VidaGastrovozA boca llena

Flanagan: un pedacito de Brooklyn en el Polígono

El momento que tardo en apurar la hamburguesa, que no es poco, es fantástico.

Hay hamburguesas y hamburguesas. Las que más venden en este país son, con gran diferencia, las de McDonalds y Burger King. Esto no quiere decir que sean las mejores, pero lo que sí es seguro es que son a las que mejor le funcionan el marketing. Lo que es casi seguro es que en Jerez el tercer establecimiento en el escalafón es Carmelo´s Burger Pizza. Cuando era sólo una pequeña barra en la plaza de Nicaragua ya había vendido más que el McDonalds de la calle Larga, el primero del mundo que cerró sus puertas, aunque el pasado 31 de diciembre ha hecho lo propio el del centro comercial Los Rosales, en La Coruña, después de 20 años. 

En el Volatín, donde despachan los mejores sándwiches de pollo del Universo conocido, sólo la parsimonia patológica de su propietario le priva de este registro, ya que entre el desaparecido Mini Burger de la calle Consistorio y su actual negocio de la plaza del Caballo suma casi cuarenta años en el oficio. Las otras hamburguesas a las que voy a referirme en esta ocasión no se venden por millones, ni siquiera por miles, pero hacen las delicias de los paladares exigentes. Son de carne de primera y están hechas al punto. Además, como guarnición tienen patatas de campo peladas, cortadas a mano y fritas en aceite de oliva, no las congeladas que se fríen con aceites extraños; panceta frita en lugar de bacon Oscar Mayer, y huevos poché en vez del huevo a la plancha clásico de toda la vida.

No quiero aburrirles con el origen de este sándwich americano de carne picada, que algunos sitúan ya en la época de los patricios romanos, pero que debe su nombre a la ciudad alemana. Sus inmigrantes, a finales del siglo XIX, lo introdujeron en los Estados Unidos con el nombre de “filete estadounidense al estilo Hamburgo”. De lo que sí me alegro es de que haya abierto sus puertas otro establecimiento llamado a deleitarnos con la mejor manera de elaborar este bocadillo.

Hasta ahora, para comer hamburguesas así había que tener un enchufe para entrar y salir de la Base de Rota o ir sí o sí a Majareta Franklin Burguer & Cake, un pequeño local situado en la calle José Cabral Galafate, pasado el club Nazaret en dirección hasta la avenida Juan Carlos I. Con Majareta se importó a nuestra ciudad la manera de cocinar hamburguesas gourmet a un precio un poco más elevado, pero con una calidad infinitamente superior a las comunes. Con carne de res de primera, encurtidos igualmente de gran calidad y panes de elaboración propia. Claro que uno tenía que encomendarse a su particular ángel de la guarda para encontrar mesa libre en el pequeño local.

La aportación vino también de la mano de dos franquicias del conocido Foster Hollywood, en la calle Zaragoza y en el centro comercial Luz Shopping, y recuerdo las que hacía en su entonces local de la Pescadería Vieja Peri O´Neale, o en el desaparecido Broadway, a la espalda del Mesón Las Botas, y las que siguen haciendo en Malaburger, que tengo pendiente visitar, ó El Chozo, de Pablo Grosso, en El Puerto. Así hasta que a los dueños de pizzería La Roma, con sendos negocios de éxito en la calle Zaragoza y en la avenida Cruz Roja, y una terraza de verano en Paddock Jerez, decidieron hacerle un guiño a la cocina norteamericana con The Flanagan Burger Company. Se trata de un establecimiento situado casi pared con pared con la pizzería La Roma de Cruz Roja, ahora cerrada por reformas, y que está especializado en comida americana. Su interior nos traslada a un restaurante típico de Brooklyn, el condado más poblado de Nueva York, con motivos alusivos al boxeo. Seguramente, por haber sido cuna de algunos de los nombres más grandes e ilustres de la historia de este deporte, como Mike Tyson o Riddick Bowe.

El amplio local dispone de varias mesas corridas y redondas, zona de barra y los fines de semana hay actuaciones en directo con cantantes de soul, rock, pop, folk, indie pop… Pero son de noche, por lo que nos conformamos con escuchar de fondo a Celine Dion y su clásico My heart will go on, que no está nada mal. Siguiendo la estela de sus hermanos mayores, Flanagan dispone de productos sin gluten y sin lactosa. Además, tiran de materia prima española, como la ternera gallega o la retinta de Vejer, para elaborar sus platos. 

