Opinión

Esta Andalucía no nos representa

La celebración del pueblo sevillano de Coripe es un reducto y acabará extinta, como todas las barbaries disfrazadas de tradición

Soy andaluz y vivo en Cataluña.

Contemplo con estupor y vergüenza cómo en un pueblo andaluz, Coripe (Sevilla), linchan, queman y tirotean al personaje Judas del año, que no es otro que Carles Puigdemont. Leo que un alcalde del PSOE hace la vista gorda. Veo en un vídeo ignominoso como profesionales de las fuerzas de seguridad del estado contribuyen a un espectáculo dantesco que visten de tradición repartiendo rifles entre sus vecinos y vecinas.

Las tradiciones son festejos compartidos que, mirando nuestras raices, llaman la fraternidad, el respeto y la integración entre pueblos. Las tradiciones existen para perpetuar lo mejor de nosotros mismos o hacer examen de conciencia sobre episodios negros de nuestra historia. La tradición solo tiene sentido en tanto en cuanto llena de autoconciencia a una sociedad. Nos dota de memoria y de madurez. Todo lo que atente contra la dignidad del ser humano y los animales, no es tradición. Por eso a la mayoría del pueblo andaluz no nos gusta el festejo del Toro de la Vega (Tordesillas). Y por eso a mí, andaluz emigrante, me horripila esta “tradición” del pueblo sevillano de Oripe.

A muchas mis amistades catalanas les encanta la Semana Santa andaluza, la feria de Abril, los villancicos flamencos de Jerez o el carnaval de Cádiz, porque esas tradiciones tienden puentes y no levantan muros. Porque están repletas de belleza y bondad. Son tradiciones que unen y no nos separan. Esas tradiciones gustan porque son verdaderas tradiciones.  Lo demás, es barbarie.

Mi rechazo a la “tradición” de Coripe no tiene que ver con el personaje en cuestión, se llame Urdangarín, Ana Julia Quezada o Eva Sannung, ningún ser humano merece, pasar por el escarnio de ver su figura linchada y tiroteada, por simbólico que sea el acto. Ni un político exiliado, ni una asesina, ni un aristócrata ladrón ni cualquier persona de bien. Nadie merece un espectáculo grotesco que lo denigre como si viviéramos en el Medievo.

El pueblo andaluz, además, es un pueblo que comparte con Cataluña una relación de consaguiniedad. Somos sangre de su sangre. Son sangre de nuestra sangre. Alentar al odio contra Cataluña y sus dirigentes es alentar al odio contra nosotros mismos. Formar parte de una celebración así por acción u omisión, es ponerte del lado de los que fomentan la intolerancia y el desprecio hacia un pueblo hermano que historicamente nos abre sus puertas. Los andaluces y las andaluzas no somos así, somos un pueblo abierto, integrador, cordial y generoso. Lo dice la gran mayoría de personas que nos visitan.

El tiempo les pintará la cara a los que con su connivencia mantuvieron este disparate y pasará por encima a quienes ensalzaron un reducto vergonzante que nos recuerda el lado oscuro del ser humano, pero que desde luego no representa a Andalucía. Lo dice el himno, tras siglos de guerra, nuestra bandera vuelve a pedir paz y esperanza bajo el sol de nuestra tierra.

Y también, y más en estos tiempos, bajo el sol de Cataluña.

Etiquetas

Más artículos en esta categoría:

Comentarios

  1. Quemar un monigote con la figura de un golpista huido de la Justicia no es, desde luego, un acto en el que yo participaría; pero no es un acto contra Cataluña (Puigdemont no solo no la representa, sino que se ha ciscado en la legalidad estatutaria catalana y en más de la mitad de la población de aquella región) y es infinitamente menos grave que quemar retratos del Reyo o la bandera de España y pitar al himno nacional, como hacen con frecuencia los secesionistas catalanes y vascos. Los secesionistas supremacistas catalanes siempre han despreciado a andaluces y extremeños (busque el autor escritos de Pujol y de Torra, entre otros, en esa línea), aunque en Andalucía no hay una corriente recíproca en ninguna fuerza política. Es normal y entendible (aunque no me gustan esas exaltaciones) que en un pueblo andaluz, en Coripe, donde tiene esa tradición, dediquen su Judas de este año al traidor Puigdemont, a quien ha dado un golpe de Estado contra la Nación española, pues antes (y por encima) que andaluces son españoles. Esperaremos (¿en vano?) la condena del autor a la próxima vejación secesionista a los símbolos españoles.

