Política

Enric Bárcena: “Las ciudades del cambio son el mejor antídoto contra la extrema derecha”

El portavoz de Barcelona en Comú, que gobierna la ciudad condal con Ada Colau en la alcaldía, ha presentado en Jerez, junto a Ganemos y otras fuerzas municipalistas, el 'Atlas del Cambio', 70 iniciativas transformadoras

En la primavera de 2015, una activista social se convertía en la primera mujer en llegar al despacho de alcaldía de la Casa de la Ciudad de Barcelona. Un año antes, la que fuera activista y una de las fundadoras de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, anunciaba a sus compañeros que renunciaba al cargo de portavoz de este colectivo. Poco después, presentaba con otros compañeros y compañeras la plataforma Guanyem Barcelona, con objeto de construir una candidatura de confluencia.

En febrero de 2015 la idea se materializó bajo el nombre de Barcelona en Comú. Una candidatura en la que cabían todos poniendo de manifiesto que la unión de la izquierda con los movimientos sociales y vecinales de la ciudad era posible. Guanyem, Podemos, ICV, Esquerra Unida i Alternativa, Procés Constituent y Equo conformaban la candidatura que arrebató la alcaldía a Convergència. El éxito llegó a las urnas. Uno de cada cuatro barceloneses dieron su confianza a una candidatura inédita. 176.337 votos (25,21%) y 11 ediles le dieron la victoria por mayoría simple, que necesitó del apoyo de la CUP, ERC y el PSC para la investidura.

A menos de cuatro meses para las próximas elecciones municipales, el portavoz de Barcelona en Comú, Enric Bárcena, acude a Jerez para presentar junto a la agrupación de electores Ganemos Jerez y otras candidaturas municipalistas el Atlas del Cambio. Un repositorio de iniciativas que diferentes agrupaciones políticas municipalistas, tejidas en red a nivel estatal, han realizado en los gobiernos de las llamadas “ciudades del cambio” y también desde la oposición.

Viene a Jerez con motivo de la presentación del Atlas del Cambio, 70 iniciativas que desde gobiernos municipales y desde la oposición han “realizado políticas transformadoras”. ¿Qué tipo de redes unen a las candidaturas municipalistas y qué tipo de políticas se están haciendo?

Desde el municipalismo creemos que la única manera de identificar el espacio compartido que tenemos es trabajar en red sin centralismos, con autonomía y con cooperación. Hay muchas iniciativas, sean en el gobierno o en la oposición, que pretenden marcar la agenda política de sus ciudades. Desde Barcelona teníamos claro que esos conocimientos había que trabajarlos en red, a escala internacional y estatal. De ahí surge la idea del atlas, un espacio donde volcar ya no aquello que queremos hacer sino aquello que ya hemos hecho. El atlas, que es un muestrario porque no es exhaustivo, recoge las políticas que se han ejecutado desde el municipalismo y las ciudades del cambio. Permite reconocer que hay un espacio municipalista que es punta de lanza de la recuperación de derechos y de que las ciudades son la vanguardia del cambio de agenda. Como ejemplo tenemos las políticas que hemos hecho en Barcelona, que han sido un cambio de paradigma. El Atlas del Cambio es un ideal de ciudad pero que no es ideal porque están plasmadas realidades ejecutables. Unas realidades que hay que poner de ejemplo de cara a las próximas elecciones, en las que las ciudades del cambio constituyen el mejor antídoto contra la extrema derecha.

El portavoz de Barcelona en Comú durante el encuentro con lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA.

Pese a que los ayuntamientos tengan muchas limitaciones, sostenéis que desde los gobiernos locales se puede ayudar a cambiar muchas cosas. 

Se puede hacer mucho. En Barcelona el 15% del presupuesto municipal se dedica a competencias que no son municipales. Son 270 millones de euros. Las ciudades no miran hacia otro lado, por eso son la vanguardia y son las que están moviendo la agenda. Hay cosas que nadie tenía previstas y que hay que hacer: un ejemplo de las políticas feministas en Barcelona es la transversalidad. Es por eso que hay que incluir el feminismo en todas las políticas y en todos los presupuestos. Por ejemplo ahora tenemos No callem, una experiencia contra la violencia machista en el ocio nocturno. Más de 40 locales se corresponsabilizan en evitar e identificar, formando a 1.600 profesionales de los locales, para prevenir la violencia machista y los abusos. Son maneras en las que se pueden avanzar ya no sólo desde lo público, sino corresponsabilizando también a lo privado.

Una de las luchas que llevó por bandera Barcelona en Comú es la del derecho a la vivienda en unos tiempos en los que los alquileres no paran de subir y la gentrificación es un concepto recurrente. ¿Cómo valora el trabajo realizado en estos años?

