España entra directamente en guerra en Oriente Medio

España va a posicionarse definitivamente respecto a los conflictos armados que mantienen en Oriente Medio distintos países que están enfrentándose por ejemplo en el escenario bélico sirio. Y lo va a hacer implicándose en estas guerras del modo más directo y descarado: fabricando armas para uno de los contendientes, en este caso para Arabia Saudí.

Recordemos —y hacerlo es muy importante para comprender que esta implicación española no se trata de un simple, aunque multimillonario, contrato de fabricación de armas— lo siguiente: “Se prevé un contrato de desarrollo de sistemas de control y combate para los buques; y un programa de adiestramiento, que implicaría el desarrollo de una escuela de formación en Arabia Saudí con simulador de puente y de máquinas, también implica adiestramiento operacional y de unos 400 marinos saudíes en España… el contrato podía incluir el rediseño y la construcción de una nueva base naval en Yeda —segunda ciudad más importante de Arabia Saudí situada a orillas del Mar Rojo—, este es un término que aún no está cerrado”. (ABC, 07/09/2017). España, entonces, fabrica una flotilla de guerra para Arabia Saudí, le construye una base naval, adiestra a 400 marinos y le facilita tecnología de mantenimiento militar a esa flota…

Es decir, no estamos hablando de una venta de armas cualquiera ni por la calidad y cantidad de las armas, ni por el brutal montante de dinero, etc., etc., sino que estamos hablando de una relación entre estados —uno de ellos en guerra— que se comprometen mutuamente para compartir compromisos y objetivos militares de un modo más que estrecho frente a los adversarios de Arabia Saudí —uno de los mayores productores de petróleo del mundo—. Se diría que España entra directamente en las guerras de Arabia Saudí a cambio de ciertos contratos —conocidos— y de una buena relación que favorezca la compraventa de petróleo en determinadas condiciones.

Sin preguntar nada al Parlamento —a lo que debería estar obligado como lo está respecto a las “misiones” en el exterior—, incumpliendo sin contemplaciones la misma legislación española de exportación de armas y, lo que es peor, dando la espalda al No a la guerra de 2003, que expresaba y expresa el sentir antibelicista mayoritario de la sociedad española, el Partido Popular, con el beneplácito de PSOE y Cs, se lanza a la construcción de buques de guerra —y una base naval— para Arabia Saudí.

La responsabilidad contraída por el Gobierno del PP con esta gravísima decisión es no ya alta, sino que va a comportarse por mucho tiempo como una losa —de más peso aún que la instalación del escudo antimisiles en Rota— sobre la política exterior española. España queda directamente comprometida con la agresiva política militar de Arabia Saudí y sus aspiraciones de potencia hegemónica, frente a otros países como Irán, en la región del Golfo Pérsico —es decir, la región del mundo donde se produce más petróleo—.

Añadamos a esto que el momento político que vivimos no puede ser más tenso e hirientemente difícil para los intereses públicos y, a la vez, más enérgicamente contestado por amplios sectores sociales —como los pensionistas— que están poniendo entre las cuerdas a un Gobierno miserable y deshonesto donde los haya. El PP, ante una avalancha de problemas cruciales generados por su propio descerebramiento como partido, parece estar batiéndose en retirada, pero al mismo tiempo se dedica, como Atila, a quemar todo el territorio antes de desaparecer del mapa —a lo que ya está irremediablemente abocado—. Ecologistas en Acción, entre otras muchas organizaciones de izquierda, ha levantado su voz de alarma con claridad hablando directamente de “involución democrática”, y un ejemplo de ese involucionismo peligroso —presos políticos catalanes aparte— se observa en cómo Cospedal se ha vuelto hacia el pasado más rancio de una forma cruda, provocativa y reaccionaria.

Y es en este contexto de un país torturado por la política suicida del PP, con la complicidad de PSOE y Cs, un país dinamitado por cruentos planes de “recortes sociales” y de feroz precarización laboral, que la OTAN ha ordenado a España un brutal aumento de los gastos militares, así como una intensificación —nos estamos acercando a una cifra de unos 1.000 millones de euros anuales en “intervenciones en el exterior”— de su vasalla participación en los conflictos internacionales. Unos escenarios bélicos de ámbito internacional donde destaca, por ejemplo, el envío de gran cantidad de armas y efectivos españoles a Letonia sin consentimiento alguno del Congreso de los Diputados. Duro escenario pues donde el muy agresivo militarismo del PP se está desenvolviendo al margen de la sociedad —que es mayoritariamente antibelicista—, al margen del Congreso de los Diputados, al margen del derecho internacional, al margen de las capacidades económicas de España y al margen de las relaciones internacionales en paz, solidaridad y justicia por las que deberíamos trabajar como país.

Por ello el caso de la construcción de buques de guerra para Arabia Saudí —un país en dictadura y en guerra— es un caso extremadamente relevante que coloca a Navantia y a toda la Bahía de Cádiz en una posición ética y política más que difícil y comprometida. La contratación en firme de las cinco corbetas a construir en Navantia-Cádiz parece que podría anunciarse —quizás— en la visita que nos haría, a mediados de abril próximo, el heredero al trono saudita, lo cual vendría a consolidar más esa posición militarista del PP que está convirtiendo a España y particularmente a Andalucía en un sumiso peón de los intereses de Trump en el Mediterráneo y Oriente Medio.

Porque al convertirnos en el territorio más militarizado de Europa, Andalucía se expone a ser considerado blanco seguro de posibles acciones bélicas por parte de potencias adversarias que, en caso de conflicto internacional generalizado, elegirían toda la región del Estrecho de Gibraltar como objetivo militar prioritario. Y, no menos importante que lo anterior, es el hecho de que suministrar armas a un país como Arabia Saudí, en guerra contra Yemen y actor directo en el conflicto sirio, nos convierte en posible escenario de ataques de los adversarios militares de esa belicista Arabia Saudí que está invirtiendo en armas, anualmente, más de 50.000 millones de dólares.

Más nos vale a los gaditanos y gaditanas, más allá de nuestra durísima situación laboral que PP y PSOE han provocado tras años de ineficacia y antisociales reformas laborales, pensar cuidadosamente lo que hacemos antes de participar directamente en conflictos armados.

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