El trote de la culebra

El siniestro Pozo de la Víbora en Jerez

El Pozo de la Víbora ha sido lugar predilecto por los suicidas jerezanos, escogido a propósito por su profundidad y aguas heladas, de las que se decían que los cuerpos iban rápidamente al fondo

Extraños ruidos y voces despertaron a José, a altas horas de la noche. Salió de su casa a ver qué pasaba, acercándose se quedó a una distancia prudente, para su disgusto y sorpresa pudo presenciar con horror como tres hombres eran asesinados miserablemente. Sucedió la triste noche del 10 de agosto de 1936, cuando Francisco Retamero Rodríguez, funcionario de los juzgados de Jerez, afiliado al PSOE y a la UGT, junto a Francisco Guerra Tenorio, que tenía un periódico llamado Ráfaga, y a Torongonguito, conocido cabecilla anarquista de La Barca, fueron las primeras personas fusiladas, en el Pozo de la Víbora, por los sublevados contra el gobierno democrático. José Pérez, angustiado regresó deprisa a su casa, nervioso y salido de sí mismo, rogó a su mujer e hijas que guardaran silencio.

A la mañana posterior, estuvieron mucho tiempo los cadáveres abandonados, expuestos al sol. Una de las hijas de José, recordaba años más tarde, que uno de los vilmente fusilados tenía el tiro de gracia dado en un ojo. Inmemoriales son las referencias a este pozo situado al exterior de la Puerta de Rota en la vieja muralla, lugar conocido como Picadueña Baja. Tan antigua son las noticias que ya a mediados del siglo XV en las actas capitulares se cita un pozo llamado así, situado en esta zona. Dicho pozo, actualmente cegado por estar en el área de un colegio, dio popularmente su nombre a todo el sector de su entorno. Una extraña denominación que de siempre ha dado lugar a toda clase de leyendas, historias, crímenes y suicidios.

El Pozo de la Víbora ha sido lugar predilecto por los suicidas jerezanos, escogido a propósito por su profundidad y aguas heladas, de las que se decían que los cuerpos iban rápidamente al fondo. El pozo tiene, a pocos pasos, una higuera para que no salga el diablo (suele verse una figura inquietante) y guarda también un tesoro oculto con maldición. De las múltiples historias del Pozo de la Víbora, se cuenta que una viuda tenía tres hijos, dos niñas y un niño de 4, 2 y 6 meses de edad, se enamoró de un hombre soltero. Éste también se enamoró de ella, pero no le gustaba la idea de tener que hacerse cargo de los niños. Un día la mujer le preguntó:
-¿Te gustaría casarte conmigo?
El hombre le dijo:
-Me casaría contigo, pero no lo haré porque no quiero ocuparme de tus hijos.
La mujer le prometió que se iba a deshacer de sus hijos para que así pudieran casarse y ser felices, el hombre le dijo que cuando lo hiciera se casaría con ella.
La mujer, una noche, llevó a sus hijos hacia el Pozo de la Víbora, y atándoles a cada hijo en la pierna una plancha de las antiguas, que eran muy pesadas, los tiró al pozo.
Al día siguiente, su novio, del que se dice era un guardia civil, fue como de costumbre a visitarla y le preguntó:
-¿Dónde están tus hijos?
Ella le respondió:
-Ya me he desecho de ellos, ya no tengo carga y así nos podemos casar.
-Pero ¿dónde los has dejado?
La mujer le dijo:
-No tenía a nadie con quien dejarlos y para que no tuvieras carga los he tirado al pozo por la noche y se han ahogado.

Jerez, tristemente, tiene múltiples rincones que fueron escenario de injusticia y crimen, lugares para la Memoria. Nos referimos a los muros del Alcázar, de la Alameda Vieja, de La Barca de la Florida, de las tapias del desaparecido cementerio de Santo Domingo, de La Rosaleda, de las explanadas próximas a la Plaza de Toros, de la Huerta de Terry, junto a la barriada España, del Rancho del Pescadero, en la salida hacia El Puerto de Santa María. Emplazamientos como los alrededores de la Laguna de Medina, la Sierra de San Cristóbal, la carretera de La Barca. Hablamos también de Garcisobaco y de Vicos, donde se retuvo en campos de trabajo a muchas criaturas.

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