“Faltan ideas para relanzar la industria ecuestre, el político solo aparece cuando se celebra algo”

Olímpico en tres ocasiones y medalla de plata en los Juegos celebrados en Atenas, Rafael Soto sigue inmerso en la alta competición como técnico de la Federación Hípica Española, además de ser el jefe del área de exhibiciones de la Real Escuela.

Dicen que nació en la calle Cantarería, en pleno barrio de Santiago. De padre gitano —hermano mayor del torero Rafael de Paula— y madre paya, de Trebujena. Eso, y el hecho de haberse criado en Mallorca le hace sentir que no es gitano de pura cepa, dado el respeto que le tiene al gitano de Jerez. “Aquí el que no lo es, quiere serlo”, recuerda el que es un dicho popular de esta tierra. Aun así, Rafael Soto Andrade (1957), jinete olímpico en Atlanta, Sidney y Atenas (medalla de plata por equipos en la capital griega), Premio ‘Caballo de Oro’ en 1996 como miembro del Equipo Español de Doma Clásica y ‘Caballo de Oro’ en 2003 a título individual y galardonado en numerosas competiciones, afirma que, lógicamente, le corre sangre calé por sus venas, lo que quizás, a la hora de montar, le haya hecho transmitir un pellizco similar al que, cuentan, tenía su tío Rafael cuando sacaba el capote a pasear. Pero el actual jefe del área de exhibiciones de la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre tiene claro que lo primordial a la hora de montarse en un caballo es la técnica. Luego, enumera, “hay que dedicarle toda una vida, hay que querer mucho al caballo y cuidarlo bien y tener no solo pasión, también hay que tener alma”. Y entonces, se lo piensa y reconoce: “En ese alma y esa manera de interpretar, quizás exista ese pellizco gitano”.

Como ya está dicho, Rafael pasó su infancia y juventud fuera de Jerez. Primero en Sevilla y ya con ocho años en Palma de Mallorca, donde se trasladó su padre para trabajar en una ganadería. En la capital de las Baleares montaría su padre una escuela hípica y es ahí donde reconoce Rafael que aprendió de verdad a montar a caballo. Luego llegarían las primeras competiciones y los escarceos con el mundo del rejoneo, una de sus grandes pasiones gracias, sobre todo, a la amistad que su padre tenía con Álvaro Domecq Díez y su hijo, Álvaro Domecq Romero. Fue precisamente éste último quien, ya habiendo fundado la Real Escuela, le comentó a su padre: “Paula, tienes que mandar a Rafaelito a mi escuela, que tiene que seguir aprendiendo a montar a caballo”. “Y tenía toda la razón del mundo —rememora—. Hay que seguir aprendiendo siempre, y cada vez uno aprende más y no deja de hacerlo, sobre todo en la equitación”.Así que Rafael Soto emprendió camino de regreso a su tierra, de donde ya no se movería más. O sí, porque sus numerosos compromisos profesionales le han hecho recorrerse prácticamente todo el mundo, primero a caballo y en los últimos tiempos, como entrenador. “Hay que salir fuera, pero a Jerez siempre hay que volver, pero ya digo que cada vez que he salido he aprendido nuevas cosas, además de que luego valoras mejor todo lo que hay aquí”. Rafael, que reconoce que su ciudad la ve mejor “a caballo” que a pie, la considera “la más bonita del mundo”, aunque no niega que “me gustaría que estuviera mejor. El paro y la crisis le ha afectado muchísimo, las bodegas ya no son lo que eran… Creo que el turismo es algo importante para Jerez y cada vez hay más gente visitando la ciudad, o eso al menos veo desde la Escuela”.

El día comienza muy temprano para Soto. A las seis suena su despertador y a las siete ya está en las flamantes instalaciones de la avenida Duque de Abrantes, donde su actividad es frenética: da clases a sus alumnos y también a los de tecnificación, que suelen venir de fuera; está al tanto de los potros jóvenes, prepara los espectáculos de la semana, las galas extraordinarias y las que realiza la Escuela fuera de Jerez; controla los nuevos binomios que puedan surgir de cara a competir… ¿Echa de menos su etapa en la alta competición? “Siempre se echa de menos, pero nunca dejo de estar montando a caballo. La alta competición, en la que he estado durante 10 años, le ha dado un prestigio enorme a la Escuela, porque aquí ha habido caballos y jinetes con medalla. Pero ahora, como técnico de la Federación Hípica Española, he vuelto a estar metido en el ambiente de la alta competición, que es importante, porque uno adquiere conocimientos como entrenador y eso siempre ayuda para transmitirlo a los jinetes jóvenes”.Jerez celebra este año su condición de Ciudad Europea del Caballo, así que no dejamos pasar la oportunidad de preguntarle si, esta vez sí, se aprovechará para generar una industria en torno al caballo, algo que no hizo tras los Juegos Ecuestres Mundiales de 2002. “De hecho la Escuela está creada en esa base, para atraer el turismo, crear una economía y mover este sector”, recuerda, pero señala que “es complicado mantener las infraestructuras. Es necesaria la inversión privada, pero es que la crisis también lo ha empeorado todo. Mira Sementales, que podría ser un sitio activo, donde la gente podría venir a vender y comprar caballos… Pero necesitamos gente que piense, que tenga ideas, como la que tuvo en su día Álvaro Domecq, que gracias a él está la Escuela aquí. También para vender esto hace falta promoción en el extranjero, que no es fácil”. Y luego, señala al “político, que también tiene que echar una mano, pero aquí parece que solo aparece cuando se va a celebrar algo”.

En cuanto a la institución que representa, la Real Escuela, reconoce que “con todos los problemas de la crisis, sobrevivimos. No dejamos de hacer cosas y no es fácil hoy día. Yo, como jefe de exhibiciones, hago todo lo que puedo para que este espectáculo tenga categoría, que los caballos se domen bien y que la gente vuelva”. ¿Se ha quedado obsoleto el espectáculo? “Eso es como decir que la música clásica es obsoleta. Tenemos un montón de números y vamos haciendo unos y otros. Hemos incorporado unos nuevos con música de Paco Cepero y vamos actualizando cosas, pero sobre todo teniendo caballos buenos, que es lo más importante, para que den prestigio al espectáculo y la gente vea un buen trabajo y la calidad de nuestra raza, y eso es lo que nos va a dar prestigio para que podamos exportarlo fuera”.

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