Cultura

“Estamos en una sociedad cada vez más polarizada entre blancos y negros; los matices nos enriquecen”

Mauricio Gil Cano, toda la vida en las letras, imparte un taller de microrrelatos en la Biblioteca Central de Jerez. "Mucha gente quiere ser escritor sin haber leído, eso es empezar la casa por el tejado", afirma

Mauricio Gil Cano (Jerez, 1964) lleva toda la vida en las letras. Sumergido en un universo literario muy personal. Poeta, narrador y crítico desarrolla desde los 80 del siglo pasado un “intenso” e “inquietante” activismo cultural. Editor y periodista, no solo ha estado coordinando numerosas publicaciones y promoviendo actos y encuentros culturales, sino que ha publicado poemarios como En la noche del mundo, 19 sonetos y un canto a Venecia, A dos poetas suicidas, Declaración de un vencido y Callar a tiempo, así como del volumen de narrativa Cuentos con alcohol. 

Licenciado en Geografía e Historia (Sección Historia de América) y experto universitario en Gestión Cultural, en 2016 publica con Editorial Dalya El cuentista que decía la verdad, novela-ensayo sobre el escritor Francisco Burgos Lecea. Entre otras iniciativas, Gil Cano impulsa el certamen de microrrelatos Cardenal Mendoza, de cuyo jurado es presidente, y a menudo imparte talleres en su ciudad natal sobre narrativa breve o, como ahora en marzo, de microrrelatos.

De hecho, la Biblioteca Central albergará todos los jueves del mes de marzo (días 5, 12, 19 y 26 de marzo), de 17:00 a 19:00 horas, previa inscripción, un taller limitado a quince plazas para adentrarse en un disciplina narrativa que aúna el arte de la precisión y la concisión (Más información en el 956 14 99 70/71).

¿Cuándo comenzó a escribir?

Desde que era un niño. Me gustaba escribir historias, cuentos… no sé decir con qué edad, pero sé que ya en el colegio sacaban una revista muy bonita, y ahí ya metieron un poema mío. Tendría unos nueve años. Ya de mayor, tardé en publicar y la verdad que lo primero que hice fueron artículos periodísticos, trabajé como periodista en El Periódico del Guadalete. Que publicara más tarde, no obstante, no quiere decir que no escribiera: iba sin prisa, pero sin pausa. En fin, más de medio siglo de historia… (ríe).

¿A qué autores ha sido fiel?

He sido fiel a algunos autores, y a otros he recuperado con el tiempo, pero siempre me gusta mucho leer a los clásicos, en el sentido amplio de la palabra. No solo a los clásicos grecolatinos, pero sobre todo a los clásicos de la lengua española.

He sido fiel a algunos autores, y a otros he recuperado con el tiempo, pero siempre me gusta mucho leer a los clásicos, en el sentido amplio de la palabra

¿Escribir exige soledad?

Debes de estar concentrado, pero los periodistas sabéis que en las redacciones también se escribe y ahí se está acompañado, hay ruido… es una prueba de fuego. Lo pongo mucho de ejemplo porque en los talleres hacemos escritura in situ y hay que adaptarse. Hay personas que no quieren, o que les da apuro, pero les pongo ese ejemplo de la redacción de un periódico, donde se quitan todos los complejos y todos los miedos. Es un acto de soledad, pero uno también está acompañando por los libros, por las voces de otras personas que te cuentan sus fabulaciones, reflexiones o aspiraciones.

El autor, con una de sus obras. FOTO: MANU GARCÍA

¿Qué es lo primero que le dice a sus alumnos en sus talleres?

Les hago una introducción al género en función del taller, pero lo primero que siempre les digo es que lean mucho. Detrás de un gran escritor hay siempre un gran lector. Es lo principal para escribir bien, nutrirse de la buena literatura, que se te adhieran las buenas influencias. Si la escritura se parece a la de García Márquez, pues mucho mejor. Luego uno ya coge su propia voz, su propio estilo, y hace algo más personal.

En el principio son las influencias.

El principio es la lectura y luego la escritura. Mucha gente quiere ser escritor sin haber leído, eso es empezar la casa por el tejado.

¿Qué le parece la narrativa hiperbreve de Twitter, hay demasiada afectación?

No sigo mucho eso de las redes sociales, no tengo opinión, pero lo que importa es la calidad de lo que se escribe, independientemente de si Twitter funciona como una libreta. El fondo.

En poesía y en la buena literatura fondo y forma son lo mismo… una forma sin fondo es algo hueco y sin interés

¿Estamos en una sociedad donde prácticamente todo lo que importa es la forma? Vende más poetas con muchos seguidores que poetas que llevan décadas de trayectoria…

En poesía y en la buena literatura fondo y forma son lo mismo… una forma sin fondo es algo hueco y sin interés.

Antes los diarios eran algo íntimo, hoy se cuenta todo, se exhibe todo en las redes sociales, ¿qué le parece?

No soy muy partidario de ese exhibicionismo que se puede ver en las redes sociales, incluso me da un poco de miedo. Uno tiene su propio pensamiento y opinión, y la verdad es que muchas veces lo mejor es reservársela porque tampoco se trata de buscarse enemigos gratuitos.

Gil Cano, en la biblioteca de su domicilio. FOTO: MANU GARCÍA

Alguno habrá…

A veces es inevitable, sobre todo si te has tomado una copita y te pones delante del ordenador (ríe).

Antes la opinión quedaba en la taberna, no en un foro público.

Exactamente. Y además es que, en mi caso, mi opinión sobre muchos aspectos de la actualidad es muy variable. Lo mismo un día opino una cosa y otra la contraria. Entonces claro, en el momento que dejas tu opinión en las redes parece que es algo definitivo. Y yo soy voluble en ese sentido, y lo mismo me puede parecer bien una cosa y luego parecerme horrible. Soy un poco lento y me gusta ver las cosas desde diversas perspectivas y ponerme en diversos papeles.

Ese quizás sea otro de los grandes males de nuestro tiempo: la velocidad es contraria a la reflexión y a la propia escritura, ¿no cree?

Tenemos demasiada prisa, vamos con mucha prisa. Como decían en Marruecos, prisa no, la prisa mata

He dejado de creer en muchas cosas y he vuelto a creer en Dios

Donde tenemos que llegar es a nosotros mismos, que diría aquel…

Efectivamente, no busques fuera, busca dentro de ti porque ahí encontrarás lo que te falta.

¿Cómo resumiría en un microrrelato la España actual?

(Ríe) Quizás es aventurado resumirlo en tan poco espacio, pero desde luego creo que hay mucha falta de rigor. La gente hace juicios muy pronto y con mucha frivolidad, y pone etiquetas en una sociedad cada vez más polarizada, entre blancos y negros. Y eso no es, hay muchos más matices, que nos enriquecen.

¿En qué ha dejado de creer?

He dejado de creer en muchas cosas y he vuelto a creer en Dios.

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