Con la buena experiencia de La Roma y atraído por la siempre apetecible cocina norteamericana no quise demorar mucho más mi primera visita a Flanagan. Era un domingo de finales de julio y a mediodía no había precisamente cola para coger mesa. Llegamos pronto. Eran poco más de las dos de la tarde y sólo había una mesa ocupada. Nos sientan junto al gran ventanal serigrafiado que da a la avenida de la Cruz Roja. Pedimos las bebidas. Tratándose de comida americana hubiera preferido una Coca cola bien fría, como la que pide mi hija mayor, pero estoy aprendiendo a vivir sin los refrescos con gas y me decido por una botella de agua. 

Como se pueden imaginar, la carta no es un tratado de dieta vegana, aunque en el anverso ofrecen dos hamburguesas con muy buena pinta. Una es de soja y otra de gambones, lechuga y mayonesa que seguro que caen la próxima vez. Entre los entrantes, más o menos lo esperado. Alitas de pollo, aros de cebolla, nachos, patatas fritas con bacon y/o queso… Lo único que desentona en una carta americana son las croquetas caseras, lo que no quiere decir que no sean un descubrimiento.

Nos decidimos por los nachos. Llegan servidos con queso cheddar, soul cream, guacamole y carne picada. Se pasa un rato agradable probando con los triángulos los diferentes tipos de salsa, mezclándolas con el queso, la carne y el tomate ligeramente picante. Es un inicio de almuerzo prometedor y muy completo. No puedo evitar acordarme de un platazo delicioso que se servía en su tiempo en Jhonny´s Pizza Burger, en El Almendral, y con el que Rexy y su equipo triunfaron muchos años. El Súper Pancho. Su pariente del Flanagan, muy recomendable.Bien es cierto que nos llenó un poco. Afortunadamente, nos dejamos aconsejar por los atentos camareros y no pedimos todas las cosas que nos entraban por los ojos. Casi al mismo tiempo nos sirven unas alitas de pollo perfectamente aliñadas, fritas y embadurnadas en salsa barbacoa. Están muy bien fritas y bien colmadas de carne para tratarse de la parte media del ala, la más plana ó wingette. La reina de la casa, la hamburguesa, ofrece hasta catorce variedades distintas, a las que hay que sumar las dos vegetarianas a las que me refería antes. 16 que a su vez se dividen en dos tipos, 150 y 250 gramos. 

De entre todas, y en un arrebato de patriotismo chico, me decido por la Ruben’s Burger de un cuarto de kilo, con una base de filete ruso hecho con carne de retinto de Vejer certificada en el que aparecen montados una loncha de panceta, un huevo poché y una rodaja generosa de pepinillo cortada a lo largo. La carne de la hamburguesa la pican ellos mismos en el establecimiento. Su textura es muy similar a la de Majareta. Rápidamente, la camarera me saca de dudas. Han fichado a su cocinero. Enorme acierto, sin duda.

Muchos establecimientos suelen caer en el error de encerrar un hamburguesón de ese porte en un pan normalito, que con el calor y el jugo acaba casi desapareciendo. El pan de esta hamburguesa, sin perder su ternura, aguanta sobradamente el suculento interior. Las patatas que la acompañan deben ser al menos de la colonia de Sanlúcar. Cortadas un poco más gruesas que al bastón y luciendo aún parte de la piel, están sabrosísimas. A la elección del cliente, la sirven con kétchup y mostaza. El primero es Heinz, naturalmente, aunque fabricado en España. El segundo es importado de los Estados Unidos. Todo un detalle a tener en cuenta. 

El momento que tardo en apurar la hamburguesa, que no es poco, es fantástico. Pero sin saber aún que mi patriotismo chico me ha jugado una mala pasada. Y es que la camarera, agradecida con tanto elogio, me recomienda que la próxima vez pida la black angus, que es la especialidad de la casa. Tomo nota. Aunque también habrá que ir a por la de vaca rubia gallega o la de presa. Se me empieza a acumular el trabajo. Por fortuna, se les ha acabado el costillar, que preparan durante 12 horas a baja temperatura. Hubiera sido demasiado. La ensalada César, el solomillo de retinto, el entrecot de vaca rubia gallega o la tarta de aguacate y pistacho quedan pendientes para una próxima visita a este pedacito de Brooklyn en pleno Polígono de San Benito.

The Flanagan Burger Company. Avda. Cruz Roja, 10-12, 11407 Jerez (Cádiz). Abierto todos los días de la semana, de 13.30 a 16.30 y de 19.30 a 00:00 horas. Teléfono 956 77 63 25.

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