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Exquisitos manjares musicales en el centenario de Leonard Bernstein

La crítica de Villamarta. La Orquesta Joven de Andalucía y el Joven Coro de Andalucía unidos para homenajear al compositor.

La crítica de Villamarta. La Orquesta Joven de Andalucía y el Joven Coro de Andalucía unidos para homenajear al compositor.

Este concierto ha sido propuesto como un homenaje al compositor, director de orquesta, pianista y pedagogo Leonard Bernstein (1918-1990) con motivo del primer centenario de su nacimiento. La batuta ha estado a cargo de uno de sus discípulos, John Axelrod, director artístico y musical de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, que, como era previsible, dio muestras elocuentes de comprender el estilo y el espíritu de las obras que ocuparon la primera parte del programa. La trepidante obertura de Candide, opereta cómica estrenada en Broadway el 29 de octubre de 1956, reúne las características esenciales del lenguaje escénico de Bernstein. Su brillantez ha propiciado que, como es el caso, esta página orquestal introductoria sea frecuentemente incluida en las programaciones de las orquestas más prestigiosas del mundo, sobrepasando los límites naturales para los que fue concebida (una adaptación musical del Cándido de Voltaire, 1759). Axelrod impuso una dúctil dirección que subrayaba los expresivos cambios dinámicos de la partitura, logrando una muy solvente interpretación en la que los breves pasajes solistas de diversos instrumentos fueron resueltos adecuadamente.

La banda sonora de la película On the Waterfront (titulada en España La Ley del Silencio) fue compuesta por Bernstein para el film de Elia Kazan en 1954. Sería candidata a obtener el Óscar a la mejor BSO aunque no llegó a ser galardonada con la estatuilla. La Suite Sinfónica ofrecida por la Orquesta Joven de Andalucía fue realizada al año siguiente con el fin de llevar esta excelente música a las salas de concierto, propiciado por el hecho de que el compositor era también un activo director de orquesta, particularmente de la Filarmónica de Nueva York en aquella etapa. La muy dramática y atmosférica partitura fue traducida de un modo sobresaliente por los intérpretes, quedando resaltados los múltiples hallazgos creativos de la obra y superándose las comprometidas exigencias que se imponen prácticamente a todas las secciones de la orquesta. Los contrastes entre los pasajes más oscuros con los de contenido más emocional fueron expuestos de modo nítido por Axelrod, logrando una expresiva progresión hasta el espectacular clímax sonoro final. Con esta Suite la orquesta alcanzó uno de los puntos más elevados del concierto.

La segunda parte del programa trasladó al oyente a un universo compositivo radicalmente diferente. Frente al dinamismo de Candide o el quebrado drama de On the Waterfront, se abrió paso la música elevada y espiritual de Barber y Fauré, interpretada también con óptimos resultados por parte de orquesta y director, lo que fue elocuente muestra de su versatilidad. A ellos se sumó en este bloque el Joven Coro de Andalucía, incrementado con el Joven Coro Orquesta Ciudad de Granada y otras voces invitadas. A pesar de esta suma de miembros de diversas procedencias, el conjunto estuvo bien empastado y con equilibrio entre las distintas cuerdas. 

El bello Agnus Dei de Samuel Barber (1910-1981) utiliza como base su propio Adagio para Cuerdas, ya muy célebre en 1967, año en el que realizó la adaptación para conjunto coral sin acompañamiento instrumental. Este adagio formaba parte del Cuarteto de Cuerdas op. 11 compuesto en 1936. Dos años después, a petición de Arturo Toscanini, Barber realizó ya una primera adaptación para orquesta de cuerda para ser interpretada por la NBC Symphonic Orchestra, que es la versión más difundida de la obra, en un programa radiofónico el 5 de noviembre de 1938. La transformación para conjunto coral pone a prueba a los intérpretes en afinación, empaste y respeto de la métrica. Las frases son largas y requieren un importante control del fiato. Todas estas dificultades fueron salvadas por el coro con brillantez, ofreciendo momentos tan bellos como el modo en que se sostuvo la frase conclusiva. Una audición detenida del Agnus Dei de Barber nos puede mostrar algunos parentescos con la obra que a continuación se interpretó en este concierto, de la que probablemente es en parte deudora la de Barber, a la que se dio paso sin interrupción.

El Requiem en re menor op. 48, de Gabriel Fauré (1845-1924), fue compuesto entre 1886 y 1888 y estrenado este último año en la Iglesia de la Madeleine de París. El compositor realizó dos versiones más de este hermoso Requiem, una en 1893 y otra en 1900, que es la que se ha ofrecido en este concierto. La obra es innovadora en lo que se refiere al orden litúrgico, ya que se omitió la Sequence (que presenta a Dies irae y Rex tremendae) y se añadió In Paradisum, que deriva del Order of Burial, antes de la Misa de Difuntos; por tanto se elimina el apocalíptico temor de la ira de Dios y se opta por una serena y confortable visión del cielo poco habitual en este tipo de música.

El coro consiguió un efecto etéreo y delicado gracias a un adecuado control del caudal sonoro y a unas voces bien empastadas, con una correcta afinación que facilitaba la integración con los instrumentos de la orquesta. La dirección de John Axelrod fue clave en el éxito alcanzado ya que estuvo atento a las necesidades del conjunto coral y de las dos voces solistas, imprimiendo la esperable sutileza que demanda esta partitura, muy adecuada al sencillo contenido espiritual que alberga. El Sanctus e In Paradisum fueron partes especialmente notables. La soprano vallisoletana Lucía Martín, primer premio en el Concorso Renata Tebaldi de 2015 en repertorio de Música Antigua y Barroca, puso al servicio de su página solista, Pie Jesu, su bello timbre esencialmente lírico, con un fraseo muy matizado y un hábil uso de la mezza voce. La homogeneidad del registro facilitó la expresión tenue tan adecuada a esta página.

El barítono barcelonés Josep-Ramon Olivé, de voz bien timbrada y fraseo cuidadoso, enfatizó el texto de un modo casi operístico, muy efectista pero quizás algo ajeno al enfoque desarrollado por la soprano y el coro. No obstante, su prestación en el Ofertorio y el Libera Me fueron bien resueltas. Un extraordinario concierto, con un precioso programa, en el que los intérpretes mostraron, como se apuntaba antes, una gran versatilidad al servir adecuadamente obras de estilos y contenidos diversos.

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