Provincia

Fidela Castro, la abuela costalera

La hermandad del Cristo de la Piedad de La Barca mantiene una cuadrilla mixta desde hace 20 años, una de las pocas que existen en la provincia de Cádiz después de que en El Puerto expulsasen a Maika y Andrea.

La hermandad del Cristo de la Piedad de La Barca conserva una cuadrilla mixta desde hace 20 años, posiblemente la única en la provincia de Cádiz después de que en El Puerto expulsasen a Maika y Andrea.

Fidela se crió viendo a sus hermanos cargar bajo el Cristo de la Piedad. Cada Semana Santa ansiaba que llegara el Viernes Santo para ver el paso de misterio procesionar por las calles de La Barca. Confiesa que no es muy devota, pero sabe que “algo hay”. Durante años siempre acompañó a su cristo estando detrás, aunque su verdadero deseo era estar debajo. “Desde pequeñita veía a esos pasos rodando en el pueblo y a mí, que fuese con ruedas, me daba mucho coraje”. Ella quiso formar parte de la cuadrilla y conseguir ser, por fin, costalera. Sin embargo no lo consiguió hasta que en 1997 hubo un relevo generacional en la hermandad.

“Aquí antes algunos decían que las mujeres servían para que fueran de mantilla y delante”, expresa. “¿De mantilla y delante? Pues si quieres vas tu delante y te pones la mantilla. ¡Hombre!”, continúa con rabia. Fue a los 35 años cuando Fidela empezó a cargar su Cristo junto a otras cuatro mujeres. Hoy, dos décadas después, ella es la única que continúa siendo costalera del Cristo de la Piedad y, después de que dos hermandades de El Puerto expulsaran a Maika Anelo y Andrea de la Flor, es probable que sea de las pocas mujeres en la provincia de Cádiz que vaya bajo las trabajaderas junto a otros hombres.Las cuadrillas mixtas en las hermandades se están extinguiendo y los responsables son los nuevos capateces. “Tras más de diez años como hermana costalera, mis Viernes Santos y Domingos de Ramos quedarán para el recuerdo”, expresó en su muro de Facebook Maika Anelo, antigua costalera portuense de las hermandades de La Borriquita y La Soledad, cuando los capataces de las respectivas hermandades decidieron prescindir de ella. Y es que como la portuense expuso, el machismo sigue atacando con fuerza: “La cruda realidad nos recuerda la más antigua y extinguida (porque se asegura que es así) idiosincrasia de las hermandades y cofradías, ese rancio olor machista que abanderamos hoy en día estar obsoleto en nuestra sociedad”.

Sus compañeros se impusieron ante un capataz: “Aquí ha cargado ella otros años y va a seguir cargando”

De hecho, Fidela cuenta que en sus 20 años como costalera, de tres capataces que han pasado por su hermandad, hubo uno que intentó deshacerse de ella. “Pero mis compañeros le dijeron: Aquí ha cargado ella otros años y va a seguir cargando“. Porque Fidela siempre ha sido respetada por todos, tratada “como otra más”. “Los chicos que llegan de nuevas se sorprenden. ¿Esta mujer qué hace aquí?, se preguntan”, ríe. “Pero si yo soy la más mayor, puedo ser la abuela de todos ellos”, agrega quitándole hierro al asunto.

Al principio hacían la convivencia todos juntos “y nosotras no hemos tenido problemas nunca, ni una palabra de mal gusto. Al revés”, comparte. En la pedanía jerezana los vecinos se percataron de la inclusión de cinco mujeres bajo el paso de misterio —algo nunca visto ya que las féminas suelen cargar palios o pasos de hermandades de Gloria, mucho más livianos—. Pero cuando las demás se fueron dos años más tarde, por cuestiones laborales o familiares, nadie se dio cuenta de que bajo el paso continuaba habiendo una mujer.

“Si llego a la Iglesia y me tengo que tirar al suelo, lo haré”

Además, Fidela nunca hace relevos. “Siempre he estado bajo el paso desde que salimos hasta que nos recogemos”. Unas cinco horas y media soportando el peso del Cristo de la Piedad en cada chicotá. En un primer momento, sus hijas, que por aquel entonces eran menores de edad, no le pusieron impedimento, pero dice que ahora, a sus 55 años, no quieren que cargue “porque luego me llevo una semana con dolores de espalda”.

Fidela Castro —nombre que le pusieron no por el ex primer ministro cubano, sino porque a su abuela le gustaba Fidela— confiesa que este año se planteó no cargar durante una parte del recorrido. “Pero por el grupo de WhatsApp hablaron de que hacían falta costaleros y me dije, ya está, voy a cargar todo el rato otra vez. Si llego a la Iglesia y me tengo que tirar al suelo, lo haré”. La emoción que ella siente cuando se coloca la molía y sale por la puerta de la iglesia con el himno sonando es impagable y, en parte, indescriptible. “El primer año me harté de llorar, me emocioné muchísimo”, recuerda. “Y siempre tengo la misma sensación cuando cargo debajo del Cristo. Siempre. Y el día que no pueda, no sé que haré”, añade.

La barqueña, que ni quiere imaginarse lo que es que le nieguen tener cada año ese sentimiento solo por el hecho de ser mujer, anima a que las costaleras de El Puerto reivindiquen su puesto y, “que si quieren cargar, aquí tienen las puertas abiertas”. Ante la discriminación de género que sufrieron las dos jóvenes portuenses, el obispo de Jerez, José Mazuelos, declaró que no tiene “inconveniente hacia las cuadrillas mixtas pero se han dado cuenta de que no van bien, yo no he preguntado por qué”. No obstante, Mazuelos defiende que los capataces de estas hermandades tienen potestad para elegir sus cuadrillas. En las hermandades, la mujer habitualmente ha ocupado siempre los mismos puestos, como por ejemplo, ser camareras. ¿Tú nunca has querido hacer eso, no? “No”, responde Fidela con vehemencia, a pesar de que siempre se ha dedicado a la tapicería junto a su marido. “Yo solo quiero cargar, nada más. No vivo la Semana Santa, no voy a ningún lado, yo lo que estoy deseando siempre es que llegue el Viernes Santo para irme a la parroquia a las seis de la tarde con mi molía y estar aquí”, concluye con una sonrisa mientras alza la mirada para observar cada recoveco de las instancias de su hermandad.

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