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“Estamos en la era de la posverdad, pero manipular la verdad por intereses no es nuevo”

El periodista y escritor Wayne Jamison publica 'La sombra del Führer', una novela que cuestiona las versiones oficiales, en este caso la del suicidio de Hitler, con un jugoso cóctel de realidad y ficción

¿Se suicidó Blesa realmente? ¿Cuándo murió exactamente Fidel Castro? ¿Está Elvis en una isla desierta con Michael Jackson? Para los amantes de las conspiranoias, la madre de todas es la que habla de la muerte de Adolf Hitler. ¿Y si realmente, más allá de una mera teoría especulativa, fuese cierto que el dictador no murió como se dice que murió? ¿Y si hubiese logrado huir a Argentina? ¿Y si hubiese pisado la gaditana playa de los Alemanes tras hacerse público su suicidio en el búnker de la Cancillería de Berlín aquel 30 de abril de 1945? A Wayne Jamison, periodista y escritor roteño afincado en Jerez, no le van las conspiraciones judeomasónicas pero, como buen miembro del gremio de la canalla, recela de los relatos oficiales. Después de empaparse durante años de las caras a y b de esta historia, está a punto de publicar (el próximo 17 de agosto) La sombra del Führer, donde la realidad y la ficción cuestionan el final de Hitler y, sobre todo, donde subyace una reflexión sobre qué es la verdad y sobre cómo se distorsiona por los poderes imperantes.

Llegar hasta este punto no ha sido un camino fácil para Jamison, que hace unos años también tuvo que digerir cómo Vocento daba el cerrojazo a la delegación del periódico que dirigía en Jerez. El libro que ahora presenta se gestó hace cuatro años y cuando lo tenía a punto su ordenador decidió fundirse a negro y tragarse sus más de 300 páginas. “Fue tal el cabreo y la frustración que guardé en el cajón el manuscrito que me quedaba”. Hace un año, en un concurso literario por capítulos, logró llegar hasta la final rescatando episodio tras episodio este relato que, gracias a esa renovada ilusión, ahora verá la luz.

Un periodista, un alto cargo del Vaticano y una profesora están dispuestos a descubrir la verdad tras la muerte en extrañas circunstancias de un amigo. Jerez, Cádiz, Roma, Zahora, el Faro de Trafalgar, la playa de los Alemanes, Bariloche… Deberán recorrer para ello numerosos escenarios en una trepidante aventura en la que casi nada es lo que parece y donde, desde la primera página, cobra fuerza esa sombra de la manipulación de la historia en la figura de un dictador que podría haber simulado su propia muerte. Como diría Umbral, pasemos a hablar de su libro… pero también de periodismo, comunicación política y un poco de eso que llaman actualidad.

Dígame por qué ésta no es otra novela más sobre Hitler y el nazismo.

A mí me gusta mucho esa parte de la historia, he leído mucho sobre ese tema, y soy consciente de que hay muchísima oferta en las librerías sobre este tema. No quería un típico ensayo sobre la muerte de Hitler, y lo que he hecho es novelarlo. Utilizar este episodio, o parte de la historia, como excusa para hacer dos tramas, una del pasado y otra del presente, que acaban convergiendo. Intento que la parte histórica atrape para que sirva en la otra trama. La base histórica es totalmente real, documentada, y luego está la parte de ficción. Pero es curioso porque al final la gente descubre que, por ejemplo, hubo una gran presencia de nazis en la provincia de Cádiz y ves que eso fue mucho más potente incluso de lo que pensabas.

“Todos podían tener interés en vender esta historia de que Hitler se había suicidado, y por eso muchas veces la verdad no es lo que nos cuentan”

Usted ha hecho para su libro una labor netamente periodística, ¿queda claro qué es ficción y qué realidad?

Lo que he hecho es diferenciarlo muy bien. Creo que se nota mi condición de periodista. Es como si hubiese un tres en uno: trabajo periodístico, novela y ensayo con desarrollo histórico. Lo que hago es recopilar mucho de lo que se había escrito contra la versión oficial de la muerte de Hitler y es lo que va saliendo a medida que avanza la trama paralela. Documentos del FBI y de la CIA demuestran que muchos años después de la Segunda Guerra Mundial los norteamericanos seguían buscando a Hitler; y en España también lo buscaron. La mayoría coincide en que su destino final pudo ser Bariloche, una región argentina, hasta el punto de que allí había más nazis que nativos.