    1. El linchamiento anual de un personaje no me parece un acto que mejore ninguna sociedad.
      Puigdemont, guste o no guste, fue elegido democráticamente por los catalanes. Sin embargo, tanto el rey como la bandera española la hemos heredado de una dictadura. Hay otras banderas igualmente españolas que representan a muchos más españoles que esta. Lo mismo digo sobre el rey y el himno.

      1. Puigdemont fue elegido democráticamente por los catalanes, pero traicionó a la democracia y al pueblo catalán, y español, al desobedecer las sentencias de los tribunales y ejecutar actos manifiestamente contrarios a la Constitución y realizar un golpe de Estado fallido. Hoy día es un prófugo de la Justicia. Es un personaje idóneo para ser el Judas de Coripe.
        El Rey Juan Carlos I fue designado por Franco y esa era la realidad histórica de entonces de la que aquél no era en absoluto responsable. Pero, habiendo sido elevado a la Jefatura del Estado con los mismos inmensos poderes de Franco, tuvo la decencia, el patriotismo, la valentía (entonces muchos no le auguraban un buen destino) y la inteligencia de liberarse de la tutela del sector más duro del franquismo y, designando a Suárez como Presidente del Gobierno (contra todo pronóstico) y a Torcuato Fernández Miranda como Presidente de las Cortes (una verdadera eminencia gris), pilotar primero la Ley de Reforma Política, segundo las primeras elecciones democráticas, tercero la Constitución de 1978 (la primera de nuestra Historia hecha por consenso, en la que todos cedieron mucho de su programa de máximos) y, luego la Transición democrática, con el mayor periodo de estabilidad, progreso y concordia de nuestra Historia reciente, toda una gesta histórica. Concordia que se viene rompiendo recientemente por los mismos de siempre, por los secesionistas irredentos. Y el actual Rey, Felipe VI, está observando una ejecutoria intachable como monarca democrático.
        En la España actual muchos somos republicanos; pero, con todos sus errores y miserias, hemos tenido dos reyes con un notable desempeño de sus funciones políticas. Quien quiera cambiar el régimen político español a una república lo que tiene que hacer es promover la correspondiente reforma constitucional; a ver cuántos votos obtiene. De momento, ninguna fuerza política parlamentaria ha iniciado ese camino, ni creo que lo hagan; todo se quedará en lo fácil, en exabruptos y en descalificaciones y ofensas al Rey. Los secesionistas anhelan una república porque saben que así sería mucho más probable que consiguieran su objetivo: romper la unidad nacional.

  2. Cuando la fiscal Blanca Rodríguez, que Dios la haya enviado donde merezca, le dijo al niño catalán Eric Bertran que ella era muy española porque era de Burgos, estaba diciendo en una frase la clave del problema. Cuando una vasca que hoy es de Ciudadanos dijo que qué estaban haciendo matando a su hermano, que era de “nosotros mismos” estaba dando la clave de por qué para ella no era lo mismo matar a un Urrutikoetxea que a un Martínez extremeño. Cuando gritaban “a por ellos” estaban declarando que a los por los que iban no eran españoles de primera como ellos. Cuando se porta la bandera de todos para dar en la cabeza a los españoles de segunda o de tercera se les está enseñando la puerta de salida, negándoles la españolidad de lo catalán, vasco, asturiano, gallego o aragonés que no se pronuncie en castellano; haciendo el juego al independentismo. Cuando el alcalde de este pueblo dice que cuando no queman monigotes de catalanes, lo hacen con árabes, insulta a casi la mitad de los españoles ceutíes que tienen como lengua materna esa lengua y que él, que sin duda ama mucho lo español, ignora neciamente, como lo ignoran los planes de estudio de Geografía Española o dizque española.

    1. Los únicos que establecen diferencias entre españoles de primera y de segunda son los supremacistas catalanes y vascos y los únicos que golpean con sus banderas o con lo que tengan a mano, los únicos que han asesinado y secuestrado y los únicos que boicotean actos de otros partidos y asaltan sus sedes son los secesionistas catalanes y vascos. En esto, que es una cuestión predemocrática, no se puede ser equidistante y hay que estar sin ambages con las victimas y con los defensores de la Constitución y de la democracia.

