OpiniónEdición Cádiz

El tiempo de los intentos

“Aprender implica equivocarse, corregirse, matizarse, orientarse. Caminar conlleva poner un pie delante del otro”.

Debes amar el tiempo de los intentos

Debes amar la hora que nunca brilla

Y si no, no pretendas tocar los yertos

Sólo el amor engendra la maravilla

Sólo el amor consigue encender lo muerto.

(Solo el amor, Silvio Rodríguez, del álbum Causas y azares, 1986)

El otro día me decía un señor en la consulta:

– Con lo que a mí me gustaba pescar… y ya apenas ni voy.
– ¿Y por qué no vas?
– Po te voy a decir la verdad. Porque no soporto la idea de venirme de vacío.

En otra ocasión, un chico me dijo:

– No hay nada que hacer, ella nunca se fijará en mí, y sigue detrás de ese estúpido niñato…
– ¿Pero tú le has dicho algo? ¿Te has acercado a ella?
– ¡Claroooo! Una vez nada más porque me da mucho corte, ella me sonrió y siguió palante.
– ¿Y por qué no sigues intentándolo?
– Pero… ¿para qué? Con todo el apuro que me da, y encima me dirá que no, sé que me dirá que no… esa niña no está pa mí.

Una señora, bastante obesa, se justificaba:

– ¿Y para qué voy a hacer dieta, si luego lo recupero tó enseguida? Estoy jarta de dietas, de filetito de pollo a la plancha y de verdurita.

– Pero me acabas de decir que sueñas con estar más delgada, que los médicos te lo recomiendan…

– Claro, pero eso es imposible, yo sé que no puedo. Mira, yo estoy acostumbrá a mis dulcecito de la tarde, yo solo me tomo dos con el café, una milhoja y un borracho. Pero no te vaya a creer que me lo tomo cuando hago dieta, ¡que yo cuando me pongo en serio, me pongo! Pero ahora que no estoy a dieta, cualquiera me quita a mí eso, vamo. Yo no, yo no puedo estar delgá como esas que salen en la tele, ¡qué va! Ya hace mucho tiempo que eso lo sé.

Un joven desempleado, perteneciente a una familia muy necesitada, respondía así ante mi propuesta para que se presentara en una conocida cadena de alimentación en la que se pedía personal:

– ¿Y pa qué voy a ir, Fran? ¡Si eso está dao! Te lo digo yo, que la novia del primo de mi vecino a esa la enchufó su cuñao, que trabajaba allí. Y allí to el que entra es igual, y eso lo sé yo bien…

– ¿Qué más casos conoces de enchufes allí? ¿Podrías darme más nombres?

– Mmmm… yo que sé… ahora no caigo en nadie concreto… Pero vamo, que eso está to dao, te lo digo yo. Y entonces digo, ¿pa qué voy a ir? Porque pa perder el tiempo siempre hay tiempo, Fran. Yo paso.

¡Qué difícil obtener resultados positivos! ¡Pero más aún si se pretende obtenerlos a la primera! Por los ejemplos anteriores, podríamos decir que intentar las cosas no es de guapos. Parece poco virtuoso eso de andarse con incertidumbres, con no saber el resultado antes de jugar la partida, y lo de esforzarse y superarse es considerado una verdadera pérdida de tiempo para muchas personas, entre ellas muchos jóvenes.

Dicen algunos que los triunfos te relajan, te confían. Que funcionan como eficaz narcótico y adormecen a quienes los disfrutan. Los mismos suelen ser los que dicen que los fracasos te hacen fuerte, te van curtiendo, te hacen crecer.

Siguiendo esa filosofía, llevada a pies juntillas, parece darse a entender que fracasar fuera lo deseable y triunfar lo indeseable. Pero la evidencia y la lógica dicen justamente lo contrario, esto es, que deseamos que las cosas nos salgan bien y no queremos que nos salgan mal… La cuestión es saber qué grado de incertidumbre, tiempo de espera o esfuerzo estamos dispuestos a asumir para resolver la duda sobre el resultado de nuestras acciones.

Y es aquí donde el tiempo de los intentos queda reducido a la mínima expresión. Es tal el rechazo que produce el intentar cosas, que las personas prefieren certificar el fracaso por adelantado, tal como hemos visto en los casos anteriores, eligiendo incluso el camino de provocarlo, para así garantizarse al menos un resultado final. Es decir, mejor asegurar el fracaso, que arriesgarse al intento.

Esta visión resultadista de las acciones humanas supone un serio riesgo para el desarrollo integral de las personas, del que todos sabemos que avanza a golpe de aprendizaje y camino, y no a golpe de resultado, positivo o negativo.

Aprender implica equivocarse, corregirse, matizarse, orientarse. Caminar conlleva poner un pie delante del otro, y así sucesivamente, muchas veces… hasta llegar al lugar donde pretendías llegar volando. Es necesario disfrutar del paisaje, oír el viento, oler la hierba, tropezar con la piedra a la que también debes amar, pararse, refrescarse, frustrarse, cansarse… Todo es camino, todo es vida.

Solo está realmente vivo aquel que sabe disfrutar del tiempo de los intentos. Amar los intentos es amar la vida en su esencia más pura, impredecible, sorprendente, interesante. ¿No es maravilloso sentirse protagonista de una historia que solo se escribirá mediante nuestras decisiones (acertadas o no), acciones y esfuerzos?

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