La sinopsis de su libro habla de la que sería una manipulación flagrante de la historia. ¿Considera que estamos ante una práctica habitual?

Ese es el trasfondo de todo y es el mensaje que me gustaría que acabase calando. La historia siempre la escriben los vencedores y en un bando y otro había muchos intereses por enterrarla de esta manera. Lo que está claro es que todos podían tener interés en vender esta historia de que Hitler se había suicidado, y por eso muchas veces la verdad no es lo que nos cuentan. Estamos en la era de la posverdad, pero siempre ha existido la manipulación de la verdad en función de unos intereses, no es nada nuevo. No soy amigo de teorías conspiratorias, pero hay que hacer un ejercicio crítico sobre las versiones que nos ofrecen los poderes imperantes. A nivel doméstico, basta entrar en Facebook para comprobarlo. La gente se está dejando arrastrar por todo esto y eso es más grave: me creo la verdad que me quiero creer porque es la que me interesa.

“La autoedición es una forma de salir a la luz y de asegurar que mantengo el 100% de los derechos”

Usted ha optado por la autoedición, ¿es el único recurso para los escritores noveles o ha sido una decisión premeditada?

Aquí ha habido un poco de todo, había un interés de un editorial importante que me pidió permiso para estudiar el original, pero me decía de antemano que el lanzamiento no sería, en el mejor de los casos, hasta mediados del año que viene. Por todo lo que te he contado, no quería esperar más. Era algo que tenía siempre en el subconsciente y quería romper ya y pasar página. Lo que sí está claro es que la autoedición es una forma de salir a la luz y de asegurar que mantengo el 100% de los derechos, aunque aquí hay una fórmula mixta con distribución nacional, no es autoedición pura y dura. Al final, desde luego, uno mismo es quien mejor defiende su trabajo.

Tiene otro libro publicado pero, en cambio, se mantiene secuestrado desde 2005, ‘La cara oculta de OT’. ¿Otra historia, en este caso de éxito y triunfo, manipulada?

Hay gente que me sigue recordando, entre comillas, como el periodista de OT. En apariencia son temas muy diferentes pero es verdad que de lo que hablas al final es de cómo se manipula la verdad y de cómo muchas versiones oficiales no se ajustan a la realidad. En aquel caso era un libro cien por cien periodístico que plasmaba los contratos que hacían firmar a chavales de 18, 19 o 20 años para concursar en aquello, contratos alucinantes en muchos casos. Hablo de la primera edición que fue el auténtico boom. Sigo guardando dos cajones repletos de documentación de contratos, originales incluso, porque ni les dejaban tener copia. No sé si eso seguirá siendo así o no, pero aquel libro me sigue poniendo los vellos de punta. Se iba a hacer una primera edición de 20.000 ejemplares, que es una barbaridad, y había pactado un acuerdo con Interviú para lanzar el primer capítulo dos o tres días antes de que saliera a la venta. Y de pronto, te dicen que una de las productoras de televisión más potentes ha pedido el secuestro del libro. Y el juez acepta el secuestro cautelar a cambio de una fianza de medio millón de euros. El fiscal se pronunció a favor de la publicación del libro, pero la legión de abogados intimidó a todos. Yo firmaba el libro con la madre de un concursante de OT, que usaba seudónimo por miedo a represalias, y todo aquello acabó muriendo en el olvido.

¿Usted, que es mitad norteamericano, se cree la versión oficial de todo lo que rodea al fenómeno Trump?

No sé… Lo pongo todo en cuarentena. No sé qué creer. Mi único hermano vive en Texas, con mi cuñada y mi sobrino, y también viven mi tía y su marido, que son muy, muy americanos. No suelo hablar de estos temas con ellos, pero las cosas se ven muy diferentes allí de cómo se ven desde la distancia. La clase media estaba muy desilusionada y este voto ha sido de rebeldía. Algo parecido siento yo con el tema catalán; he trabajado y vivido durante 11 años en Cataluña y lo que sí es cierto es que todo es muy diferente con la distancia.