  3. Es muy triste lo que está sucediendo en este país. Tengo que decir que más allá de las opiniones acerca de la independencia (Habrá quien entienda las razones de los catalanes para desearla y habrá quien no), lo que me está doliendo, y mucho, es la cantidad de españoles que tanto en las calles como en las redes sociales están destilando un odio difícil de asimilar por mi.
    Yo no vivo en Catalunya y no soy independentista (De hecho ni siquiera soy catalán) pero creo que tengo eso que se llama empatía para poder entender que lo que persiguen un más que considerable número de catalanes tampoco es algo tan descabellado. Sigo las noticias desde hace semanas y leo muchas webs para estar al corriente. Y es desalentador ver a tanta gente que defiende la llamada “unidad de España” (Al precio que sea y en el que impera el “todo vale”) transmitiendo un odio que sinceramente asusta.
    A nivel político creo que los independentistas están hablando con moderación, con la calma que debería imperar (Rufián es el único que, bajo mi punto de vista, a veces es algo irrespetuoso) y están además pidiendo diálogo a gritos, ese mismo que el PP le ha negado durante años y años. Curiosamente, el PP se sentó a hablar con los terroristas de ETA pero ahora no quiere hablar con gente que, salvo muy contadas excepciones, ha demostrado ser sumamente pacífica y que de terroristas no tienen nada. Lo de “independentismo = terrorismo” tal vez funcionase en los 80 y 90 con el País Vasco pero ahora no tiene razón de ser. Son cosas que cuesta entender.
    Además, del lado llamado “unionista” se han llegado a decir tantas atrocidades por parte de los políticos que dan ganas de ponerse a llorar. Las constantes alusiones al nazismo (Vean la ley de Godwin) y la amenaza velada de Casado a Puigdemont diciendo públicamente en rueda de prensa sin nigún pudor que podía acabar como Companys (Encarcelado y fusilado) son detalles obscenos que un diputado parlamentario no debería desplegar si tuviera un mínimo de decencia. El nivel es demasiado bajo y la semántica utilizada es embustera… Pero efectiva, pues cala en los estratos sociales. La gente parece encantada inventándose términos para la situación como “golpistas” o “sediciosos”. ¿De verdad es necesario explicar que esto no tiene nada que ver con un golpe de estado? ¿Qué sistema educativo tenemos nosotros para que salga esa ignorancia tan atrevida? Un golpe de estado o una “rebelión” siempre lo es cuando la encabeza un ejército o unos civiles ayudados y armados por militares, cuando esta gente casi podría decirse que no han roto ni una ventana y que si ha ha habido violéncia ha sido la que llevaron otros desde fuera al grito de “a por ellos”. Además, en ningún libro, reportaje o documento sobre golpes de estado de la historia de la humanidad aparece “Catalunya 2017”.
    El portavoz del PP, Rafael Hernando, llegó a decir que en Catalunya se estaba deseando que hubiera muertos para poder usarlos como mártires. Hay un refrán que dice “Piensa el ladrón que todos son de su condición”. Nadie en Catalunya había hablado de muertos y en poco tiempo dos miembros del gobierno los sacaron a colación. Ese es el talante del gobierno español (Muy representativo de la ciudadanía, por lo que estoy viendo). Cuesta digerir esa artillería dialéctica si encima proviene de políticos que conforman un conglomerado mafioso que está demasiado bien apuntalado. Tenía razón Franco cuando antes de morir dijo que lo dejaba todo “bien atado”. De ellos me lo podía esperar, aunque creo que están llegando más lejos de lo que imaginaba. Sin embargo, lo que realmente me duele es la rabia que observo en bastantes conciudadanos. Noto en ellos un deseo enfermizo por aplastar a los catalanes. No hay más que meterse en las redes sociales para darse cuenta de las muchas personas que disfrutaron con las cargas de la guardia civil contra los votantes el 1 de octubre, que demandan con ansiedad la aplicación del 155 y que no exista la Generalitat de Catalunya, que se cierre la televisión pública catalana, que se disuelvan los Mossos d´Esqudra,… Se tiene un hambre de represalia alarmante, se insulta con excesiva crueldad a quienes defienden únicamente (De forma pacífica en su inmensa mayoría) poder construirse un estado propio, nada más. Sé que algunos me podríais decir que desde Catalunya también se insulta, que “ni pacifismo ni leches”. No lo negaré, en todas partes cuecen habas, pero francamente no veo del lado de los catalanes tantas y tantas salidas de tono, y menos con la mezquindad que vuelcan muchos de los llamados “unionistas”. Cualquiera lo puede comprobar en las redes sociales o poniendo la oreja en los bares. Ojalá en España tuviéramos la mitad de la educación que tienen los catalanes.
