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El sushi marida con el helado artesano en Tornería

A Fragole Infinite, un negocio de dulces y helados con nueve años de vida en la céntrica vía, se une ahora Cosita Japonesa, alta cocina oriental elaborada al instante.

A Fragole Infinite, un negocio de dulces y helados con nueve años de vida en la céntrica vía, se une ahora Cosita Japonesa, alta cocina oriental elaborada al instante.

La música italiana se entremezcla con el aroma a tarta de queso y zanahoria. Un mostrador cargado de sabores helados sale hacia el exterior para llamar la atención de los peatones que pasean por Tornería. Un pequeño negocio llama la atención en esta calle peatonal por la que pasan miles de jerezanos día a día. Fragole Infinite es la heladería Inaugurada en la ciudad hace nueve años por Paolo Mancini y su socia, un local que ha conquistado el paladar de los jerezanos al elaborar helados, tartas o batidos de manera artesanal.

Desde hace unos meses este establecimiento cuenta, además, con el talento en la cocina de Koichi Onozawa, un joven japonés que vino a España para aprender a tocar la guitarra y que ha sabido salir hacia adelante trabajando tanto en labores de electricista como en la cocina. “Vine a Sevilla en 1999 y posteriormente acabé en Jerez. Volví a Japón pero por temas familiares y luego ya me quedé aquí. En Japón estudié ingeniería mientras trabajaba en restaurantes para aprender la cocina. Después de ganar dinero vine aquí para aprender a tocar la guitarra con los maestros Carbonero o Joselito Gálvez, entre otros”.

Fragole Infinite y Cosita Japonesa comparten no solo un local sino la pasión y el amor por una cocina que no necesita de elementos estrambóticos para sorprender al cliente, únicamente la buena atención y el cariño en la elaboración artesanal de sus productos.

Paolo Mancini nació en Turín y es un gran aficionado a la Juventus. Lleva 16 años residiendo en España donde se ha dedicado principalmente a la hostelería. “Cuando llegué a Jerez pensé en montar una heladería nada más pero me di cuenta de que para sobrevivir en esta ciudad necesitas algo más que helado. Busqué otros productos como tartas artesanas y han dado su fruto. Aquí no hay una cultura artesanal de los dulces como puede haber en Italia o Alemania, hay que ganarse a los clientes con mucha paciencia”.

Helado de yogur o los más tradicionales de siempre, tartas elaboradas de manera artesana con el toque exquisito de la repostería Italiana… Un trabajo laborioso que Paolo comienza desde primera hora de la mañana. “Para elaborar cada producto seguimos un proceso en el que vamos paso a paso. Un helado por ejemplo tiene que pasteurizarse y posteriormente homogeneizarse la mezcla. Para que haya buen sabor el helado debe madurar”.

El local cuenta a diario con la clientela habitual aunque la crisis ha hecho que muchas de estas personas hayan tenido que irse a buscar un futuro mejor. “La gente joven que venía aquí ha tenido que marcharse. Hay muchas personas que siempre vienen a tomar un café y charlar. Imagino que están contentos con lo que hacemos aquí porque siguen viniendo. El boca a boca ayuda mucho a conseguir nueva clientela”.

“Aquí la costumbre no es como la de cualquier bar que pone un café. Cualquier cliente que entra por la puerta se sienta en una mesa y charla con sus amigos. Aquí pueden estar tranquilos mientras degustan la tarta o un café. He ido cambiando los sabores de algunos helados con el tiempo pero me resisto a usar demasiados productos que lleven colorantes. Me gusta el sabor tradicional”. En este mismo sentido, Paolo cuenta la anécdota con uno de los helados que más éxito tiene. “Un día probando a hacer el helado de yogur cambié el orden de los ingredientes y al final al inventármelo por error salió un sabor diferente con la manzana, la miel y las nueces. Está delicioso”.

Koichi es el nuevo vecino que acude por las noches a elaborar sus platos japoneses al local. Meticuloso y muy organizado, este joven nipón añade todo su esmero y dedicación en sorprender el paladar del cliente. “En Cosita Japonesa ofrezco la comida tradicional de mi país. No es un restaurante, es un bar en el que se ofrecen pequeñas cositas con el sabor más familiar de mí país”.

Tofushumai o las típicas gyozas, el japonés de a pie está acostumbrado a adquirir algún producto en la calle para comerlo antes de empezar de nuevo la jornada laboral. Esta faceta es una de las que tiene en cuenta Koichi. “Aquí preparo las cosas al instante. Cada plato requiere una elaboración, no se dejan hechas varios días y se sirven. El negocio es necesario para sobrevivir pero yo principalmente miro que mis platos tengan calidad artesanal. Tanto Paolo con sus helados como yo con mis platos tenemos un compromiso con la calidad innegociable”.

El sushi ha adquirido en los últimos años una gran importancia en la ciudad debido a los establecimientos que se han ido abriendo en pequeños lugares o en las grandes superficies. “Yo soy japonés y me doy cuenta del sabor de las cosas. No quiero criticar a ningún negocio pero por ejemplo el sushi se tiene que preparar con cariño porque si lo dejas una hora en un buffé por ejemplo se seca el arroz. Las bolitas de arroz hay que prepararlas con su punto exacto de vinagre, sal y azúcar. Algunas veces he probado el de otros lugares y echan demasiado azúcar, yo les explico pero no me escuchan”.

Con respecto al futuro del joven Koichi no hay nada escrito, él prefiere centrarse en el momento y seguir disfrutando de la labor que realiza ahora mismo. “Puede que en un futuro me independice de este negocio pero ahora aprovecho este espacio. Me gusta el ambiente de esta ciudad y los clientes cuando terminan de comer me dicen que está todo muy bueno”.

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