Sociedad

El veterinario que se cansó de la “vida desarrollada” y se fue a cuidar gorilas de montaña al Congo

Luis Flores trabaja para la organización Gorilla Doctors en un santuario en el que viven unos 200 primates. "Los humanos nos comportamos como ellos, con la única diferencia del lenguaje"

Luis Flores soñó desde muy pequeño con ser veterinario. Nunca olvidará sus primeras visitas al Zoobotánico de Jerez, de la mano de su padre, cuando se quedaba embobado mirando las águilas imperiales, ni tampoco los programas de Félix Rodríguez de la Fuente, que se tragaba casi sin pestañear. Por eso asegura, sin pensarlo, que “desde que tenía uso de razón me gustan los animales salvajes”.

Su amor por ellos es tal que no lo dudó ni un segundo cuando le ofrecieron trabajar con Gorilla Doctors, una organización estadounidense que gestiona un santuario con unos 200 primates, 81 chimpancés y más de 100 de otras especies, que viven en la selva de los Virunga, en la frontera entre Ruanda, Uganda y la República Democrática del Congo.

En éste último país africano vive Luis desde hace dos años. Allí llegó en octubre de 2016, después de vender su coche y algunas pertenencias, y emprender un viaje que le ha cambiado la vida. “No he venido a hacerme la foto, como hace mucha gente cuando viaja a África”, asegura Flores, quien señala que su trabajo en el Congo “tiene mucho más valor aquí, para mí y para la sociedad”. El jerezano dirige el departamento veterinario del santuario, “donde se practica una medicina preventiva fuerte y se tratan las patologías de los animales”, explica.

La organización también impulsa un programa de capacitación y formación para veterinarios congoleños, algo que es “muy importante” en palabras de Flores, ya que en el país africano carecen de los medios necesarios para tratar a los gorilas de montaña, la principal especie que cuidan en el Centro de Recuperación y Rehabilitación de Primates de Lwiro (CRPL), donde se encargan de darle una mejor vida a unos primates que, en muchos casos, son víctima del comercio ilegal y de la caza furtiva.

Pero no solo cuidan la salud de animales, ya que Gorilla Doctors se basa en la doctrina de One Health (salud única), que sostiene que la salud humana y la animal están íntimamente ligadas y vinculadas a los ecosistemas en los que cohabitan. “Ha habido casos en los que gorilas han enfermado de tuberculosis, contagiados por personas”, explica Flores a modo de ejemplo. Además, también tienen que luchar contra el problema del bushmeat, o carne de animales salvajes, con la que se comercia sobre todo en el continente asiático, donde llega sin pasar los pertinentes controles sanitarios.

El veterinario jerezano dirige el departamento veterinario del santuario de Lwiro, en el Congo, “donde se practica una medicina preventiva fuerte y se tratan las patologías de los animales”

“Hay que concienciar al planeta de que hay que consumir de otra manera”, sostiene Luis Flores, quien asegura que estaba cansado de “la vida desarrollada”, del maltrato animal y del uso de especies “como producto comercial” tras acumular una experiencia de más de 20 años. Por eso apuesta por sensibilizar y mostrar el trabajo que realizan en el Congo, donde “no había nada” y han tenido que construir, poco a poco, los registros de las acciones y los controles que realizan a los gorilas.

La falta de medios es otro de los hándicaps con los que se encuentra en su labor diaria. “Hay veces que hemos estado una semana sin luz”, comenta. El portátil lo carga gracias a un generador y solo tiene conexión a internet por las mañanas —“es cuando va mejor”—.

Luis Flores, trabajando en el Congo.

Las enfermedades también azotan con fuerza al veterinario jerezano, que en dos años ha sufrido quince malarias. “La primera fue al mes de llegar”, dice, “estuve tres días en cama, sudando y teniendo pesadillas”, y además sin dormir durante 24 horas. “Pongo antimosquitos y gasto todo el repelente que puedo llevarme cuando vengo a España”, señala, pero aún así, vuelve a caer enfermo. “Estando aquí lo más duro es la salud, cuando no estás bien te vuelves muy vulnerable”, apunta.

“Lo más jodido es la seguridad, cuando cruzas la frontera es lo que más agradeces”, añade Flores, quien cuenta que a las cinco de la tarde se hace de noche, momento en el que no puede salir de su vivienda, ya que el conflicto armado que se vive en el país hay veces que los pilla demasiado cerca. “Ha habido días que se escuchan muchos tiros y que se han muerto personas a pocos metros de donde estamos”, dice.

La experiencia que Luis Flores está viviendo en el Congo le está sirviendo para comprobar que “los humanos nos comportamos como primates, con la única diferencia del lenguaje”. “Muchas estrategias empresariales podrían basarse en el comportamiento de los chimpancés”, sostiene, ya que señala que los primates y las personas resolvemos los conflictos de igual forma. De momento, Flores ni se plantea regresar a Europa, ya que apuesta por “seguir difundiendo el problema que tenemos aquí”.

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