    Me gustaría resaltar una cosa: Son muchos los “unionistas” que ahora les ha ha dado por soltar la falsa creencia de que en Catalunya vivían acosados, encerrados y silenciados durante años. Dudo bastante que eso sea cierto, sobre todo porque yo he vivido en Catalunya 18 años y lo puedo decir con conocimiento de causa, no como otros que opinan de oído sin ni siquiera haber pisado esa tierra ni haber convivido con sus gentes. Considero lógico que algunos de los partidarios de esa “unidad de España” afincados en Catalunya se pronuncien en contra de la independencia, es lo que tienen que hacer y me parece bien, pero me duele que para echar más gasolina al fuego se digan esas falacias para dar una idea equivocada de Catalunya en el resto de España. Me duele que las digan y me duele aún más… Que tantísima gente se las crea, como ya se hizo durante los 80 y 90 con el pueblo vasco. He querido poner este ejemplo de esos “unionistas” (Aunque a algunos les ha dado por bautizarse como “constitucionalistas”) de Catalunya porque a quienes formamos la llamada “mayoría silenciosa” en España sí que nos sale caro criticar duramente a nuestro país, y si no que se lo digan a diversos personajes públicos (Artistas en su mayoría) que vierten sus opiniones negativas sobre cosas de España como su gobierno, su monarquía, su justícia,… En seguida brota una caterva de fanáticos que se prestan a insultarles y a boicotear sus películas, obras de teatro o discos. También lo he querido decir porque se habla mucho de la fractura social que el “procés” ha provocado en Catalunya, cuando tengo que decir que yo me siento abrumado ante la idea de vivir en España rodeado de españoles con tan bajo nivel intelectual y con tanto odio en sus entrañas. Francamente me preocupa, pues jamás habría pensado que fuera tan numerosa la gente con mala sangre. Espero estar exagerando, por mi bien.
    El asunto del llamado “adoctrinamiento” da risa o espanto, según el día. En las cadenas de televisión salen testimonios de personas con el rostro oculto que indican auténticos disparates sobre las escuelas catalanas. La posibilidad de que haya un montaje detrás es suficiente para ignorar estos falsos alegatos, ¡Pero la gente se los cree! Hace poco leí la opinión de un hombre que comparaba a los profesores catalanes con Mengele. Qué pobreza de argumentos. Y es que en España se razona así, de forma majadera.
    Qué lástima ver a gente sin capacidad de reflexionar cabalmente. Catalunya también tienen sus fallos y sus cosas por mejorar, faltaría más, pero los improperios que oigo y leo acerca del sistema educativo catalán por gente que jamás ha vivido allí son espantosos. Es triste que la gente se apropie de “lo que dice la tele”, de las opiniones volcadas en la prensa (Más beligerante que nunca y auténtico motor del odio imperante). Es absurdo señalar desde aquí que en Catalunya la prensa también manipula cuando no es la prensa que leemos o vemos. Los que estamos fuera de Catalunya debemos reprochar a la prensa que va dirigida a nosotros, no a la otra, para censurar el pensamiento único que desean implantarnos, de igual manera que debemos condenar los actos violentos de aquellos que dicen representarnos.
    Quienes consstituyen el Parlamento que me representa son a quienes debo lanzar mis dianas en caso de que hagan barbaridades, y lo cierto es que las están haciendo. ¿Es que nadie ve la cantidad ingente de odio que hay en este lado? Hay gente que se toma las críticas al gobierno como propias de alguien que no ama su patria, cuando yo creo que es todo lo contrario. No hay nada más antipatriota que actuar como un súbdito y agachar siempre la cabeza ante tu rey, presidente o líder. La crítica es necesaria, entre otras cosas porque estos gobernantes que están dando claras muestras de ser tan antidemocráticos no tengáis dudas de que aplastarán en cuanto tengan otra ocasión a quienes no piensen como ellos (Y no hará falta ser catalán). Lo están demostrando. Estoy echando en falta voces críticas fuera de Catalunya de personas que seguro se posicionan en la equidistancia pero no se animan a mostrar su enfado por lo que está pasando. Y lo que está pasando es muy grave.
    Casi todas las fuerzas políticas están apoyando a un gobierno cuyos imputados por distintas tramas de corrupción mueren en circunstancias extrañas antes de declarar, un gobierno con diputados que juegan al Candy Crush en el Congreso y que repudian a nuevos parlamentarios sólo por su indumentaria y por sus posibles piojos (Si si, no me estoy inventando nada; ese es el nivel), que nos ha saqueado impunemente y nos ha faltado al respeto de múltiples maneras, un gobierno que está llevando a cabo una represión de la que cualquier “patriota” que se tenga por democrático debería avergonzarse. Sin embargo, la fuerza bruta parece complacer a muchos, y eso es lo que me provoca tristeza a raudales. Miedo me da vivir en un país en el que los ladrones y los violentos campan a sus anchas (Y a veces hasta se les admira). Miedo me da convivir con tanta gente que sólo quiere justicia para quienes desean montar algo distinto, algo mejor de lo que tienen. En este país predomina una bajeza de espíritu que provoca espanto. Hay que decirlo bien alto: En España se odia como en ningún otro sitio. Esa es nuestra verdadera marca.

