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Flick Flock Danza: el baile como terapia contra los prejuicios

Esta academia de baile de Cádiz, que tiene a la mitad de sus alumnos y alumnas con discapacidad diagnosticada, ha aumentado su popularidad tras su concurso en el programa 'Got Talent'

Cuando apenas tenía dos años, Ana ya se quedaba embobada mirando por una ventana cómo en el interior de un local de la calle José García Agulló de Cádiz había personas bailando, dando brincos, volteretas y todo tipo de piruetas que a ella la dejaban fascinada. “Hasta que un día apareció Susana, habló con mi madre y le dijo que me dejara”, relata Ana de Coza, que ahora tiene 20 años, y que cuando apenas levantaba un palmo del suelo asistió a su primera clase de danza. “Estuve allí sentada, flipando, mirándolo todo”, recuerda.

Ahora es una bailarina “espectacular”, como la define Susana Alcón, directora artística, profesora y coreógrafa de Flick Flock Danza, una academia de baile especializada en ballet y danza clásica, fundada en 1995 en Cádiz, en la que la mitad de sus alumnos y alumnas son personas con discapacidad diagnosticada. “Pero aquí solo hay buenos bailarines y bailarinas, punto pelota, no puedo ponerle etiquetas a nadie”, zanja Alcón cuando lavozdelsur.es visita las instalaciones de la academia, situadas en la calle Villa Parada de la capital gaditana.

“Bailaba porque me gustaba, y cuando veo que cada vez los resultados son mejores, obviamente me alegro y me emociona”, expresa Ana de Coza, una de las alumnas de la academia, diagnosticada con trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), para la que formar parte de Flick Flock Danza “ha sido una forma de encontrarme a mí misma como persona y como bailarina. No solo aprendemos a bailar, sino a ser uno mismo”. “Es difícil de explicar, hay que vivirlo”, agrega la joven, quien de pequeña dice que era “muy nerviosa” y que en la academia “empecé a tomar conciencia de mí”. “Somos una familia. Nelson es mi pareja de baile, he crecido con él, y cada vez que bailamos juntos tenemos un vínculo que con nadie más de la escuela tengo”, dice.

De izquierda a derecha: Luz Gil, Nelson Navarro, Susana Alcón y Ana de Coza. FOTO: MANU GARCÍA

Nelson Navarro, a quien se refiere, lleva en la academia desde los cuatro años —ahora tiene 22—. “Bailar me ha gustado siempre”, confiesa, “y de pequeño más todavía”. “Cuando descubrí que me gustaba tanto, empecé a dar clases”, añade. Cuando acaba la conversación con lavozdelsur.es, Nelson se cambia rápidamente de ropa y empieza a estirar, levantando la pierna casi a la altura de la cabeza, y doblándose hacia atrás como si fuera de goma, antes de situarse en la posición correcta para desarrollar una pequeña coreografía.

“Mi objetivo es bailar por todo el mundo”, expresa poco antes el joven, que tiene síndrome de Down. Ya lo ha hecho en varios países, como Francia, Marruecos e innumerables escenarios a lo largo y ancho de España. Desde el Centro Pompidou de París, al Théâtre Montansier de Versalles, pasando por el Liceo de Barcelona, a un teatro de Casablanca (Marruecos), delante de público tan variopinto como los eurodiputados del Parlamento Europeo o la Reina Sofía en el Gran Hotel Conde Duque de Madrid. Hasta en el programa televisivo Got Talent, donde llegaron a semifinales. “Susana no quería, pero nosotras tiramos de ella y al final participamos”, cuenta Ana, para la que ha sido “una oportunidad para darnos a conocer”.

La joven bailarina señala que han tenido que trabajar “muchísimo” pero que “ese esfuerzo ha sido recompensado. En cada ensayo te unías más al grupo y al final hemos sido uno. Nos ha enriquecido como grupo para unirnos más y estar más conectados”, cuenta. “A mí me ha encantado que me reconozcan por la calle”, dice Nelson. La directora de Flick Flock Danza, Susana Alcón, no estaba muy por la labor. “Nos llamaron varias veces y al final aceptamos”, cuenta, “no me interesaba para nada actuar en televisión, lo nuestro son los teatros”.

Susana Alcón, mirando a Nelson Navarro, durante la entrevista. FOTO: MANU GARCÍA

Susana dirige la academia junto a su marido, Rafael Navarro, que se encarga del sonido, la iluminación e imparte las clases más “intensivas”. Rafa, como lo conocen, tiene alumnos desde los cuatro años, y desarrolla un “proceso de trabajo psicofísico”, define Alcón. “Las clases de Rafa son muy duras, con mucho trabajo físico, pero esta gente son lobos”, dice Susana, señalando a Nelson y Ana. A ella, que se encarga de las coreografías y de diseñar el vestuario, lo que más le gusta es el proceso de montaje de los espectáculos. “Tenemos a gente muy buena colaborando”, explica, “es un trabajo abierto en el que nos aportamos los unos a los otros”.

El motor de la compañía es la empatía que hay entre sus miembros. “Yo no tengo hijos, pero tengo alumnos. Para mí son lo más, los quiero porque los hemos criado”, expresa Alcón, que es natural de La Línea pero se trasladó a Cádiz, donde entró en contacto con la danza. “Desde chica siempre he bailado. En Cádiz encontré una escuela y empecé a formarme, a leer, a estudiar…”, relata. “Hemos ido evolucionando juntos. Aquí soy yo misma y la gente me quiere como soy. Todos somos importantes”, complementa Ana de Coza, una de las alumnas más veteranas.

Bárbara tiene ahora 15 años, pero cuando empezó en Flick Flock Danza apenas llegaba a los cinco. A su madre, Luz Gil, le hablaron de la academia y decidió probar. “Llamé a Susana y me dijo: vente ya”. Bárbara, que tiene síndrome de Down, empezó las clases en enero, y en junio ya estaba actuando en el Gran Teatro Falla. “Ahí supe que no me había equivocado”, cuenta Luz, que la lleva a Cádiz desde El Puerto, donde residen, varias veces en semana para que ensaye. “Para Bárbara este es el espacio fuera de nuestra casa en el que ella es más ella”, relata su madre. “Cuando va a algún sitio siempre tienes la duda de saber cómo encajará, pero aquí no, las personas encajan tal cual son. Bárbara aquí es ella”, añade. “Aquí no es tan importante el síndrome, es importante ella”.

Luz dice que, cada año, llora en la actuación de Flick Flock Danza en el Falla. “Siempre le digo a todo el mundo que si le gusta la danza que venga a ver un espectáculo, que no se arrepentirá”. Esto no es una ONG, ni nada parecido, es solo danza”. Las coreografías de la compañía, para la madre de Bárbara, son una mezcla de “esfuerzo, sentimiento, ilusión y esperanza”.

Al entrar en las instalaciones de Flick Flock Danza, de paredes acristaladas, hay varias fotografías de alumnos y alumnas sobresalientes, y también un cuadro con frases del poema Los niños aprenden lo que viven, de la escritora y terapeuta familiar Dorothy Law Noltre. Entre otras frases, recoge que “si un niño vive con la tolerancia, aprende a ser paciente; si un niño vive con la seguridad, aprende a tener fe; si un niño vive con la aceptación y la amistad, aprende a encontrar amor en el mundo”. En esta academia, desde luego, lo llevan a la práctica.

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