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Fernando Cobacho, el ‘renacido’ que construyó un pequeño gran imperio sobre miles de palés reciclados

Se recuperó de un coma con 24 años, se graduó en ADE en Barcelona, donde vivió hasta los 30, y montó un negocio digital en Londres. Fueron solo los inicios de la apasionante vida de este empresario afincado en Jerez que sirve unos 30.000 palés cada mes a bodegas, cooperativas y multinacionales

La vida de Fernando Cobacho de Alcántara, a punto de cumplir 40 años, es de película y, hasta cierto punto, un continuo y apasionante reciclaje en cada giro de guion. Con 24 años, un coche paró en seco delante suya y él, que viajaba a 60 kilómetros por hora en su moto, no sabía que estaba a punto de volver a nacer. Costillas rotas, omoplato, bazo, médula dañada… “estuve a punto de palmarla, me metían transfusiones de sangre y las perdía todas, a mis padres les habían dado ya una pastilla para decirles que no contaran conmigo”. Abrió los ojos y tiró para adelante: renacido. “Tuve suerte, no era mi momento”, reconoce a lavozdelsur.es. “Estuve en silla de ruedas, no podía caminar porque me había tocado la médula, pero al cabo de seis meses, no se sabe muy bien por qué, empecé a sentirme las piernas…”

Antes del accidente, Fernando se graduó en Dirección y Administración de Empresas en la Pompeu Fabra de Barcelona, ciudad en la que residió desde niño hasta cumplir los 30. En Barcelona también podría decirse que empezó una nueva vida, después de ver la luz en Reinosa, un pueblo de Cantabria. En aquella zona su familia recorría la cornisa cantábrica como vendedores ambulantes de aceitunas y bacalao. Su padre, natural de la localidad gaditana de San Roque, es hijo de emigrantes a Cataluña que acabaron por todo el Norte buscándose la vida en la posguerra. Su hijo iba a hacer el camino inverso, como sus padres, muchas décadas más tarde.

Después del accidente, este joven emprendedor, el clásico prototipo de lo que los norteamericanos llaman hombre hecho a sí mismo, decidió marcharse a Londres, “estaba quemado de España”. “Tuve una recuperación de varios años y cuando ya estuve al 100%, pensé en hacer algo diferente y me fui”. Viajó por el mundo hasta que acabó en Londres, donde montó una web para asesorar a jóvenes emigrantes españoles que llegaban al país. ¿Qué vino luego, cómo acaba en Andalucía, al sur del sur de España? Para llegar a eso hay que situarse nueve años atrás.

Vista general de la nave de LG Inversa Recycled Pallets. FOTO: MANU GARCÍA

La madre de Fernando es diagnosticada de cáncer, que los médicos vinculan con el estrés y la contaminación en Barcelona, por lo que la familia decide bajarse al sur definitivamente, pues ya desde siempre pasaban los veranos por Cádiz. En una de las recaídas —ha superado cinco veces esta enfermedad—, le dan seis meses de vida. Fernando hace las maletas, lo vende todo, y se vuelve a España, al sur, con su familia, “que es donde tenía que estar”. Otra vez a reciclarse y a reiniciar su vida. De alguna manera, a renacer. Aquellos seis meses de vida se convierten, afortunadamente, en años, “es una jabata, una luchadora”, dice orgulloso de su madre. En paralelo, casi desde el primer momento Fernando ya pensó otra vez cómo y con qué reemprender en la vida.

Atiende a este medio en un despacho de mesas de palés en medio de un enorme ruido de máquinas y de un claveteo permanente en la nave de 4.000 metros que regenta en la Ciudad del Transporte de Jerez. En una antigua instalación de padel, se levanta un pequeño gran imperio de palés, esencialmente reciclados. Es la empresa de Fernando Cobacho desde hace nueve años, LG Inversa Recycled Pallets. En el nudo logístico principal de la provincia de Cádiz, el empresario sirve miles de palés al día de los millones que circulan diariamente por el mundo en el tráfico incesante de mercancías.

“Antes del accidente, trabajé para una multinacional que gestionaba palés de madera, que principalmente alquilaban; yo estaba en la gestión de activos, controlaba los movimientos, fiscalizaba que no hubiera fugas. Era como un inspector de Hacienda pero de palés. Como sabía muy bien desde dentro cómo funcionaba la gestión, hice un estudio de mercado, para ver por aquí cómo estaba ese tema, porque los veían sin recoger tirados por todos lados, y vi que había posibilidades de negocio“.