    1. Hablando en términos muy sucintos y coloquiales, un Estado está formado por un grupo humano organizado políticamente que se apropia, por la fuerza, de un territorio para explotarlo en exclusiva. La última ratio de todos los Estados es la fuerza. Así, sobre un mismo territorio no puede haber dos Estados y si una parte de la población se quiere independizar para crear un nuevo Estado sobre una parte del territorio ha de hacerlo (salvo excepciones muy contadas) mediante el uso de la fuerza o la amenaza de dicho uso que consiga intimidar al poder estatal primigenio.
      España (como Francia) está configurada desde su creación como un Estado unitario (si hubiera sido federal, como lo es Alemania, tampoco ello alteraría mucho lo que sigue) y, en consecuencia, al ser un Estado democrático en el que la soberanía reside en el Pueblo, todo el territorio nacional pertenece a todos los españoles; ninguna región pertenece solo a los residentes en ella; Cataluña no es de los catalanes ni Vascongadas de los vascos ni Andalucía de los andaluces ni Madrid de los madrileños, sino que todos somos propietarios de todo el territorio nacional, como dije. Así, la pretensión de secesión de ciertas fuerzas políticas catalanas entraña necesariamente el robo al resto de los españoles, a nosotros, de una parte muy importante y querida de nuestro territorio nacional y de convertirnos en extranjeros en Cataluña. Y también quieren quitarle a una mayoría de catalanes no secesionistas el resto del territorio nacional que les pertenece y convertirles en extranjeros aquí. Por eso no puede haber diálogo de ninguna clase con los secesionistas, porque la unidad nacional no se puede negociar, ya que es una premisa esencial de nuestro Estado democrático, y porque, en realidad, tampoco somos propietarios de España, sino que la hemos recibido de las generaciones anteriores y la usufructuamos para legarla a las generaciones venideras. Por eso, la secesión de Cataluña, de una parte tan importante de una Nación con más de 500 años de Historia, con una población racial y religiosamente muy homogénea y con tan intensas y cruzadas relaciones interregionales de todo tipo, solo se puede conseguir mediante un acto de fuerza que doblegue o intimide al legítimo poder estatal español, a la Nación española.
      Ese acto de fuerza intimidatoria fue lo que perpetró la Generalidad de Cataluña entre los meses de septiembre y octubre de 2017, mediante desacatos a sentencias firmes de los tribunales, mediante coacciones violentas llevadas a cabo por grupos organizados como las CUP (los “camisas pardas” de la Generalidad) y otras organizaciones afines, y mediante la complicidad de una fuerza armada de 17.000 efectivos (los Mossos), y todo ello coordinado y dirigido por la Generalidad, por una parte del poder político institucional, para subvertir el orden constitucional y declarar una república catalana independiente, con ruptura violenta de la unidad nacional contra la voluntad del Pueblo español. Esto es, por definición, un golpe de Estado que, de momento, se ha parado; también en nuestro agitado siglo XIX hubo golpes de Estado en los que no se disparó un tiro. Ahora lo que se está juzgando en el Supremo es si ese golpe de Estado fallido constituyó un delito de rebelión o de sedición; pero de los testimonios que se están declarando en la vista oral va quedando claro que hubo violencia por parte de los secesionistas; que hubiera o no violencia por parte de la Policía Nacional y la Guardia Civil es irrelevante porque esa es la violencia legítima del Estado para defender y hacer cumplir la legalidad constitucional y las resoluciones judiciales. Así que no se trata de términos “inventados”, sino de la realidad judicial.
      Por supuesto, la unidad de España (como la de Francia o la de USA) será defendida al precio que sea (como ya sucedió en el pasado); y quien piense que otra cosa es posible es un ingenuo temerario.
      El PP no dialogó con los terroristas de ETA, solo atendió una llamada mediante intermediarios para acudir a Suiza a escuchar unas propuestas de ETA por si esta decidía rendirse en unas condiciones aceptables para la democracia española, al no tratarse de eso, los representantes del Gobierno se levantaron de la mesa y se fueron; quien sí negoció con ETA de forma indigna fue Zapatero. Al margen de que Bildu (los herederos de ETA) no son precisamente pacíficos (que les preguntan a los guardias civiles de Alsasua o a los de C´s y el PP vascos), no se puede negociar con ellos ni con nadie nada que vaya contra la unidad nacional.
