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El sevillano que ‘exportó’ las ferias andaluzas al corazón de Europa

Federico Gallo, residente en Bruselas desde hace medio siglo, presidió la asociación que organizaba la Euroferia, un evento celebrado a los pies del Atomium y al que acudían más de 300.000 personas.

Federico Gallo, residente en Bruselas desde hace medio siglo, presidió la asociación que organizaba la Euroferia, un evento celebrado a los pies del Atomium y al que acudían más de 300.000 personas.

Hubo un tiempo en el que el Atomium, el que fuera pabellón principal de la Exposición Universal de Bruselas de 1958, convertido en símbolo de la ciudad, era andaluz. Al menos por unos días. Al menos los que duraba la Euroferia, un evento que se celebraba a los pies de este impresionante monumento y que exportó el folclore y las costumbres andaluzas al corazón de la capital de Europa. Manuel Ramírez, presidente de la asociación Peña, Arte y Cultura de Andalucía (PACA) fue el impulsor de un evento que vio la luz en 1992, en el parque Elisabeth, al pie del la Basílica de Koekelberg. Dos años después es cuando Federico Gallo toma las riendas y, desde entonces hasta 2011 se celebró de forma ininterrumpida —a excepción de 1995— junto al Atomium. Los visitantes no paraban de crecer, año tras año, en un evento en el que se bailaban sevillanas, se comía pescaíto frito y se bebía vino… a más de 2.000 kilómetros de la ciudad natal de Federico. Este empresario sevillano, aunque residente en Bruselas durante buena parte de su vida, empezó vendiendo pescado para una empresa y luego comenzó a dedicarse a la organización de eventos, aunque asegura que no sabe a ciencia cierta cual es su oficio. “¿Mi profesión? La ignoro”, afirma entre risas.

“La Euroferia fue el mayor evento de Bruselas”, dice orgulloso. Las últimas ediciones congregaron a más de 300.000 visitantes, pero el evento murió de éxito. “Un día tuvimos que reunirnos y tomar la decisión de continuar o no. Veíamos que si seguíamos iba a terminar mal. ¿Los motivos? Nunca nada es simple, hay varias razones”, expone Gallo, quien dice que “la feria es su gente”, y que, en Bruselas, “hay muchos moros, la mayoría gente tranquila, pero después están los extremistas, y el pueblo belga es xenófobo, por lo que empezó a retirarse de la feria”. Federico Gallo es claro cuando afirma: “Sentimos que el peligro nos estaba acechando”. El tiempo, agrega, les dio la razón. Pocos años después de dejar de celebrarse la Euroferia, Bruselas fue víctima de un atentado perpetrado por ISIS que acabó con la vida de 35 personas. “Hubiéramos sido el blanco perfecto”, sostiene el empresario sevillano, que prefiere no pensar en eso.

Pero durante las dos décadas de existencia, el evento fue ganando adeptos e importancia en una ciudad que es la capital de Europa, y que alberga un amplio abanico de culturas y nacionalidades. “Nuestra feria no se limita a la ortodoxia andaluza ni española, aunque esta constituye el elemento primordial y esencial. Lo es también que está totalmente abierta a las realidades de Bruselas, y con ello, abierta a su población cosmopolita y a la participación de otras nacionalidades europeas”, recoge la organización en una descripción que hace de la Euroferia, que tuvo una edición dedicada a la provincia de Cádiz.

“No queríamos copiar la Feria de Jerez, ni la de Sevilla, venir importando folclore no tenía sentido, Bruselas tiene su gente”, explica Federico. Aunque su gente adquirió algunas costumbres andaluzas, hasta el punto de que, a raíz de la Euroferia, se empezaron a vender churros en la capital belga, donde también se pueden encontrar vinos españoles, paellas o turrones. “La decoración y la organización del recinto ferial, así como de las casetas, hacen honor a las tradicionales ferias de Andalucía: decorados con farolillos, magníficos espectáculos y desfiles de caballos de pura raza española, muchachas y muchachos vestidos al más puro estilo andaluz, bailes típicos, flamenco y un sinfín de elementos que ofrecen un espectáculo de luces y colores característico de estas fiestas”, rememora la web del evento, que sigue activa.

Federico ahora, a sus 71 años, disfruta de un merecido descanso y, aunque sigue residiendo en Bruselas, visita España cada vez que puede, sobre todo Tarifa, una de sus perdiciones, ya que practica windsurf. “Uno viene por el viento, esto es la meca, empecé a venir hace 30 años y acabé comprándome una casa. Tarifa es especial”.

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