Jamison posa con su primera novela. FOTO: MANU GARCÍA.

Es usted experto en comunicación política, ¿es más políticamente correcto que incorrecto?

Yo siempre me he considerado un periodista muy crítico, de los que les gusta escarbar, investigar, moverse… ir más allá. Ahora mi situación personal me ha hecho ver las cosas desde el otro lado de la barrera en muchas situaciones y es lo que te he dicho antes, las cosas se ven de forma muy diferente y entiendo que es muy difícil ejercer hoy el periodismo con valentía y honestidad. Es más difícil que nunca, pero igual que eso, por muchas circunstancias, también hay un periodismo muy digno que pelea y lucha. Hay que saber leer y hay que leer de todo.

¿Qué le recomendaría a los políticos para que su historia diaria fuese más creíble?

Gestión, gestión y gestión. Y la verdad. El consejo que siempre doy cuando me preguntan pasa por no mentir nunca. Seguir para adelante con tu verdad; eso acaba calando y acaba llegando. Las críticas siempre estarán ahí pero cuando no mientes, nunca te van a poder pillar en esos renuncios. Es la mejor forma de comunicar. Lo que nunca me han gustado son el envío de esos mensajes efectistas, los fuegos artificiales del titular inmediato. Entiendo que es la manera a veces más fácil de llegar, pero no me gusta. Creo en la política de las emociones porque es una forma también, si es honesta, de hacer política sincera.

“Creo en la política de las emociones porque es una forma también, si es honesta, de hacer política sincera”

En su carrera periodística, ¿qué relato le quedó por contar?

Muchos. Y muchas ganas de contar muchas cosas. Recuerdo un episodio trabajando en Tarragona, cuando junto a otro compañero destapamos que Mohammed Atta tuvo el último cónclave antes del 11S en Salou. Imagínate el eco que tuvo y lo que aquello nos reportó para seguir estirando del tema. Lo publicamos dos semanas después del 11S y siempre me ha quedado la cosa de que no llegamos al final de la historia y siempre lo he tenido ahí, pero eso es un ejemplo solo. Un director que tuve me decía que los temas gordos hay que estirarlos como chicle y te das cuenta de que era posible, incluso en lo que menos imaginabas.

¿Se puede ser periodista sin ser escéptico?

No, para nada. Creo que no. El periodista debe poner en cuestión casi todo. Tal y como está la profesión hoy en día, es muy complicado, con los medios cómo están y a veces es normal que muchos acaben tirando de notas de prensa, y de corta y pega. Hacen lo práctico porque no les queda otra.

¿A dónde va el periodismo?

Es una situación igual que la de antes, en el sentido de que hay buen y mal periodismo. Eso sí, hoy en día hay sobreinformación. Es un panorama muy complicado, pero a la vez hay un periodismo más que digno que tiene, precisamente por lo que te he dicho, mucho más valor. Hay muy buen periodismo y hay quien cree que cualquiera puede ser periodista. Eso sí, hay que reinventarse en esta nueva era y hay quienes están haciéndolo bien y otros que no. El buen periodismo siempre sobrevivirá, de una forma u otra. No queda otra. Imagínate un mundo sin periodismo.

“El periodista debe poner en cuestión casi todo pero tal y como está la profesión es muy complicado”

Padre de una niña de cuatro años y marido de alcaldesa (Mamen Sánchez, regidora en Jerez), ¿la madrugada es el territorio del escritor?

No, no, en este caso las mañanas… Es cuando la niña está en el colegio y es cuando puedo ponerme delante del ordenador a escribir. Otra cosa es hilar ideas, algo que vas haciendo mentalmente durante todo el día. Estoy en la labor previa de investigación de una nueva novela y lo que hago es adaptarme con mis tiempos y los de mi familia. Las noches me gustan para leer y, normalmente, voy leyendo 3 o 4 libros a la vez, y casi siempre hay uno o dos que tienen que ver con el tema sobre el que estoy escribiendo.

¿El gobierno actual de Jerez se quedará en relato breve o dará para, al menos, un segundo volumen?

(Risas) Yo qué voy a decir… Paso palabra.

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