      Quienes vienen diciendo continuamente atrocidades son los separatistas supremacistas, que efectivamente tienen conductas filonazis en sus procedimientos de amedrentamiento y demonización del adversario político y terror callejero. La comparación que hizo Casado entre el futuro penal de Puigdemont y el que tuvo el genocida Companys solo se podía referir evidentemente a su previsible horizonte carcelario, pues en España no existe la pena de muerte desde 1978.
      Lo que dijo Rafael Hernando sobre el deseo de los secesionistas de que hubiera muertos para utilizarlos como mártires en su campaña de propaganda internacional es una verdad como un templo; fue una información facilitada al Gobierno de entonces por el CNI y ratificada en la fase probatoria del juicio que se está celebrando en el Supremo.
      Los ciudadanos no tenemos un deseo enfermizo de aplastar a los catalanes ni a Cataluña; muchos españoles, y catalanes entre ellos, tenemos un deseo nada enfermizo, muy saludable, de aplastar a los golpistas que se quieren cargar nuestra democracia, de aplastarlos con la fuerza democrática de la ley y liberar a Cataluña de sus garras. Y esperamos que la próxima vez que sea necesario aplicar el artículo 155 de la Constitución en Cataluña se haga de verdad, no el paripé de Rajoy, para desnazificar la Generalidad.
      Yo también he vivido en Cataluña y tengo familia y amigos allí y sí he visto el acoso nacionalista perfectamente; solo es necesario no estar ciego.
      Donde reina el bajo nivel intelectual y la mala sangre, el odio, es en el bando (porque es un bando) secesionista; y los hechos que conocemos diariamente por los medios así lo confirman.
      La reacción popular española frente al chantaje secesionista no ha venido liderada por ningún político del Parlamento, ninguno tiene esa talla moral, ha sido espontánea a través de las redes sociales (como el movimiento de las banderas en los balcones), generada por toda la gente harta e indignada con las ofensas a España reiteradas durante décadas, por quienes sabemos que nos estamos jugando la democracia y la igualdad de derechos. No es la primera vez que el pueblo español está muy por encima de sus mediocres élites políticas; ya pasó el 2 de mayo de 1808, entre otras ocasiones. Y en esto no se puede ser cínicamente “equidistante”.
      Pero lo más relevante y que nadie dice es que el nacionalismo catalán se quitó la careta y afloró su verdadero rostro secesionista y antiespañol cuando se destapó el escándalo del robo multimillonario que durante décadas perpetró la “famiglia” Pujol. Lo que buscan esos mafiosos es poner al Estado contra las cuerdas para salir impunes y conservar su gigantesca fortuna robada a todos nosotros y de la que no han devuelto ni un euro. Es urgente que se termine el injustificado e intolerable trato de favor hacia esa “famiglia” e ingresen todos en la cárcel ya mismo; así se empezaría a terminar la charlotada secesionista. A ver si llega un gobierno con redaños para hacerlo.
      La tristeza verdadera es la que produce la izquierda cateta y antiespañola que padecemos, alineada con los intereses reaccionarios y racistas de los secesionistas; una izquierda que traiciona los principios de racionalidad y de igualdad, una izquierda sin nada remotamente parecido a las izquierdas europeas.

  4. No soy monárquico y respeto escrupulosamente la libertad de expresión tal y como la he respetado cuando cuando los independentistas han hecho algo parecido con el retrato del rey… Con esto quiero decir que hay que estar a las duras y a las maduras, “NO QUIERAS PARA LOS DEMÁS LO QUE NO QUIERAS QUE TE HAGAN A TI”

  5. Oye charnego, lo que ese malnacido ha hecho al pueblo catalán necesitará varios años para sanarse. Y si en tu pueblo celebran esa tradicion pues apechugar con ella y deja de renegar de tus raíces, que mudarte a Cataluña no te ha hecho mejor persona. Y encima el muy cateto enarbola la bandera independentista y se le llena la boca de un discurso de discordia y ataques al pueblo catalán.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *