Opinión

Espacios reservados

Me educaron en la cultura de los espacios separados para chicos y chicas. Estudie en un colegio religioso que segregaba.

En esta división del mundo por espacios, a nosotros nos correspondió lo público, la calle, y a las chicas, lo privado, personal e intimo, la casa. En los bares no había aseos femeninos. De esta forma nos socializaron para enfocar nuestros estudios a determinadas profesiones, y la realización de concretas actividades, despreciando aquellas que se hacían en el ámbito del hogar.

Nuestra actividad al ser considerada trabajo tenía unas jornadas máximas, estaba protegida por la ley, y se nos garantizaban unos tiempos mínimos de descanso, que dedicamos a nuestro ocio y aficiones. Creamos asociaciones, clubes, peñas, que nos permitieron ocupar ese tiempo libre que nos dejaba nuestro espacio.

En el espacio de ellas no había tiempo libre ni descansos, porque entendíamos que sus tareas no eran trabajo, la ley lo decía, y la cultura también. Por eso no inventaron el fútbol, ni llenaron los estadios, no tenían tiempo.

Hace poco viendo en la televisión un partido de fútbol de la Europa Ligue, observé como la hinchada era casi en exclusiva masculina, y sus comportamientos, cánticos, y gestos, propios solo de hombres. Pensé que eso mismo sucede en deportes donde las protagonistas son mujeres, pero el público mayoritariamente masculino.

Sucede porque seguimos ocupando lo público, y no porque ellas no quieran o puedan ocuparlo, simplemente no las dejamos. Nuestra participación en las tareas del hogar y los cuidados sigue siendo insignificante, y eso les impide disponer del tiempo libre del que nosotros disfrutamos.

Espacio público sigue siendo sinónimo de masculinidad, los bares, las asociaciones, los espectáculos. La mujer asume tareas que le impiden acceder a estos espacios en condiciones de igualdad con el hombre. Son algunos de los privilegios que los hombres tenemos, que nos negamos a reconocer y a renunciar.

En la empresa, y en lo político, donde la presencia femenina es anecdótica y decorativa, junto a una presencia masculina abrumadora. No importa que lo gestionado sea un ámbito o actividad femenina, sus dirigentes, o ejecutivos serán hombres.

La gestión de los espacios es una tarea importante de la igualdad, que tenemos que aprender a realizar de otra forma más racional, justa e inclusiva. Los hombres estamos obligados a ocupar de forma efectiva la parte de lo privado que nos corresponde, con ello liberaremos tiempo para que las mujeres puedan los espacios públicos que les pertenecen, y que hasta ahora venimos usurpándoles.

Pero para un hombre no es fácil ocupar esos espacios no valorados. No es sencillo asumir como propias, tareas que nos suponen una humillación, y desprestigio. Renunciar a esas tres horas libres de más, que al día disponemos para nuestro ocio, en relación con ellas. Admitir eso cuesta, porque significa reconocer nuestra responsabilidad en la desigualdad, y que la relación con las mujeres debe ser entre iguales, y no de jerarquías, y poder.

El día que los hombres dejemos de considerar esa mentira interesada del sexo débil, la idea de ayudar y colaborar, y pasemos a la corresponsabilidad, habremos comenzado desmontar esa perversa arquitectura de los espacios y el género, con la que machismo y patriarcado nos dividen, explotan y humillan a la mujer.

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Comentarios

  1. He dejado de tomarme en serio el artículo cuando hablaba del público masculino de la Europe League. Si hay más hombres que mujeres es porque hay más hombres que mujeres interesados en el fútbol. Punto. Que en casa ayude más el hombre o la mujer es cosa de cómo se organice cada pareja, no es como antes que se sobreentendía que la mujer debía quedarse en casa y el hombre debía ir a trabajar y lo contrario estaba mal visto; y si hoy en día se da el caso en el que una pareja decide que la mujer se queda en casa y el hombre trabaja, y la mujer no tiene confianza como para pedirle a su marido que la sustituya en sus labores para poder ir al partido (ya que mientras pague la entrada, nadie le va a impedir entrar), el problema está en la propia pareja, no en la sociedad de hoy en día como muchos se empeñan en pensar. Se nos quiere hacer pensar que vivimos en una sociedad machista como la de hace 40-50 años y no, no es así.

    1. Osea que como dice Vox, lo de la violencia contra las mujeres es un invento. Como la llegada a la luna. Es mentira y en realidad lo hicieron los coreanos del norte. Estos desinformados sí que viven en otro país. El machismo existe aún. A pesar de que al fascismo de VOX no quiera verlo.

      1. En ningún momento he dicho que no exista la violencia hacia la mujer. Existe la violencia de hombres a mujeres, de mujeres a hombres, de hombres a hombres y de mujeres a mujeres. Escribí mi anterior comentario sin tener en cuenta la violencia y ciñéndome a de lo que se habla en el artículo, pero ya que sacas el tema me parece absurdo que se traten de diferente forma los casos de violencia de hombres a mujeres que de mujeres a hombres, ¿en qué se basan, en que el hombre es más fuerte? Cualquiera que haya pisado un gimnasio ha visto mujeres que de un guantazo te desmontan (y fuera del gimnasio también, claro). La violencia es violencia y es igual de grave la inflinga quien la inflinja, al final es una persona que le hace daño a otra persona. Además, el afirmar que hay machismo porque haya hombres que pegan a mujeres es absurdo, es como decir que vivimos en una sociedad hembrista porque hay mujeres que pegan a hombres (que también existen casos aunque no se les den tanto bombo).
        Lo de Vox no sé si irá por mí o lo has dicho en general pero por si acaso no, no soy simpatizante de Vox.

  2. Por favor¡¡¡ basta ya… controles de alcoholemia y drogas en internet¡¡¡¡ se conoce que tanto saludo brazo en alto a la romana produce ciertos vertigos que se alivian con opiaceos¡¡¡

    1. Su falta absoluta de argumentos y su soberbia le están haciendo caer en la falta de educación, en la descalificación personal más zafia del oponente. Espero que el moderador de este foro tome cartas en el asunto y elimine comentarios tan inaceptables como los dos últimos suyos. Se está usted mismo descalificando como un energúmeno con el que es imposible mantener un debate coherente, objetivo y civilizado.

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