Jerezanos en el olvido

En recuerdo de Juan ‘El Escalichao’

Dos besos. Uno prácticamente en la boca. “¿Qué carajo haces, Juan?”, le espeté. Era sólo un chaval y a las puertas de mi casa —ahora la de mis padres— me reía a carcajadas. A él no le importaba, todo era un espectáculo; él en sí mismo lo era. Por nuestras calles pasaba Juan y lo hacía sin dejar indiferente a nadie. No podía sino despertar, al menos, una sonrisa.

Vestido con un traje de gitana en la Porvera, bailando en pleno otoño. No es feria, ni nada que se le parezca. El traje le queda grande, y a Juan se le ven todos los pelos del pecho pero a lo mejor se echa algún cantecito, cuando no cuenta cualquiera de sus tonterías. En el taller de mantenimiento del Ayuntamiento de Jerez parece que le bautizaron con el sobrenombre de “El Escalichao”. Pintor y artista —o artista y pintor, mejor por ese orden— siempre he escuchado de decir de él que fue un gran profesional. A veces regalaba cuadros —recuerdo algunos de ellos en el negocio de una amiga—, otras hacía lo propio con flores y abrazos.

Juan ‘El Escalichao’. FOTO: CLAUDIA RUIZ NUBES.

Algunos le recordarán aún con su mono de trabajo, y los caliches de pared desperdigados por su cuerpo y ropa; otros lo imaginarán todavía por las calles y por los bares. Pero todos lo harán. ¿Quién se iba a perder a Juan?

Ayer me enteré de que lo perdimos todos, y que desde hace ya tiempo no lo vemos disfrazado y dando el cante por nuestras calles. Me cuesta creerlo. Hay personas que desde que uno tiene uso de razón creía que siempre estarían ahí, ligadas a la concepción propia de tu hogar, que pese a estar donde estés en un futuro, será siempre Jerez. La realidad es otra.

Descansa en paz, Juan.

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