeles con ese gesto tierno que solo sabe poner una madre cuando habla de su hijo. “En el Fondo Sur había veces que ni se cabía en el cuadro, porque cuando cogía el micrófono la gente se volcaba con él”, agrega Raúl, quien todavía se pregunta cómo se le ocurrían tantas ideas para alentar al equipo y a Brigadas Amarillas. “Es que lo vivía”, incide su amigo, “con él se hacía un tifo en una semana y mira que resulta complicado”.

“Lo tenías siempre que lo necesitabas porque era solo corazón”, asegura David. Era de esas personas a las que un mosqueo le dura dos minutos y no quería conflictos más allá de que su Cádiz tirara adelante como pudiera. Parece como si Fernando hubiese venido al mundo para “ayudar a la gente” porque, ciertamente, era lo que le llenaba. Su ausencia dejó un vacío desde Fondo Sur hasta los corazones de muchos cadistas, pasando por las secciones inferiores del Cádiz CF, donde colaboró con tesón y fue muy querido, hasta las altas capas directivas. Porque Bague sigue siendo el Cádiz y sin él, no se podría entender ese sentimiento tan irracional por el azul y amarillo.

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Una de las pancartas desplegadas por Brigadas Amarillas durante el homenaje a 'El Baguetina'. / Cedida 

Fernando Baguetina se despidió físicamente de este mundo con un cortejo en Fondo Sur, gracias a la voluntad del alcalde de Cádiz, José María González Kichi, que dio orden a la Policía Local tras una primera negativa, para que el coche fúnebre pudiese pasar por allí en un homenaje al que vinieron personas de todos los puntos del país. Sus más cercanos lo recuerdan como “una auténtica locura de toda la gente que había”.

Una peña a su nombre y un trofeo para honrar su memoria

“Cuando todo ocurrió”,  algunos amigos de Fernando se unieron para crear una asociación benéfica. Así nació la Asociación Fernando El Baguetina, con la idea de “seguir haciendo lo que más le gustaba él: ayudar a la gente de forma desinteresada”. Raúl, uno de sus encargados, cuenta que llevan dos años y que cada vez suman más personas. Entre sus acciones más destacadas se encuentra la recogida de alimentos y ayudar a comedores y asociaciones de Cádiz. En la Navidad viene el plato fuerte con ‘La pucherada’, que ideó Fernando en su día, y que es posible gracias a la colaboración de Las Amigas del Sur, que se encargan de elaborar el cuchareo y con las que mantienen una colaboración continua. La fiesta consiste en un trueque de lo más apetitoso: un plato de puchero gratis a cambio de un juguete. Raúl destaca que “el Cádiz ha colaborado con nosotros en todo lo que le hemos pedido”. En este sentido, Mariángeles añade que el año pasado “recaudamos muchísimos juguetes que llevamos con los jugadores al hospital y a su aula pedagógica”.

Durante la pandemia continuaron con esta labor que les honra en memoria de su querido Bague. “Hemos ayudado a bastantes personas que no tenían dinero para pagar la luz o el agua, y a familias con niños en la compra de potitos y pañales”, afirma Mariángeles, que aclara que no reciben ninguna subvención. “Sacamos dinero del merchandising de la asociación, con la cuota de un euro al mes, como precio simbólico, y la colaboración de las personas”.

A la par surge la Peña Cadista Fernando El Baguetina de la mano de su madre, que nunca dejó de soltársela, y secundada por su amigo David que asegura “no se lo pensó dos veces” cuando Mariángeles se lo propuso. Son poquitos integrantes, querían una peña íntima, aunque están repartidos por todo el estadio. Todavía no han podido colocar la bonita pancarta que hicieron para Fondo Sur porque “llegó la pandemia y lo fastidió todo”, pero no es problema, porque espera en el blanco pasillo del patio de la peña.

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Mágico González, con la bufanda de la peña Fernando 'El Baguetina'. Autor: Juan Carlos Toro

Cuentan que se acaban de inventar un trofeo llamado El megáfono cadista para el jugador más regular y valorado de la temporada. “Hemos empezado este año y cada semana le damos unas puntuaciones. Al final de la temporada, si se puede, haremos la entrega de premios”, explica Mariángeles, que ha podido contactar para tal fin con míticos del club como Chico Linares, Quique Lafuente o Fernando Estrella. Su madre retoma el tema de la pucherada incidiendo en que “nos encantaría poderla a hacer este año, aunque todo está limitado” por lo que reconoce que “será difícil”. Se hacían dos al año, una en navidades con la colaboración de artistas de zambombas “que actuaban gratis para colaborar” y otra de las mismas características en los carnavales, con sus correspondientes actuaciones carnavalescas. “Sentimos mucho la colaboración de la gente en cada evento que organizamos”, agradece la madre de Fernando.

Bague tiene tanta fuerza que llegó hasta El Salvador para que Mágico González vistiera la camiseta de su peña, con los colores del equipo por el que comparten profundo amor. Sus amigos lo tienen tan presente que sienten “que no se ha ido” porque “ha dejado tanta huella y tanto por hacer que es imposible olvidarlo”. Esa virtud no la tiene cualquiera, solo las grandes personas. Esas a las que le dedican un pasodoble o logran que un campus de fútbol infantil le recuerde a golpe de cántico. Su imagen también quedó inmortalizada junto a otro grande de la afición, Macarty, en un monumento dedicado a la afición en las inmediaciones del estadio.

El Baguetina decía que siempre iba a estar con el Cádiz, “porque los jugadores van cambiando”, pero aseguró que él “nunca dejaría de animar” a su equipo. Así lo quisieron este viernes sus compañeros de Brigadas Amarillas, que le hicieron un homenaje para el que no tenien palabras, “pues todo lo que hagamos por él siempre será poco”. Se encendieron las bengalas en el Puente Canal de La Caleta, a las diez y media de la noche, e iluminaron las pancartas de “Eterno Bague” y “Solo muere quien se olvida”. Cádiz te quiere y te seguirá queriendo, Baguetina.

 

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