Cultura

Esferas

La vieja iconografía medieval de la Rueda de la Fortuna fue sustituida por el bombo de la lotería.

La Navidad es un complejo simbólico intrincado, pues se encuentran dentro él, cohabitando, fiestas de Nacimiento, de Muerte y de Renacimiento. Y en este tempo sacro queremos ser transportados, con el solsticio, de la oscuridad a la luz, del año viejo al Año Nuevo, pensando que “en todo comienzo, habita una oportunidad”, como señalara Hermann Hesse en El juego de los abalorios. Esa esperanza —que, como dice un viejo aforismo, “es un buen desayuno, pero una mala cena”— se va volviendo con el avance del año una realidad escurridiza. Al llegar diciembre, vemos que el año viejo acaba y necesitamos renovar nuestros votos de esperanza, cifrando con urgencia en la Suerte y en el Año Nuevo nuestros anhelos de Felicidad y Prosperidad futuras. Ese es el poder con que el Sorteo Extraordinario de Navidad inaugura entonces, el 22 de diciembre, las fiestas navideñas. La lotería que conocemos llegó a España en 1763, procedente de tradiciones napolitanas, y como un gran medio —lo sigue siendo— para la recaudación del Estado. Y fue en 1811, en las Cortes de Cádiz, cuando se instauró el Sorteo Extraordinario de la Lotería de Navidad. Desde entonces, los españoles se familiarizaron con la imagen del bombo de la lotería y con las bolas que en su interior dan vueltas y vueltas, para terminar saliendo una —por abajo— con la cifra premiada. La vieja iconografía medieval de la Rueda de la Fortuna fue, en cierto sentido, sustituida por el bombo y las bolas. Y la nueva Fortuna coloca en lo alto al poseedor de un décimo que coincide con la cifra premiada, y a los demás nos sitúa un poco más abajo.

Naturalmente, esa nueva imagen de la Prosperidad adquirida repentinamente por un golpe de suerte ha calado muy hondo en el imaginario de todos nosotros, ayudado por la forma esférica, que tiene arcaicas resonancias en la psique humana. Como señalara Carl Gustav Jung, “los arquetipos son las riendas de la imaginación”, y el bombo de la lotería es una esfera que asocia incertidumbre y prosperidad: da vueltas —como la vieja Rueda de la Fortuna— y puede, con un golpe de suerte, hacerte prosperar. No es extraño, pues, que su potencia simbólica impregne otras formulaciones, creando dentro del mismo ciclo de fiestas de Navidad nuevas materializaciones: así, han ido apareciendo por toda España, desde hace ya una década, esferas luminosas de Navidad de gran tamaño, como grandes hitos en el territorio de los sueños, esa eterna terra incognita.

Imagen de la esfera luminosa en la Plaza de Belén de Jerez. Foto: Manu García.

Esas esferas urbanas navideñas son una réplica a gran escala del bombo de la lotería, y tienen generalmente una puertecita por donde puedes entrar para sentirte dentro de la esfera, como una bolita en el bombo, en una experiencia sensorial amplificada por las vertiginosas luces multicolores, cuyas ondulaciones muchas veces están sincronizadas por un hilo musical navideño. Se produce así una inmersión espacial de tipo extático, donde eres transportado a los territorios imaginarios de la felicidad y a las ideas de cobijo y prosperidad que nos sugiere la forma de la esfera. Cuenta el gran filósofo Peter Sloterdijk, en su magna trilogía titulada precisamente Esferas, que el ser humano tiene en la esfera una ontogénesis espacial de carácter axial, que manifiesta culturalmente a partir del propio espacio donde fue creado en el vientre de su madre, verdadero paradigma del cobijo humano, y que por tanto tendemos a prefigurar la imagen de la esfera y el globo en todos los órdenes de la vida. De ahí la importancia de estas dos esferas del ciclo de Navidad, que pretenden persuadirnos con un nuevo discurso teológico-espacial que sustituye la cruz por la esfera, que sostiene la ilusión de la Prosperidad mediante un golpe de Suerte, al arrobo de transportes místicos propiciados con la ayuda de luces de colores y música de villancicos. Ciertamente, esto explica el éxito popular de las esferas urbanas navideñas, acogidas en todas partes con el fervor de un nuevo Advenimiento: la Prosperidad anhelada necesita articular su magia y recordar sus mitos, y si no funciona a la primera, siempre nos quedará el Sorteo Extraordinario del Niño, como una nueva Epifanía…

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