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En defensa de La Gotera de Lazotea: no disparen al pianista

La Rotonda.

Pedir una oportunidad artística no puede pasar por destruir a toda costa el prestigio de tu supuesta competencia, más cuando ésta lleva 36 años de abnegado trabajo y dedicación.

Entre los muchos recuerdos que uno va apilando de su infancia conforme van pasando los años, hoy quiero rescatar uno: serían las siete de la tarde, ya habíamos vuelto al colegio por aquel septiembre de los noventa. Sucedían en Jerez las llamadas, entonces, Fiestas de Otoño y nos habíamos citado en la plaza Plateros algunos de los amigos del colegio Torresoto, María, Natalia, Jose Mari, Sara, Patri, Ismael… para ver los títeres. Recuerdo aquello con entusiasmo, todo rodeado de niños y niñas que disfrutaban de espectáculos que traían a la ciudad titiriteros de puntos dispares de España e incluso de otros países extranjeros. Quizás fuera una excusa más como otra cualquiera para vernos fuera de clase y acabar la tarde con un cucurucho de diez duros de aquel McDonald’s de la calle Larga, pero desde luego aquello de ir de plaza en plaza disfrutando de los títeres nos entusiasmaba. Y yo lo recuerdo con cariño. Prueba de que algo quedó.

Lo que no recuerdo, porque no había nacido, era cuando se fundó La Gotera de Lazotea. Nació en 1981, cuando yo aún estaba en el vientre de mi madre (o en la barriga del buey, que decía Garbancito en aquella obra titiritera), por lo que no he vivido de cerca aquellos durísimos comienzos cuando nadie daba un duro por casi nada, menos aún por la cultura y el teatro. Aun así, durante toda mi vida les he conocido y reconocido como un grupo de artistas empeñados, con toda la pasión del mundo, en acercar la cultura del títere a los niños.

La Gotera fue el grupo que inventó y propuso la realización de la la muestra internacional de títeres —que fue aceptada por el Ayuntamiento para aquellas Fiestas de Otoño—. Posteriormente, distintas corporaciones municipales fueron disminuyendo el alcance de la muestra, o directamente la suprimieron. Creo que hacía seis años que no tenía lugar y su celebración este año, a instancias de La Gotera de Lazotea, es, pues, una gran noticia porque enriquece la oferta cultural que nos debemos como ciudad, y que debemos también a la infancia.
Puede no haber llovido a gusto de todos en lo que a su cartel propone —en programaciones artísticas nunca lo hace, y si no lo creen pregunten, por ejemplo, a muchos artistas flamencos de Jerez sobre la última Fiesta de la Bulería…—, pero pedir una oportunidad artística no puede pasar por destruir a toda costa, caiga quien caiga, el prestigio de tu supuesta competencia. La Gotera, con tesón, ha mantenido una trayectoria inquebrantable durante 36 largos años, ha mantenido esta muestra de títeres en condiciones difíciles, casi sin recursos la mayoría de las veces, e incluso alojando en varias ediciones a los compañeros de otras compañías titiriteras en su propia casa. Sencillamente, no se merecen el ajusticiamiento que algunos han iniciado en medios de comunicación, amplificados por el gatillo fácil de las redes sociales y los grupos de guasap.

Durante estos años, además de sus giras nacionales e internacionales y de haber obtenido multitud de premios y reconocimientos, han intentado que la ciudad de Jerez contara con un teatro estable y público de títeres, una sala permanente, y trabajan en otros muchos proyectos. Además, mantienen durante todo el verano una programación estable en su jardin de la calle Caballeros. Una iniciativa privada que dinamiza cultural y socialmente la ciudad en verano (cuando es más arriesgado) y que parte de su propia iniciativa privada, sin más apoyos. Para Jerez es un lujo poder contar con ellos, y el Ayuntamiento hace bien, en materia cultural, con respetar su conocimiento, su trayectoria y su pericia artística. Quienes busquen su hueco, que peleen y trabajen pero, por favor, que no maten al pianista. Esta ciudad que algunos se empeñan en tratar como un pueblo grande ya no soporta más cainismo. Puede y debe haber sitio para todos.

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