Con la aplicación de la nueva Ley de Arrendamientos Urbanos, que acortó el alquiler de la vivienda de cinco a tres años, se han producido muchos desahucios que al estar bajo la ley han sido invisibilizados. Es por ello que tenemos que buscar políticas que regulen el alquiler y la subida de precios. A pesar de que muchas de las competencias en vivienda no son municipales se ha trabajado mucho. Una de las patas es la atención de la emergencia, con las unidades antidesahucios y las multas a los bancos: se han parado más de 7.000 desahucios, y antes ni se registraban. Además, hemos hecho arrodillarse a una multinacional como Airbnb que pasaba de las ciudades, la hemos multado con 600.000 euros y han cerrado en su portal 4.000 pisos turísticos. Somos referencia y luego hemos hecho un cambio de modelo, como la regulación del turismo, con el Plan Especial de Alojamientos Turísticos que blinda el uso residencial y pone coto a una actividad que estaba irregularizada y que expulsaba a los vecinos del centro. Hay personas que les han subido el alquiler el 50%. Y los salarios no suben. Si nos cambiamos las reglas del juego las ciudades van a dejar de ser para sus vecinos.

La turistificación es un problema global pero parece Barcelona constituye el paradigma. 

Es una ciudad que está en el mercado global del turismo, y donde priman la financiarización. Se está primando a que la gente invierta para expulsar a los vecinos y se están haciendo las golden visa —visados para residir en territorio español a cambio de inversiones inmobiliarias—. Hay 3.000 pisos en el área metropolitana de Barcelona que se han cambiado por una visa. ¿No podemos acoger pero sí podemos hacer las golden visa y vender la nacionalidad? Hay que evitar el monocultivo y la normativa de Barcelona ha sido referencia para otras ciudades como Lisboa o Venecia. El turismo es una actividad beneficiosa pero no a cualquier precio y no de cualquier manera. Ahí ha habido un cambio de discurso. Hace cuatro años era de locos cuestionar el impacto negativo del turismo si no se regula y los movimientos sociales y Barcelona en Comú hemos puesto sobre la mesa que el turismo no puede ser una actividad extractiva, porque nos están robando las casas, el espacio público y la ciudad en sí misma.

Enric Bárcena posando para lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA.

En algunas ciudades, como es el caso de Jerez, los centros históricos están deshabitados y empiezan a proliferar los pisos turísticos. Un estadio que puede preceder a la turistificación. ¿Qué se puede hacer desde un gobierno local?

A nosotros nos pasa en Ciutat Vella. Hay muchas casas vacías y cuando eso sucede desaparece el comercio local  de proximidad. El resultado es que acabamos teniendo parques temáticos, en la que el centro de la ciudad se ve desposeído de sus vecinos y de su identidad. Nosotros tenemos políticas como los bajos de protección oficial o las zonas de tanteo y retracto. Si un edificio se va a vender que los ayuntamientos tengan la oportunidad de comprarla para dedicarla a vivienda social. Es que a lo mejor los centros históricos tienen que dedicarse a poner vivienda social. Lo que no podemos hacer es que segreguemos a la periferia. Tiene que haber una política mixta que compagine diferentes rentas y diferentes usos para generar una ciudad plural. No podemos convertir al centro en un escaparate vacío de alma. Venimos de la lucha por el derecho a la ciudad y queremos ciudades para sus vecinos y vecinas.

Ganemos Jerez ha denunciado en reiteradas ocasiones el arboricidio así como la situación del transporte público de la ciudad. ¿Qué tipo de políticas se han desarrollado en estas materias en Barcelona?

La ciudad del futuro tiene que ser sostenible y ecológica por la salud de sus vecinos.  Entre otras iniciativas, hemos regularizado la accesibilidad al centro y hemos priorizado garantizar la energía limpia. Y ahí tenemos la creación de Barcelona Operador Energético, que facilita la conexión de las fincas privadas que pueden conectarse y ser proveedores de la energética y certifica que la energía es de renovables. Por otro lado, tenemos una de las flotas de europeas más verdes, en la que de los 331 coches incorporados, 196 han sido eléctricos, híbridos o de gas y el 100% proviene de energías renovables. Y el compromiso por el transporte público es que a 300 metros todos los vecinos tengan una parada, que se haya aumentado 200 kilómetros el carril bici. Hemos reducido un 59% la emisión de gases invernadero, que nos ha hecho avanzar 22 años con respecto al compromiso de París. Barcelona es la capital europea de la movilidad sostenible. Y las políticas de todas las ciudades del cambio, en ese aspecto, han salvado a España de una multa europea. Los que vivimos en el centro tenemos 7 meses de retraso cognitivo y por problemas respiratorios reducimos nuestra esperanza de vida. Por otra parte, hay que buscar también una ciudad amable, donde los niños puedan jugar con una pelota en la calle.

