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“Feliz cumpleaños, urraca; disfruta de él como si fuera el último porque nunca se sabe”

El principal acusado en el crimen del gerente del club de alterne Oh, Palace! de El Puerto relata ante el juez las amenazas que sufrió por parte de su exsocio y sostiene que la pistola que le mató "se disparó" tras un forcejeo entre ambos.

El principal acusado en el crimen del gerente del club de alterne Oh, Palace! de El Puerto relata ante el juez las amenazas que sufrió por parte de su exsocio y sostiene que la pistola que le mató “se disparó” tras un forcejeo entre ambos.

Ángel Federico Rodríguez, de 55 años, era el dueño del Oh! Palace, un local de alterne situado en la carretera de Sanlúcar de Barrameda, “escenario de actuaciones de alguna famosa televisiva y también de reyertas entre capos y bandas organizadas”, según publicó la revista Interviú en mayo de 2015, apenas unos meses después de que el cadáver de este empresario, conocido como ‘el rey del sexo’, apareciera dentro del maletero de su coche, calcinado y con un disparo en la cabeza. A las afueras de El Puerto, en la urbanización Las Palmeras, su cuerpo estaba envuelto en un saco de pienso para caballos de la marca Piensur. Un detalle, abunda Interviú, que permitió a los agentes de la Udev (Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta) de la comisaría portuense llegar hasta el principal sospechoso, Alberto Padilla, con 39 años entonces, antiguo socio de Rodríguez, y cuya novia usaba ese alimento para los caballos de un picadero familiar. El acusado de matar en febrero de 2015 al que fuera gerente del club de alterne portuense ha alegado en el arranque del juicio, este pasado martes, que la pistola que mató a la víctima “se disparó” tras un forcejeo entre ambos.

Un jurado popular juzga en la Sección Cuarta de la Audiencia Provincial de Cádiz a los acusados por el citado crimen, un total de tres, para los que la Fiscalía pide penas de 18 años para el supuesto autor material del crimen, dos años para uno por encubrimiento y tres años y medios para otro por encubrimiento y profanación de cadáver. Según el relato de la defensa del principal acusado, su defendido fue socio trabajador de la víctima y hacía de gerente del club “hasta que la relación se deterioró por acciones violentas” de la víctima, a la que ha calificado como un “extorsionador”. En este sentido, ha apuntado que incluso “ordenó que se le diera una paliza” a un tercero, la cual no se llegó a consumar porque el propio acusado dio avio de ello.

Como recoge Europa Press, ha asegurado que por este tipo de causas el acusado “rompió la relación” con la víctima, que a raíz de ahí “comenzó a amenazarlo”. En este sentido, con la intención de describir la personalidad de la víctima, la defensa ha señalado que cuando una juez de un juzgado de Sevilla ordenó el cierre de ‘Oh, Palace!’, así como otros centros, la víctima “ingresó en Madrid en una clínica por problemas psiquiátricos”, de la cual se fue por voluntad propia antes de tiempo. Además, ha añadido que cuando salió “amenazaba con matar a la juez y luego suicidarse”. Por su parte, el acusado procedió a intentar reactivar la actividad de ‘Oh, Palace!’, como administrador, recibiendo por ello “amenazas de muerte” de la víctima y “teniendo que poner precauciones”, ya que, según ha apuntado, “fue a su domicilio en varias ocasiones”, aunque “no consiguió” hacer nada “porque fue alertado”.

En este sentido, la defensa ha puesto de manifiesto que el día del cumpleaños del acusado recibió un mensaje de la víctima en el que ponía: “Feliz cumpleaños, urraca. Disfruta de él como si fuera el último porque nunca se sabe”. Además, la defensa ha manifestado que “era práctica habitual” de la víctima mandarle a proveedores con deudas que eran anteriores a su gestión —la del acusado—. Así, el día de los hechos, recibió la llamada de un acreedor reclamando una deuda que no era suya, por lo que decidió llamar al administrador de la víctima para decirle que pusiera fin a esa práctica.

Según la defensa, minutos después recibió una llamada de la víctima diciéndole “que se iba a enterar” y posteriormente otra llamada de uno de los acusados —por presunto encubrimiento— preguntándole “qué había pasado que estaba como loco —la víctima— y quería verlo”. Tras negarse a verlo, según el relato de la defensa, estando el principal acusado en su casa, entró quien lo había llamado y le dijo que la víctima estaba fuera y quería verlo. Así, lo invitó a “subir al coche para ir a tomar un café” y tras la negativa del supuesto agresor, la víctima, según el relato de la defensa, se fue a bajar del coche. Fue entonces cuando el agresor dice que vio que la víctima cogía una pistola, por lo que tuvieron un forcejeo y al caer dentro del coche la pistola “se disparó”.

Una deuda de 7.000 euros, origen de los problemas

A partir de ahí, coincide con la calificación del fiscal, en que entrega el arma a su pareja, que se deshace de ella tirándola al mar, y que aparecen en escena nuevamente uno de los acusados y por primera ve el último. Según la defensa, al acusado por encubrimiento no le dice que la víctima ha muerto, sino que se ha ido y como había llegado hasta su casa en el coche del ya fallecido, le ofrece llevarlo nuevamente de vuelta. Mientras que la relación con el segundo se fragua en que, al ser “una persona de confianza”, lo llama “desbordado por la situación” para contarle lo ocurrido y a éste, tras decirle que no se preocupe, le entrega las llaves del coche de la víctima, que aparecería dos días después con el cadáver en el maletero y medio calcinado tras haber sido incendiado con gasolina.

Por su parte, el fiscal ha indicado que los problemas entre ambos ex socios de negocios se debían a una deuda de 7.000 euros del supuesto agresor a la víctima. Además, ha mantenido que el agresor salió de su casa y le pegó un tiro en la cabeza a la víctima cuando esta estaba sentada en el interior del vehículo. En cuanto a los otros dos acusados, el fiscal mantiene que el acusado de encubrimiento, que llegó a la casa con la víctima, “escuchó la detonación de la pistola y decidió irse” con el supuesto acusado. Mientras que el tercero de ellos, acusado también de profanación de cadáver, decidió encargarse del cuerpo y lo mantuvo dos días en el maletero del coche hasta que decidió que “la mejor opción era quemarlo”.

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