Fernando, en su despacho en la nave que regenta en la Ciudad del Transporte. FOTO: MANU GARCÍA

Invirtió 8.000 euros que tenía ahorrados y compró junto a su cuñado una furgoneta. Éste, por circunstancias personales, dejó la aventura a los tres meses, pero Fernando siguió cada día llegando a las cinco de la mañana a patios de complejos industriales, como el del Parque Empresarial jerezano, para limpiarlos a cambio de llevarse los palés en mal estado. “Recogía en muchos sitios unos días, y otros días los reparaba en una navecita que me dejaban, y otro día me dedicaba a venderlos. El sábado y domingo, igual”. No paraba. Hasta hoy. “Si lo llego a saber, no me meto…”, dice riendo sin ocultar cierto desbordamiento.

En la actualidad, cuenta con 28 empleados en dos turnos y sirve unos 25-30.000 palés al mes fundamentalmente a bodegas y cooperativas agrícolas de la zona. De repente, la industria auxiliar del vino, esa tan deteriorada en la ciudad a finales de los 80, empieza a resurgir. “Trabajamos para muchas bodegas y destilerías de la zona como Williams & Humbert, Fundador, Osborne, José Estévez, Rives… Les posicionamos los palés en su fábrica para que ellos puedan directamente exportar su mercancía al extranjero”. El 90% de los palés viaja al extranjero. Solo a Williams, por aquello del mercado filipino, la empresa sirve un millar de palés al día.

Dos trabajadores, en plena labor de montado de palés. FOTO: MANU GARCÍA

Pero su negocio, además, tiene otro valor añadido: es lo que él llama logística inversa. Su flota de camiones —dos tráilers y dos rígidos— suben con palés, por ejemplo, a Barcelona y bajan cargados de palés para su reciclado. “A nivel nacional trabajamos con el grupo logístico Carrera, para tiendas de Mango, Zara…, les posicionamos los palés en Barcelona, Madrid, Zaragoza, Alicante… ¿Qué hago? Cierro contratos anuales de residuos de palés que tienen ellos; yo se los compro y les posiciono en su empresa el palé que necesitan, con lo cual no me vuelvo con las manos vacías. Tenemos los costes muy bien controlados y somos competitivos a nivel nacional”.

Fernando, que contribuye desde su empresa a proteger el planeta alargando la vida útil de los palés y, de ese modo, evitando que se talen más árboles, no deja de hacer inversiones en su negocio, como la máquina de secado de palés o la semiautomática para montarlos que ha adquirido recientemente. Todo a pulso. “Mi padre es camionero y mi madre, ama de casa. Todo ha sido negociando con los bancos y, aunque algunos eran reacios, otros han accedido por el respaldo de clientes que tengo”, expone.

Cobacho, en una pila de palés, tras la entrevista con lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA

Su próximo objetivo es hacer un Amazon de los palés, con control y seguimiento de los pedidos directamente gestionados por los clientes con una referencia. Cuando tenga tiempo, también quiere montar una tienda de muebles de palés en Jerez, pues ya es otro de los servicios que ofrece, aunque a la manera de Ikea. “Empezamos por los muebles de madera, que eran un boom, pero los costes en mano de obra se disparaban y no compensaba”. Aun así, abunda, “no dejamos de lado a los clientes que vienen y quieren montarse sus sillas, sus mesas o lo que sea, les damos asesoramiento y herramientas y ellos se lo montan en su casa”.

El cambio de vida radical de Fernando le trajo hace ya casi una década hasta Jerez, donde asegura que goza de una gran “calidad de vida” en una ciudad que no conocía pero que “me ha enamorado”. “Tardo cinco minutos en ir de casa al trabajo; en Barcelona era hora y media. Eso no hay dinero que lo pague. Hay que trabajar pero hay que disfrutar de la vida porque si no, qué sentido tiene”. Sobre esta filosofía, construye su aventura empresarial de éxito. Este emprendedor, que tantas veces se ha reinventado, que incluso ha renacido —literalmente—, ya observa Cataluña desde la distancia, aunque a menudo regresa y comprueba unos niveles de crispación “disparatados”. “¿Pena? Es un desastre, ha costado mucho levantar una economía y se le están cargando cuatro políticos. Yo soy catalán pero también soy español y lo que están haciendo no me parece bien. Ese mal ambiente no lleva a ningún lado”.

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