Valls aterriza en Barcelona casi como un paracaidista y llena las portadas de periódicos y las parrillas televisivas. ¿Concurre el municipalismo en igualdad de condiciones sin tanto prime time? ¿Cómo se hace política local en 2019?

No, no concurrimos en igualdad de condiciones. Ahora se ha sabido que el Partido Popular se financiaba las campañas electorales, salía dopado. Hay muchas fake news, y no se nos trata igual. Hemos decidido ser independientes y autónomos del gran capital y no tenemos medios afines pero tenemos la proximidad y las ganas de hablar con la gente. Empezamos con nada, con las ganas de cambiar las cosas y eso es con lo que seguimos. Nosotros decimos que si quieres hacer algo radical, habla con tu vecino. Hablar, escucharse y construir una ciudad entre todos y todas, no sólo entre aquellos que tienen el privilegio de las redes y de la voz. Ahí hacemos experencias como el porta porta, o las trobades con la alcaldesa, en la que cada 15 días Ada va a los barrios a hablar con los vecinos. Y va otro público. Hay una ciudadanía que no está organizada de la misma forma, y no tiene canales donde expresarse.

Enric Bárcena explicando el proyecto de Barcelona en Comú. FOTO: MANU GARCÍA.

Otro de esos puntos fuertes han sido las consultas populares.

La multiconsulta es uno de nuestros grandes logros. Devolver la iniciativa a la gente y que aunque no estemos se siga teniendo la capacidad de influir y condicionar la agenda política. Con la consulta de la remunicipalización del agua —Agbar es propiedad de Suez, una multinacional francesa— estamos tocando hueso duro. No va a ser fácil devolver la ciudad a sus vecinos.

En el documental Alcaldesa, en el que se vive todo el proceso de Ganyem y luego de Barcelona en Comú, se percibe una ilusión y unas ganas desmedidas por construir una candidatura que haga una política radicalmente distinta. Pero también se visibilizan las dificultades. ¿Cómo se mantiene viva la llama de la ilusión y de la participación tras cuatro años de gobierno?

El ejercicio del poder cansa. Hemos tenido gobiernos en minoría, de 11 regidores sobre 41, con la legislatura más compleja de los últimos 40 años. No sólo por el procès, el 1O, que se ha sufrido especialmente, sino porque hemos tenido cinco elecciones. Esto ha generado una sobrecarga pero pasa rápido cuando ves las consecuencias de que el cambio se nota a nivel de calle. Se han evitado 14.000 cortes de luz en dos años y se están cambiando las reglas del juego por primera vez. Podríamos preguntar a Valls si él sería capaz de multar a los bancos. No. Lo que la gente te transmite es que tenemos que continuar, porque por fin se nota un cambio. Se ha puesto a los vecinos en el centro de las políticas públicas.

La posición de Barcelona en Comú con respecto al procès ha sido criticada, por uno y por otro lado. Parece que no ha sido fácil de gestionar.

A quien ha querido llevar al sinsentido, a los maximalismos identitarios, evidentemente la gente que hemos puesto el sentido común y la defensa de los derechos civiles por delante no les gustamos. Cuando se podía sumar un 80% hay algunos que prefieren confrontar un 50%. Y lamentablemente hay muchos pirómanos que viven políticamente de confrontar. España es hoy menos democrática y con esto hemos perdido todos los españoles. Hay que dar la alarma a algunas voces que están alimentado el conflicto judicializando la política, que no llevará nada más que a enquistar el problema.

Hay intereses notables en capitalizar por parte de los partidos estatales las figuras del municipalismo. Ada Colau es una de esas figuras. ¿Cómo casa esto con la necesidad de perseguir confluencias en toda España? En muchos sitios, como en Jerez o Córdoba, la izquierda finalmente va a acudir por separado.

Puedo hablar por Barcelona (ríe). En Barcelona tenemos la suerte de que hemos hecho una experiencia real de confluencia, que nos ha permitido hacer grandes cambios. Estamos muy contentos y creemos que tenemos que continuar, para hacerlos irreversibles. Y hablamos de confluencia real porque no hemos sido una coalición electoral. Se ha hecho en base a las personas, al trabajo compartido, por objetivos. Tenemos una candidatura en la que nos representan y nos sentimos representados. Que Ada Colau se haya convertido en un referente del municipalismo y que todo el mundo se la quiera hacer suya no deja de ser un éxito. En ese aspecto, que la gente diga también hoy que es municipalista quiere decir que tenemos una hegemonía. Y cuando empiezas a ser hegemónico, también corres el riesgo de la banalización. Es por eso que es importante el cómo, y hay que construir en cooperación, para sumar y no competir.

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