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El último político ilustrado del Parlamento andaluz

Antonio Maíllo ha dejado huella en la política andaluza, la ha hecho más elegante, más culta y se marcha con la paternidad de una criatura, Adelante Andalucía

Antonio Maíllo (Lucena, 1966) llegó a la coordinación de IU en Andalucía para reorganizar la coalición de izquierdas con la vista puesta en el Gobierno autonómico bipartito firmado en 2012 con el PSOE y que terminó como el rosario de la aurora. Lo hizo agarrado de la mano de Diego Valderas, exlíder andaluz de IU, siendo un casi desconocido para la militancia y un desconocido absoluto para la prensa, pero soltó lastre con el aparato que lo puso al frente de la federación más importante de IU en España y perdió todo contacto con la vieja guardia que gestionó mal la llegada de Podemos y que, en lugar de sumarse a los vientos de cambio que llegaron en 2014 de la mano de la formación morada, defendieron con uñas y dientes la identidad de una izquierda purista, orgullosa de haberse conocido pero incapaz de tejer alianzas con la nueva sociedad que parió el 15M.

Este profesor de Latín, de quien sus adversarios en el interior de IU dicen que no sabe escuchar,  que está encantado de haberse conocido, que ha entregado la coalición de izquierdas a Podemos y que ha ejercido de delegado de Alberto Garzón en Andalucía, es una de las piezas fundamentales de las confluencias de Unidas Podemos y Adelante Andalucía.

De trato afable, cariñoso, divertido en la cercanía, culto sin ser pedante, coqueto, seductor, esteta, exquisitamente elegante en el trato y también desairado cuando se enfada, puede que sea uno de los pocos diputados del Parlamento andaluz, si no el único, que haya leído a Pío Baroja, a Aristóteles o Platón, a los que ha citado o parafraseado desde su escaño, ante la mirada atónita de un hemiciclo muchas veces convertido en un plató de Sálvame Deluxe y que está muy lejos del acervo cultural de este antiguo delegado de alumnos de la Universidad de Sevilla que no fue al entierro de la Pasionaria porque tenía que prepararse las oposiciones que le han hecho funcionar con toda la libertad de quien no necesita la política para vivir de ella.

Luces y sombras

Su gestión al frente de la federación andaluza de IU tiene luces y sombras. Una de sus luces, sin duda, es haber podido construir la confluencia Adelante Andalucía y las sombras están en Córdoba, provincia que en su día fue un gran bastión de aperturismo y que hoy está secuestrada por una dirección provincial que ha hecho que la confluencia con Podemos haya sido imposible en ninguno de los municipios de la provincia y que de la todopoderosa IU, que sacaba mayorías absolutas en la capital cordobesa, lo que haya quedado después del naufragio sean tres concejales.

“En IU hay casta y está en Córdoba”, esta frase, atribuida a Antonio Maíllo, resume la relación del ya excoordinador de IU con la dirección provincial que más difícil se lo ha puesto en su gestión. Otra de sus luces es haber situado en puestos de relevancia dentro de la coalición a la cantera del Partido Comunista de Andalucía, a la que ha convertido en cuadros suficientemente preparados para asumir el relevo.

Central y determinante en su relación con Diego Valderas fue su papel durante la crisis del cogobierno andaluz, en abril de 2014, en la que Susana Díaz le quitó a IU las competencias en Vivienda después de que la coalición de izquierdas, en cumplimiento de una resolución judicial, realojara a las 130 familias desahuciadas de la Corrala Utopía. La fotografía en la que se le entregan las llaves de sus viviendas a las familias afectadas sea, quizás, de la que más orgulloso se sienta este hombre que se va con el honor y la gesta de haber sido el primer líder político andaluz en decir abiertamente que es homosexual.

En lo personal, el cáncer de estómago que le diagnosticaron en 2016 le hizo repensar la vida y también la velocidad insana de la actividad política. Una vez cosida la confluencia de Adelante Andalucía, renovadas las estructuras y cuadros de IU, que cuando él llegó era una colección museística, y pasado el ciclo electoral, se vuelve a su instituto a dar clases de Latín a los jóvenes de Aracena (Huelva) y ser, como lo era antes, un simple militante que no necesita eternizase en un escaño ni para pagar los recibos ni para satisfacer su ego.

Melón por la sucesión en IU

El adiós de Antonio Maíllo abre el melón sucesorio dentro de Izquierda Unida en Andalucía. Nadie asegura que la opción que gane sea precisamente favorable a la confluencia con Podemos y siga cuidando a Adelante Andalucía como la casa común del andalucismo progresista y las izquierdas, incertidumbre que se une a la más que probable dimisión de Teresa Rodríguez como líder de Podemos Andalucía cuando finalice esta legislatura, si no es antes.

El permiso de maternidad de Teresa Rodríguez, con quien Maíllo tiene una magnífica relación personal y complicidad política, también ha dejado un poco solo a este hombre dialogante dentro de un grupo parlamentario como el de Adelante Andalucía, difícil de gestionar por pertenecer a dos partidos políticos y donde las tensiones son habituales, aunque soterradas, y del que, por unas cuestiones u otras, han dimitido ya tres diputados elegidos en las elecciones autonómicas de 2018: Carmen Lizárraga, David Moscoso y, ahora, Antonio Maíllo.

La dirección provincial de Córdoba no tardará en afilar cuchillos y en armar, junto con el sector duro de Sevilla, una candidatura identitaria para disputar el poder interno que sitúe a Izquierda Unida en el espacio político del que Antonio Maíllo ha sacado a la coalición, con mucha mano izquierda y haciendo encaje de bolillos para situar a este espacio político fuera del folclore identitario al que algunos quieren regresar con el alcalde de Zamora como referente.

Sea como fuere, Antonio Maíllo ha dejado huella en la política andaluza, la ha hecho más elegante, más culta y se marcha con la paternidad de una criatura política, Adelante Andalucía, que está por ver si madura y crece o es una anécdota circunscrita a un tiempo político concreto y a un liderazgo que llegó gracias a los guardianes de las esencias, que pacificó una convulsa federación y que se marcha sin tener relación con la vieja escuela que lo aupó creyendo que sería un alumno obediente.

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Un comentario

  1. El artículo de Raúl Solis, me gustó en su totalidad porque hace referencia a cuestiones internas de I.U. y además se moja, quiero decir, que no escribe como otros que tiran la piedra y esconden la mano y no quiero señalar a nadie en concreto porque son muchos los que abordan el problema de la unidad en la izquierda andaluza pero sin explicarla a la militancia “menos estudiada”. El autor del mencionado artículo, abre muchas mentes y aclara muchas cosas, sobre todo, a los viejos militantes que empezamos a militar en el PCE, más con el corazón que con el razonamiento y que luego cuando nuestro “partido” aceptó y firmó la falsedad de la llamada Transición democrática, muchos/as nos desilusionamos (aunque esa es otra historia). Totalmente de acuerdo con la calidad humana y preparación política de Antonio Maíllo. Es una pena que no abunden en nuestras filas personas como Antonio Maíllo y para terminar decir que siempre voté al PCE y luego a I.U. pero después del 15 M. he votado a Podemos, aunque siento una inmensa alegría que Pablo Iglesias y Alberto Garzón, se hayan entendido a la perfección, quiero ser optimista y pensar que esta unidad no se rompa por problemas de personalismos y egos. Me despido con la ilusión de ver la bandera de la III República ondeando en los edificios públicos, antes de irme “pal otro barrio”. Salud.

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